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	<title>El Papa online</title>
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	<description>Textos de Benedicto XVI y comentarios a los textos</description>
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		<title>El Papa anima al estímulo mutuo en la caridad y las obras buenas  Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 11:05:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Mensajes]]></category>

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		<description><![CDATA[CIUDAD DEL VATICANO, martes 7 febrero 2012 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el texto del Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012, sobre el tema «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras». ***** «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">CIUDAD DEL VATICANO, martes 7 febrero 2012 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el texto del Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012, sobre el tema «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras».</p>
<p style="text-align: justify;">*****</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras»</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>(Hb 10, 24)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas</p>
<p style="text-align: justify;">La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.<span id="more-6609"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza valiosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">1. &#8220;Fijémonos&#8221;: la responsabilidad para con el hermano.</p>
<p style="text-align: justify;">El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse ajenos, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. Enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).</p>
<p style="text-align: justify;">La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico Epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf.Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.</p>
<p style="text-align: justify;">El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">2. &#8220;Los unos en los otros&#8221;: el don de la reciprocidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.</p>
<p style="text-align: justify;">Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">3. &#8220;Para estímulo de la caridad y las buenas obras&#8221;: caminar juntos en la santidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.</p>
<p style="text-align: justify;">Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).</p>
<p style="text-align: justify;">Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.</p>
<p style="text-align: justify;">Vaticano, 3 de noviembre de 2011</p>
<p style="text-align: justify;">© Librería Editorial Vaticana</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Discurso al terminar un concierto en honor de Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Aug 2011 17:39:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>caral</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[Señores cardenales Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio Queridos amigos, Esta tarde nos hemos sumergido en la música sacra, esa música que, de modo totalmente particular, nace de la fe y es capaz de expresar y comunicar la fe. Gracias también a los espléndidos ejecutores: a las dos sopranos, al barítono, al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Señores cardenales</p>
<p style="text-align: justify;">Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio</p>
<p style="text-align: justify;">Queridos amigos,</p>
<p style="text-align: justify;">Esta tarde nos hemos sumergido en la música sacra, esa música que, de modo totalmente particular, nace de la fe y es capaz de expresar y comunicar la fe. Gracias también a los espléndidos ejecutores: a las dos sopranos, al barítono, al maestro Baiocchi, al <em>Rossini Chamber Choir</em> de Pesaro y a la Orquesta Filarmónica de las Marcas, como también a los organizadores y a las Autoridades que han hecho posible este acontecimiento. En medio de las actividades cotidianas, nos habéis ofrecido un momento de meditación y de oración, haciéndonos intuir las armonías del Cielo. Un gracias afectuoso y especial al autor de las piezas que hemos escuchado, al maestro cardenal Domenico Bartolucci. Gracias, eminencia, por haberme regalado este concierto y por haber compuesto, para la ocasión, la pieza <em>Benedictus</em> dedicada a mí como oración y agradecimiento al Señor por mi Ministerio.</p>
<p style="text-align: justify;">El maestro cardenal Bartolucci no necesita presentación. Quisiera sólo aludir a tres aspectos de su vida que le caracterizan de modo evidente – además de su orgulloso espíritu florentino – que son: la fe, el sacerdocio y la música.</p>
<p style="text-align: justify;">Querido cardenal Bartolucci, la fe es la luz que ha orientado y guiado siempre su vida, que ha abierto su corazón para responder con generosidad a la llamada del Señor; y es de ella de donde brota también su forma de componer. Es verdad que usted ha tenido una sólida formación musical recibida en el Duomo florentino, en el Conservatorio de Florencia y en el Pontificio Instituto de Música Sacra, con grandes maestros como Vito Frazzi, Raffaele Casimiri, Ildebrando Pizzetti. Pero la música es para usted un lenguaje privilegiado para comunicar la fe de la Iglesia y para ayudar en el camino de fe de quien escucha sus obras; también a través de la música, usted ha ejercido su ministerio sacerdotal. Su forma de componer se inserta en la estela de los grandes autores de música sacra, en particular de la Capilla Sixtina, de la que fue director durante muchos años: la valoración del precioso tesoro que es el canto gregoriano y el uso sabio de la polifonía, fiel a la tradición, pero abierto también a nuevas sonoridades.</p>
<p style="text-align: justify;">Querido maestro, esta noche, con su música, nos ha hecho volver el alma a María con la oración más querida a la tradición cristiana, pero nos ha hecho también volver al inicio de nuestro camino de fe, a la liturgia del Bautismo, al momento en el que nos convertimos en cristianos: una invitación a saciarnos siempre de la única agua que extingue la sed, el Dios vivo, y a comprometernos cada día a rechazar el mal y a renovar nuestra fe, reafirmando ¡“Credo”!</p>
<p style="text-align: justify;">“Christus circumdedit me”, Cristo me ha envuelto y me envuelve: este lema resume su vida, su ministerio y su úsica, querido señor cardenal. Renuevo por tanto mi agradecimiento a usted, a las dos sopranos, al barítono, al director y a los conjuntos corales y orquestales, y de buen grado imparto mi Bendición Apostólica. Gracias.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Audiencia general. Arte y oración</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Aug 2011 17:36:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>caral</dc:creator>
				<category><![CDATA[Audiencias]]></category>
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		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas, En este periodo he recordado muchas veces la necesidad de todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, a través de la oración, en medio de las muchas ocupaciones de nuestra jornada. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de Él. Hoy quisiera detenerme brevemente en uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas,</p>
<p style="text-align: justify;">En este periodo he recordado muchas veces la necesidad de todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, a través de la oración, en medio de las muchas ocupaciones de nuestra jornada. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de Él. Hoy quisiera detenerme brevemente en uno de estos medios que nos pueden conducir a Dios y ser, también, una ayuda para encontrarnos con Él: es la vía de las expresiones artísticas, parte de esta “via pulchritudinis” -“vía de la belleza”- de la que he hablado tantas veces y que el hombre debería recuperar en su significado más profundo. Quizás os ha sucedido que ante una escultura, un cuadro, o algunos versos de poesía o una pieza musical, sentís una íntima emoción, una sensación de alegría, percibís claramente que frente a vosotros no hay solamente materia, un trozo de mármol o de bronce, un lienzo pintado, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que nos “habla”, capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el ánimo. Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se interroga ante la realidad visible, que intenta descubrir el sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de lo infinito. Incluso es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Y una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, empujándonos hacia lo alto.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay expresiones artísticas que son verdaderos caminos hacia Dios, la Belleza suprema, que incluso son una ayuda para crecer en la relación con Él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que la expresan. Un ejemplo lo tenemos cuando visitamos una catedral gótica: nos sentimos cautivados por las líneas verticales que se elevan hasta el cielo y que atraen nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras que, a la vez, nos sentimos pequeños o también deseosos de plenitud&#8230; O cuando entramos en una iglesia románica: nos sentimos invitados de un modo espontáneo al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios se recoge la fe de generaciones. O bien, cuando escuchamos una pieza de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro ánimo se dilata y se siente impelido a dirigirse a Dios. Me viene a la memoria un concierto de música de Johann Sebastian Bach, en Munich, dirigido por Leonard Bernstein. Al final de la última pieza, una de las Cantatas, sentí, no razonando, sino en lo profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor que me empujaba a dar gracias a Dios. A mi lado estaba el obispo luterano de Munich y espontáneamente le dije: “Oyendo esto se entiende: es verdadera, es verdadera la fe tan fuerte y la belleza que expresa irresistiblemente la presencia de la verdad de Dios”. Cuántas veces cuadros o frescos, frutos de la fe del artista, con sus formas, con sus colores, con sus luces, nos empujan a dirigir el pensamiento hacia Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de acudir a la fuente de toda belleza. Resulta profundamente cierto lo que escribió un gran artista, Marc Chagall, que los pintores han sumergido, durante siglos, sus pinceles en el alfabeto de colores que es la Biblia. ¡Cuántas veces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para acordarnos de Dios, para ayudar a nuestra oración o para convertir nuestro corazón! Paul Claudel, famoso poeta, dramaturgo y diplomático francés, al escuchar el canto del Magnificat durante la Misa de Navidad en la basílica de Notre Dame, París, en 1886, advirtió la presencia de Dios. No había entrado en la iglesia por motivos de fe, sino para encontrar argumentos contra los cristianos. Sin embargo la gracia de Dios actuó en su corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. Las ciudades y los países de todo el mundo contienen tesoros de arte que expresan la fe y nos recuerdan la relación con Dios. Que la visita a lugares de arte no sea sólo ocasión de enriquecimiento cultural, sino que se pueda convertir en un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestro vínculo y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar -en la transición de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que expresa- el rayo de belleza que nos golpea, que casi nos “hiere” y que nos invita a elevarnos hacia Dios. Termino con una oración de un Salmo, el Salmo 27: “Una sola cosa he pedido al Señor,y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo” (v.4).Esperemos que el Señor nos ayude a contemplar su belleza, ya sea en la naturaleza o en las obras de arte, para ser tocados por la luz de su rostro y así poder ser nosotros luz para nuestro prójimo. Gracias.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>En español dijo:</em></p>
<p style="text-align: justify;">Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los universitarios de la Arquidiócesis de Rosario, a los grupos venidos de Santiago de Chile, así como a los demás fieles provenientes de España, Guatemala, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a llegar a Dios, Belleza suma, a través de la contemplación de las obras de arte. Que éstas no sólo sirvan para incrementar la cultura, sino también para promover el diálogo con el Creador de todo bien. Que el Señor os acompañe siempre.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Discurso a sus ex-alumnos en la clausura de un seminario estival</title>
		<link>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/28/discurso-a-sus-ex-alumnos-antes-de-la-eucaristia-de-clausura-de-un-seminario-estival/</link>
		<comments>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/28/discurso-a-sus-ex-alumnos-antes-de-la-eucaristia-de-clausura-de-un-seminario-estival/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 17:44:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>caral</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas, Hoy respondemos a la primera lectura, tomada del profeta Jeremías, con el Salmo 62: “mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua”. En este tiempo de ausencia de Dios, cuando la tierra de las almas es árida y la gente no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><br />
</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas,</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy respondemos a la primera lectura, tomada del profeta Jeremías, con el Salmo 62: “mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua”. En este tiempo de ausencia de Dios, cuando la tierra de las almas es árida y la gente no sabe de donde viene el agua viva, pedimos al Señor que se muestre. Queremos pedirle que a aquellos que buscan por todas partes el agua viva, les muestre que es Él mismo esta agua, y que Él no permite que la vida de los hombres, su sed por lo que es grande, por la plenitud, se ahogue y se sofoque en lo transitorio.</p>
<p style="text-align: justify;">Queremos pedirle sobre todo por los jóvenes, que la sed de Él viva en ellos y que puedan reconocer donde se encuentra la respuesta.  Y nosotros, que lo hemos podido conocer desde la juventud, podemos pedir perdón, porque no somos capaces de llevar la luz de su rostro a los hombres, muy pobremente dejamos traslucir que “Él es, Él está presente y que Él es la realidad grande y plena que todos esperamos”. Pidámosle su perdón, que nos renueve con el agua viva de su Espíritu y que nos permita celebrar los sagrados Misterios dignamente.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Audiencia General. La JMJ de Madrid 2011</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Aug 2011 08:58:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>caral</dc:creator>
				<category><![CDATA[Audiencias]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas, Hoy quisiera volver a recorrer brevemente con el pensamiento y con el corazón los extraordinarios días transcurridos en Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Fue, y lo sabéis, un acontecimiento eclesial emocionante; casi dos millones de jóvenes de todos los Continentes vivieron, con alegría, una formidable experiencia de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridos hermanos y hermanas,</p>
<p>Hoy quisiera volver a recorrer brevemente con el pensamiento y con el corazón los extraordinarios días transcurridos en Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Fue, y lo sabéis, un acontecimiento eclesial emocionante; casi dos millones de jóvenes de todos los Continentes vivieron, con alegría, una formidable experiencia de fraternidad, de encuentro con el Señor, de compartir y de crecimiento en la fe: una verdadera cascada de luz. Doy gracias a Dios por este don precioso, que da esperanza para el futuro de la Iglesia: jóvenes con el deseo firme y sincero de arraigar sus vidas en Cristo, permanecer firmes en la fe, caminar juntos en la Iglesia. Un gracias a cuantos han trabajado generosamente por esta esta Jornada: el cardenal arzobispo de Madrid, sus Auxiliares, los demás Obispos de España y de otras partes del mundo, el Consejo Pontificio para los Laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos. Renuevo mi reconocimiento a las autoridades españolas, a las instituciones y asociaciones, a los voluntarios y a cuantos han ofrecido el apoyo de la oración. No puedo olvidar la calurosa acogida de sus Majestades los Reyes de España, como también de todo el país.</p>
<p>Naturalmente, en pocas palabras no puedo describir los momentos tan intensos que hemos vivido. Tengo en la mente el entusiasmo incontenible con el que los jóvenes me recibieron, el primer día, en la Plaza de Cibeles, sus palabras ricas de esperanzas, su fuerte deseo de orientarse a la verdad más profunda y de arraigarse en ella, esa verdad que Dios nos ha dado conocer en Cristo. En el imponente Monasterio de El Escorial, rico de historia, de espiritualidad y de cultura, encontré a las jóvenes religiosas y a los jóvenes profesores universitarios. A las primeras, a las jóvenes religiosas, les recordé la belleza de su vocación vivida con fidelidad, y la importancia de su servicio apostólico y de su testimonio profético. Y queda en mí la impresión de su entusiasmo, de un fe joven, y llena de valor para el futuro, de voluntad de servir así a la humanidad. A los profesores les recordé que sean verdaderos formadores de las nuevas generaciones, guiándoles en la búsqueda de la verdad no sólo con las palabras sino también con la vida, conscientes de que la Verdad es Cristo mismo. Encontrando a Cristo encontramos la verdad. Por la noche, en la celebración del Vía Crucis, una multitud variada de jóvenes revivió con intensa participación las escenas de la pasión y muerte de Cristo: la cruz de Cristo da mucho más de lo que exige, lo da todo, porque nos conduce a Dios.</p>
<p>El día siguiente, la Santa Misa en la Catedral de la Almudena, en Madrid, con los seminaristas: jóvenes que quieren arraigarse en Cristo para hacerlo presente un mañana, como sus ministros. ¡Auguro que crezcan las vocaciones al sacerdocio! Entre los presentes había más de uno que había oído la llamada del Señor precisamente en las precedentes Jornadas de la Juventud; estoy seguro de que también en Madrid el Señor ha llamado a la puerta del corazón de muchos jóvenes para que le sigan con generosidad en el misterio sacerdotal o en la vida religiosa. La visita a un Centro para los jóvenes discapacitados me hizo ver el gran respeto y amor que se nutre hacia cada persona y me dio la ocasión de dar las gracias a los miles de voluntarios que dan testimonio silenciosamente del Evangelio de la caridad y de la vida. La Vigilia de oración por la noche y la gran Celebración eucarística conclusiva del día después fueron dos momentos muy intensos: por la noche una multitud de jóvenes en fiesta, para nada atemorizados por la lluvia y por el viento, permaneció en adoración silenciosa de Cristo presente en la Eucaristía, para alabarlo, darle gracias, pedir ayuda y luz; y después, el domingo, los jóvenes manifestaron su exuberancia y su alegría de celebrar al Señor en la Palabra y en la Eucaristía, para insertarse cada vez más en Él y reforzar su fe y vida cristiana. En un clima de entusiasmo encontré a los voluntarios a quienes di las gracias por su generosidad y con la ceremonia de despedida dejé el país llevando en el corazón estos días como un gran don.</p>
<p>Queridos amigos, el encuentro de Madrid ha sido una estupenda manifestación de fe para España y para el mundo ante todo. Para la multitud de jóvenes, procedentes de todos los rincones de la tierra, ha sido una ocasión especial para reflexionar, dialogar, intercambiarse experiencias positivas y, sobre todo, rezar juntos y renovar el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo, Amigo fiel. Estoy seguro de que han vuelto a sus casas y vuelven con el firme propósito de ser levadura en la masa, llevando la esperanza que nace de la fe. Por mi parte sigo acompañándolos con la oración, para que permanezcan fieles a los compromisos asumidos. A la intercesión maternal de María, confío los frutos de esta Jornada.</p>
<p>Y ahora deseo anunciar los temas de las próximas Jornadas Mundiales de la Juventud. La del año próximos, que tendrá lugar en cada diócesis, tendrá como lema “¡Estad alegres en el Señor!&#8221;, tomado de la Carta a los Filipenses (4,4); mientras que en la Jornada Mundial de la Juventud de 2013 en Río de Janeiro, el lema será el mandato de Jesús: “Id y haced discípulos a todos los pueblos!&#8221; (cfr <em>Mt </em>28,19). Desde ahora confío a la oración de todos la preparación de estas citas muy importantes. Gracias.</p>
<p><em>[En español dijo]</em></p>
<p>Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Honduras, Chile, Argentina, México y otros países Latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias al Señor por mi visita apostólica a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. A la vez que agradezco de corazón a quienes han hecho posible el magnífico desarrollo de esta iniciativa, ruego, por intercesión de María Santísima, que los jóvenes que en ella han participado, «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe», lleven al mundo entero la alegría del Evangelio, con la palabra y una vida colmada de obras de caridad. Muchas gracias.</p>
<p><em>[Al término de la Audiencia en el Patio, el Papa se asomó a la Plaza y pronunció las siguientes palabras]</em></p>
<p>¡Queridos amigos, buenos días!<br />
Os auguro una buena jornada, alegría, buenas vacaciones y también una buena vuelta al trabajo. Que el Señor esté siempre con vosotros para que podáis sentir su presencia y la luz que viene de la fe. ¡A todos mis mejores deseos! ¡Que el Señor os bendiga siempre! Os imparto ahora la Bendición Apostólica.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Carta del Papa al Cardenal con motivo de la JMJ (22 agosto 2011)</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 12:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas]]></category>

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		<description><![CDATA[Al Venerado Hermano Antonio Mª Rouco Varela, Arzobispo Metropolitano de Madrid, Presidente de la CEE. &#160; “Al regresar a Roma después de los inolvidables días de mi Visita Pastoral a Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, quisiera manifestar a Vuestra Eminencia mi más cordial reconocimiento por las innumerables muestras de hospitalidad y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Al Venerado Hermano Antonio Mª Rouco Varela, Arzobispo Metropolitano de Madrid, Presidente de la CEE.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">“Al regresar a Roma después de los inolvidables días de mi Visita Pastoral a Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, quisiera manifestar a Vuestra Eminencia mi más cordial reconocimiento por las innumerables muestras de hospitalidad y las continuas atenciones que me ha dispensado durante mi reciente permanencia en España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Ruego también que Vuestra Eminencia transmita mi viva gratitud a los Obispos sufragáneos, a los Obispos auxiliares, al clero, a las comunidades religiosas y demás colaboradores en esa querida Iglesia particular de Madrid, así como a las Autoridades Nacionales, Autonómicas y Municipales, a las Fuerzas de Seguridad, al personal sanitario y a los incontables voluntarios que se han empeñado en tan magno evento juvenil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Del mismo modo, tenga la bondad de hacerse intérprete de mi afecto ante los miembros de la Conferencia Episcopal Española por su decidido apoyo a este importante acontecimiento eclesial, y manifieste asimismo mi cercanía a los presbíteros y representantes de la Vida Consagrada por su generosa implicación en este significado encuentro. Que todos y cada uno de los que han hecho posible esta fiesta de la fe que hemos vivido juntos, cooperando en ella de diferentes formas y entregando lo mejor de sí mismos en su preparación, desarrollo y feliz culminación, sepan que los llevo gozosamente en mi corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Correspondo complacido a tanta deferencia como he experimentado a lo largo de mi Viaje Apostólico, suplicando a Dios que enriquezca a todos los hijos de esas nobles tierras con la abundancia de los dones de su amor y misericordia, que sirvan particularmente a las nuevas generaciones para mantenerse arraigadas y edificadas en Cristo, firmes en la fe y dispuestas a anunciar a todos la alegría que supone vivir en plenitud el Evangelio, dándolo a conocer con valentía a cuantos nos rodean.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Con estos sentimientos, y a la vez que confío a la intercesión de Nuestra Señora de la Almudena a Vuestra Eminencia, a los Obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y fieles de Madrid y de España entera, les imparto de corazón una especial Bendición Apostólica, prenda de abundantes dones divinos”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vaticano, 22 de agosto de 2011.</p>
<p><strong>Benedicto XVI</strong></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Madrid Barajas (21 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Aug 2011 15:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 CEREMONIA DE DESPEDIDA DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Aeropuerto internacional Barajas de Madrid Domingo 21 de agosto de 2011 Majestades, Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales, Señor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">CEREMONIA DE DESPEDIDA</span></p>
<p><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;">DISCURSO DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
</span></em><span style="color: #663300;"><em>Aeropuerto internacional Barajas de Madrid </em></span><em><span style="color: #663300;"><br />
Domingo  21 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Majestades,<br />
Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales,<br />
Señor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de  la Conferencia Episcopal Española,<br />
Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,<br />
Amigos todos:</em></p>
<p>Ha llegado el momento de despedirnos. Estos días pasados en Madrid, con  una representación tan numerosa de jóvenes de España y todo el mundo, quedarán  hondamente grabados en mi memoria y en mi corazón.</p>
<p>Majestad, el Papa se ha sentido muy bien en España. También los jóvenes  protagonistas de esta Jornada Mundial de  la Juventud han sido muy bien  acogidos aquí y en tantas ciudades y localidades  españolas, que han podido visitar en los días previos a  la Jornada.<span id="more-6557"></span></p>
<p>Gracias a Vuestra Majestad por sus cordiales palabras y por haber  querido acompañarme tanto en el recibimiento como, ahora, al despedirme. Gracias  a las Autoridades nacionales, autonómicas y locales, que han mostrado con su  cooperación fina sensibilidad por este acontecimiento internacional. Gracias a  los miles de voluntarios, que han hecho posible el buen desarrollo de todas las  actividades de este encuentro: los diversos actos literarios, musicales,  culturales y religiosos del «Festival joven», las catequesis de los Obispos y  los actos centrales celebrados con el Sucesor de Pedro. Gracias a las fuerzas de  seguridad y del orden, así como a los que han colaborado prestando los más  variados servicios: desde el cuidado de la música y de la liturgia, hasta el  transporte, la atención sanitaria y los avituallamientos.</p>
<p>España es una gran Nación que, en una convivencia sanamente abierta,  plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma  profundamente religiosa y católica. Lo ha manifestado una vez más en estos días,  al desplegar su capacidad técnica y humana en una empresa de tanta trascendencia  y de tanto futuro, como es el facilitar que la juventud hunda sus raíces en  Jesucristo, el Salvador.</p>
<p>Una palabra de especial gratitud se debe a los organizadores de  la Jornada:  al Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a todo el  personal de ese Dicasterio; al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María  Rouco Varela, junto con sus Obispos auxiliares y toda la archidiócesis; en  particular, al Coordinador General de  la Jornada, Monseñor César  Augusto Franco Martínez, y a sus colaboradores, tantos y tan  generosos. Los Obispos han trabajado con solicitud y abnegación en sus diócesis  para la esmerada preparación de la Jornada, junto con los sacerdotes,  personas consagradas y fieles laicos. A todos, mi  reconocimiento, junto con mi súplica al Señor para que bendiga sus afanes  apostólicos.</p>
<p>Y no puedo dejar de dar las gracias de todo corazón a los jóvenes por  haber venido a esta Jornada, por su participación alegre, entusiasta e intensa.  A ellos les digo: Gracias y enhorabuena por el testimonio que habéis dado en  Madrid y en el resto de ciudades españolas en las que habéis estado. Os invito  ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda  experiencia de fe vivida en este noble País. Transmitid vuestra alegría  especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las  más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes  la celebración misma de  la Jornada les ha tocado el corazón.  Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a  vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud.</p>
<p>Dejo España contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios,  Nuestro Señor, que me ha permitido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y  emoción, tan cargada de dinamismo y esperanza. Sí, la fiesta de la fe que hemos  compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la  providencia, que guía a  la Iglesia por los mares de la historia.  Por eso permanece joven y con vitalidad, aun  afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace  presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les  muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano. Hemos podido  comprobar también cómo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las  fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer  de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el único Padre  común, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que Él nos ha dado en la  Creación.</p>
<p>Los jóvenes responden con diligencia cuando se les propone con sinceridad y  verdad el encuentro con Jesucristo, único redentor de la humanidad. Ellos  regresan ahora a sus casas como misioneros del Evangelio, «arraigados y  cimentados en Cristo, firmes en la fe», y necesitarán ayuda en su camino.  Encomiendo, pues, de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y  educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con  ilusión a la llamada del Señor. No hay que desanimarse ante las contrariedades  que, de diversos modos, se presentan en algunos países. Más fuerte que todas  ellas es el anhelo de Dios, que el Creador ha puesto en el corazón de los  jóvenes, y el poder de lo alto, que otorga fortaleza divina a los que siguen al  Maestro y a los que buscan en Él alimento para la vida. No temáis presentar a  los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los  sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida.</p>
<p>Majestad, antes de volver a Roma, quisiera asegurar a los españoles que  los tengo muy presentes en mi oración, rezando especialmente por los matrimonios  y las familias que afrontan dificultades de diversa naturaleza, por los  necesitados y enfermos, por los mayores y los niños, y también por los  que no encuentran trabajo. Rezo igualmente por los jóvenes de España. Estoy  convencido de que, animados por la fe en Cristo, aportarán lo mejor de sí mismos,  para que este gran País afronte los desafíos de la hora presente y continúe  avanzando por los caminos de la concordia, la solidaridad, la justicia y la  libertad. Con estos deseos, confío a todos los hijos de esta noble tierra a la  intercesión de  la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, y los bendigo con afecto.  Que la alegría del Señor  colme siempre vuestros corazones. Muchas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<item>
		<title>Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ en el pabellón 9 de la Feria de Madrid-IFEMA (21 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Aug 2011 14:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS DE LA XXVI JMJ DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Pabellón 9 de la Feria de Madrid-IFEMA Domingo 21 de agosto de 2011 Queridos voluntarios Al concluir los actos de esta inolvidable Jornada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS DE LA XXVI  JMJ</span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>DISCURSO</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
<em>Pabellón 9 de la Feria de Madrid-IFEMA</em><br />
Domingo 21 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Queridos voluntarios</em></p>
<p>Al concluir los actos de esta inolvidable Jornada Mundial de  la  Juventud, he querido detenerme aquí, antes de regresar a Roma, para daros las  gracias muy vivamente por vuestro inestimable servicio. Es un deber de justicia  y una necesidad del corazón. Deber de justicia, porque, gracias a vuestra  colaboración, los jóvenes peregrinos han podido encontrar una amable acogida y  una ayuda en todas sus necesidades. Con vuestro servicio habéis dado a   la Jornada Mundial el rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega a los demás.<span id="more-6555"></span></p>
<p>Mi gratitud es también una necesidad del corazón, porque no solo habéis estado  atentos a los peregrinos, sino también al Papa, a mi. En todos los actos en los que he  participado, allí estabais vosotros: unos visiblemente y otros en un segundo  plano, haciendo posible el orden requerido para que todo fuera bien. No puedo  tampoco olvidar el esfuerzo de la preparación de estos días. Cuántos sacrificios,  cuánto cariño. Todos, cada uno como sabía y podía, puntada a puntada, habéis ido  tejiendo con vuestro trabajo y oración el maravillo cuadro multicolor de esta  Jornada. Muchas gracias por vuestra dedicación. Os agradezco este gesto  entrañable de amor.</p>
<p>Muchos de vosotros habéis debido renunciar a participar de un modo  directo en los actos, al tener que ocuparos de otras tareas de la organización.  Sin embargo, esa renuncia ha sido un modo hermoso y evangélico de participar en   la Jornada: el de la entrega a los demás de la que habla Jesús. En cierto sentido, habéis  hecho realidad las palabras del Señor: «Si uno quiere ser el primero, sea  el último de todos y el servidor de todos» (<em>Mc</em> 9,35). Tengo la  certeza de que esta experiencia como voluntarios os ha enriquecido a  todos en vuestra vida cristiana, que es fundamentalmente un servicio de amor. El  Señor trasformará vuestro cansancio acumulado, las preocupaciones y el agobio de  muchos momentos en frutos de virtudes cristianas: paciencia, mansedumbre,  alegría en el darse a los demás, disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.  Amar es servir y el servicio acrecienta el amor. Pienso que es este uno de los  frutos más bellos de vuestra contribución a la Jornada Mundial de la Juventud.  Pero esta cosecha no la recogéis solo vosotros, sino la Iglesia entera que, como  misterio de comunión, se enriquece con la aportación de cada uno de sus miembros.</p>
<p>Al volver ahora a vuestra vida ordinaria, os animo a que guardéis en  vuestro corazón esta gozosa experiencia y a que crezcáis cada día más en la  entrega de vosotros mismos a Dios y a los hombres. Es posible que en muchos de  vosotros se haya despertado tímida o poderosamente una pregunta muy sencilla:  ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cuál es su designio sobre mi vida? ¿Me llama Cristo a  seguirlo más de cerca? ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de  anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida  consagrada o el matrimonio? Si ha surgido esa inquietud, dejaos llevar por el  Señor y ofreceos como voluntarios<em> </em>al servicio de Aquel que «no ha venido  a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (<em>Mc</em> 10,45). Vuestra vida alcanzará una plenitud insospechada. Quizás alguno esté  pensando: el Papa ha venido a darnos las gracias y se va pidiendo. Sí, así es.  Ésta es la misión del Papa, Sucesor de Pedro. Y no olvidéis que Pedro, en su  primera carta, recuerda a los cristianos el precio con que han sido rescatados:  el de la sangre de Cristo (cf. <em>1P </em>1, 18-19). Quien valora su vida desde  esta perspectiva sabe que al amor de Cristo solo se puede responder con amor, y  eso es lo que os pide el Papa en esta despedida: que respondáis con amor a quien  por amor se ha entregado por vosotros. Gracias de nuevo y que Dios vaya siempre  con vosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Rezo del Angelus Domini en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid (21 de agosto de 2011)</title>
		<link>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/21/rezo-del-angelus-domini-en-el-aerodromo-cuatro-vientos-de-madrid-21-de-agosto-de-2011/</link>
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		<pubDate>Sun, 21 Aug 2011 13:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ángelus/Regina Coeli]]></category>
		<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 BENEDICTO XVI ÁNGELUS Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid Domingo 21 de agosto de 2011 Queridos amigos, Ahora vais a regresar a vuestros lugares de residencia habitual. Vuestros amigos querrán saber qué es lo que ha cambiado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><strong><span style="color: #663300;">BENEDICTO XVI</span></strong></p>
<p><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> ÁNGELUS</span></strong> </span></em></p>
<p><em><span style="color: #663300;"> <em>Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid</em><br />
Domingo 21 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Queridos amigos,</em></p>
<p>Ahora vais a regresar a vuestros lugares de residencia habitual. Vuestros amigos  querrán saber qué es lo que ha cambiado en vosotros después de haber estado en  esta noble Villa con el Papa y cientos de miles de jóvenes de todo el orbe: ¿Qué  vais a decirles? Os invito a que deis un audaz testimonio de vida cristiana ante  los demás. Así seréis fermento de nuevos cristianos y haréis que  la Iglesia despunte con pujanza en el corazón de muchos.<span id="more-6552"></span></p>
<p>¡Cuánto he pensado en estos días en aquellos jóvenes que aguardan vuestro  regreso! Transmitidles mi afecto, en particular a los más desfavorecidos, y  también a vuestras familias y a las comunidades de vida cristiana a las que  pertenecéis.</p>
<p>No puedo dejar de confesaros que estoy realmente impresionado por el número tan  significativo de Obispos y sacerdotes presentes en esta Jornada. A todos ellos  doy las gracias muy desde el fondo del alma, animándolos al mismo tiempo a  seguir cultivando la pastoral juvenil con entusiasmo y dedicación.</p>
<p>Saludo con afecto al Señor Arzobispo castrense y agradezco vivamente  al Ejército  del Aire el haber cedido con tanta generosidad  la Base Aérea de Cuatro  Vientos, precisamente en el centenario de la creación de  la aviación militar española. Pongo a todos los que la integran y a sus  familias  bajo el materno amparo de María Santísima, en su advocación de Nuestra  Señora de  Loreto.</p>
<p>Asimismo, y al conmemorarse ayer el tercer aniversario del grave accidente aéreo  ocurrido en el aeropuerto de Barajas, que ocasionó numerosas víctimas y heridos,  deseo hacer llegar mi cercanía espiritual y mi afecto entrañable a todos los  afectados por ese lamentable suceso, así como a los familiares de los fallecidos,  cuyas almas encomendamos a la misericordia de Dios.</p>
<p>Me complace anunciar ahora que la sede de la próxima Jornada Mundial  de  la Juventud, en el dos mil trece, será Río de Janeiro. Pidamos al  Señor ya desde  este instante que asista con su fuerza a cuantos han de ponerla en  marcha y  allane el camino a los jóvenes de todo el mundo para que puedan reunirse   nuevamente con el Papa en esa bella ciudad brasileña.</p>
<p>Queridos amigos, antes de despedirnos, y a la vez que los jóvenes de  España  entregan a los de Brasil la cruz de las Jornadas Mundiales de  la  Juventud, como Sucesor de Pedro, confío a todos los aquí presentes este  gran  cometido: Llevad el conocimiento y el amor de Cristo por todo el mundo.  Él  quiere que seáis sus apóstoles en el siglo veintiuno y los mensajeros de  su  alegría. ¡No lo defraudéis! Muchas gracias.<em> </em></p>
<p><strong><em>Saludo en francés</em></strong></p>
<p>Chers jeunes de langue française, le Christ vous demande aujourd’hui d’être  enracinés en Lui et de bâtir avec Lui votre vie sur le roc qu’il est Lui-même.  Il vous envoie pour être des témoins courageux et sans complexes, authentiques  et crédibles ! N’ayez pas peur d’être catholiques, d’en témoigner toujours  autour de vous avec simplicité et sincérité ! Que l’Église trouve en vous et en  votre jeunesse les missionnaires joyeux de la Bonne Nouvelle!</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa, Cristo os  pide hoy que estéis arraigados en Él y construyáis con Él vuestra vida sobre la  roca que es Él mismo. Él os envía para que seáis testigos valientes y sin  complejos, auténticos y creíbles. No tengáis miedo de ser católicos, dando  siempre testimonio de ello a vuestro alrededor, con sencillez y sinceridad. Que  la Iglesia halle en vosotros y en vuestra juventud a los misioneros gozosos de  la Buena Noticia].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en inglés</em></strong></p>
<p>I greet all the English-speaking young people present here today!  As you return  home, take back with you the good news of Christ’s love which we have  experienced in these unforgettable days.  Fix your eyes upon him, deepen your  knowledge of the Gospel and bring forth abundant fruit!   God bless all of you until we meet again!</p>
<p><em>[Traducción española: Saludo a todos los jóvenes de leguna inglesa  que están hoy aquí. Al regresar a vuestra casa, llevad con vosotros la Buena  Noticia del amor de Cristo, que habéis experimentado en estos días inolvidables.  Con los ojos fijos en Él, profundizad en vuestro conocimiento del Evangelio y  dad abundantes frutos. Dios os bendiga hasta que nos encontremos nuevamente].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en alemán</em></strong></p>
<p>Meine lieben Freunde! Glaube ist keine Theorie. Glauben heißt, in eine  persönliche Beziehung zu  Jesus zu treten und die Freundschaft mit ihm in Gemeinschaft mit anderen, in der  Gemeinschaft der Kirche zu leben. Vertraut Christus euer ganzes Leben an, und  helft euren Freunden, daß auch sie zur Quelle des Lebens, zu Gott gelangen.  Der Herr mache euch zu frohen Zeugen seiner Liebe.</p>
<p><em>[Traducción española: Mis queridos amigos. La fe no es una teoría.  Creer significa entrar en una relación personal con Jesús y vivir la amistad con  Él en comunión con los demás, en la comunidad de la Iglesia. Confiad a Cristo  toda vuestra vida, y ayudad a vuestros amigos a alcanzar la fuente de la vida:  Dios. Que el Señor haga de vosotros testigos gozosos de su amor].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en italiano</em></strong></p>
<p>Cari giovani di lingua italiana! Vi saluto tutti! L’Eucaristia che abbiamo  celebrato è Cristo risorto presente e vivo in mezzo a noi: grazie a Lui, la  vostra vita è radicata e fondata in Dio, salda nella fede. Con questa certezza,  ripartite da Madrid e annunciate a tutti ciò che avete visto e udito. Rispondete  con gioia alla chiamata del Signore, seguiteLo e rimanete sempre uniti a Lui:  porterete molto frutto!</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua italiana. Os saludo  a todos. La Eucaristía que hemos celebrado es Cristo Resucitado, presente y vivo  en medio de nosotros: Gracias a Él, vuestra vida está arraigada y fundada en  Dios, firme en la fe. Con esta certeza, marchad de Madrid y anunciad a todos lo  que habéis visto y oído. Responded con gozo a la llamada del Señor, seguidlo y  permaneced siempre unidos a Él: daréis mucho fruto].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en portugués</em></strong></p>
<p>Queridos jovens e amigos de língua portuguesa, encontrastes Jesus  Cristo!  Sentir-vos-eis em contra-corrente no meio duma sociedade onde impera a  cultura  relativista que renuncia a buscar e a possuir a verdade. Mas foi para  este  momento da história, cheio de grandes desafios e oportunidades, que o  Senhor vos  mandou: para que, graças à vossa fé, continue a ressoar a Boa Nova de  Cristo por  toda a terra. Espero poder encontrar-vos daqui a dois anos, na próxima  Jornada  Mundial da Juventude, no Rio de Janeiro, Brasil.  Até lá, rezemos uns  pelos outros, dando testemunho da alegria que brota de viver  enraizados e edificados em Cristo.  Até breve, queridos jovens! Que Deus  vos abençoe!</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes y amigos de lengua portuguesa,  habéis encontrado a Jesucristo. Os sentiréis yendo contra corriente en medio de  una sociedad donde impera la cultura relativista que renuncia a buscar y a  poseer la verdad. Pero el Señor os ha enviado en este momento de la historia,  lleno de grandes desafíos y oportunidades, para que, gracias a vuestra fe, siga  resonando por toda la tierra la Buena Nueva de Cristo. Espero poder encontraros  dentro de dos años en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Río de  Janeiro, Brasil. Hasta entonces, recemos unos por otros, dando testimonio de la  alegría que brota de vivir enraizados y edificados en Cristo. Hasta pronto,  queridos jóvenes. Que Dios os bendiga].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en polaco:</em></strong></p>
<p>Drodzy młodzi Polacy, silni wiarą, zakorzenieni w Chrystusie! Niech owocują w  was otrzymane w tych dniach od Boga talenty. Bądźcie Jego świadkami. Nieście  innym orędzie Ewangelii. Waszą modlitwą i przykładem życia pomagajcie Europie  odnaleźć jej chrześcijańskie korzenie.</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes polacos, firmes en la fe,  arraigados en Cristo. Los talentos recibidos de Dios en estos días produzcan en  vosotros abundantes frutos. Sed sus testigos. Llevad a los demás el mensaje del  Evangelio. Con vuestra oración y con el ejemplo de la vida, ayudad a Europa a  encontrar sus raíces cristianas].</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<title>Santa Misa de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid (21 de agosto de 2011)</title>
		<link>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/21/santa-misa-de-la-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-aerodromo-cuatro-vientos-de-madrid-21-de-agosto-de-2011/</link>
		<comments>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/21/santa-misa-de-la-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-aerodromo-cuatro-vientos-de-madrid-21-de-agosto-de-2011/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Aug 2011 12:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD PALABRAS DEL SANTO PADRE AL INICIO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid Domingo 21 de agosto de 2011 &#160; Queridos jóvenes: He pensado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">SANTA MISA PARA LA XXVI JORNADA  MUNDIAL DE LA JUVENT</span><span style="color: #663300; font-family: Times New Roman;">UD</span></p>
<p><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;">PALABRAS DEL SANTO  PADRE<br />
AL INICIO DE LA CELEBRACI<span style="font-family: Times New Roman;">ÓN EUCARÍSTICA</span><br />
</span></strong><br />
<em>Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid</em><br />
Domingo 21 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Queridos jóvenes:</em></p>
<p>He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto.  Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo.  Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez,  y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios  saca bienes de todo. <span id="more-6550"></span>Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos  abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y  firmes en la fe.</p>
<p>* * *</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>HOMILÍA</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"><br />
</span></strong></span></em></p>
<p><em>Queridos jóvenes:</em></p>
<p>Con la celebración de  la Eucaristía llegamos al momento culminante  de esta Jornada Mundial de  la Juventud. Al veros aquí,  venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de  gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os  quiere y os llama amigos suyos (cf. <em>Jn</em> 15,15). Él viene a vuestro  encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una  vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros,  por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder  con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de  compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son  muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y  desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus  inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que  alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver  conmigo hoy?</p>
<p>En el evangelio que hemos escuchado (cf. <em>Mt</em> 16, 13-20), vemos  representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero  consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente.  A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los  discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que  Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un  personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente  a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».  Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el  Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o  históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su  profundidad.</p>
<p>Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de  Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la  carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la  iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su  misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la  identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión  de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la  manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros,  ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar  una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están  estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene  que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se  intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También  Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el  encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.</p>
<p>Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta  que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle  con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro.  Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí.  Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me  amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la  fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.</p>
<p>En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de  la Iglesia:  «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi  Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe  de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia  no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está  estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia.  No se puede separar a Cristo de  la Iglesia, como no se puede  separar la cabeza del cuerpo (cf. <em>1Co</em> 12,12). La Iglesia no vive  de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de  ella, y le da vida, alimento y fortaleza.</p>
<p>Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer  esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo  de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde  que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de  la Iglesia.  No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación  de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que  predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o  de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.</p>
<p>Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de  apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a  la Iglesia,  que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a  Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de  vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra  gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la  participación en  la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el  cultivo de la oración y meditación de  la Palabra de Dios.</p>
<p>De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio  de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o  indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás.  Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás  la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe,  necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos  de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato  de Cristo a  la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (<em>Mc</em> 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos  y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes  que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad  de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un  estilo de vida sin Dios.</p>
<p>Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os  encomiendo a  la  Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la  fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de  Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en   la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en  santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es  verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente  viva de su esperanza. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Vigilia de oración con los jóvenes en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid (20 de agosto de 2011)</title>
		<link>http://www.archimadrid.org/papaonline/2011/08/20/vigilia-de-oracion-con-los-jovenes-en-el-aerodromo-cuatro-vientos-de-madrid-20-de-agosto-de-2011/</link>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 15:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Aeropuerto Cuatro Vientos de Madrid Sábado 20 de agosto de 2011 Queridos amigos: Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES</span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>HOMIL<span style="font-family: Times New Roman;">ÍA</span></em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
<em>Aeropuerto Cuatro Vientos </em>de Madrid<br />
Sábado 20 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Queridos amigos:</em></p>
<p>Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus  preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes,  que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande  en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.<span id="more-6548"></span></p>
<p>Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando  a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado,  Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha  amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (<em>Jn</em> 15, 9).</p>
<p>Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que  da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad,  sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios.  Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe  no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima  con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a  vivir como personas que se saben amadas por Dios.</p>
<p>Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en  medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no  se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona.  Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que  la Verdad y el Amor,  no os conforméis con menos que Cristo.</p>
<p>Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y  desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu  humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo,  como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él,  que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano  y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos  a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además,  nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un  testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.</p>
<p>Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo,  ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este  momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre  en toda la tierra.</p>
<p>En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a  descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar  en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en  nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el  camino que él nos proponga.</p>
<p>A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y  una mujer, formando una sola carne (cf. <em>Gn</em> 2, 24), se realizan en una  profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un  proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo  alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de  la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser  conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de  apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del  amor matrimonial.</p>
<p>A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el  sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se  fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. <em> Mc</em> 2,14).</p>
<p>Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el  Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos.  Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la  conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa  de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces  tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. <em>Libro de la vida</em>, 8).</p>
<p>Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente  en  la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a  escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico  que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la  belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.</p>
<p>Queridos amigos: Gracias por vuestra alegría y resistencia. Vuestra fuerza es mayor que la  lluvia. Gracias. El Señor con la lluvia nos ha mandado muchas bendiciones.  También con esto sois un ejemplo.</p>
<p><strong><em>Saludo en francés</em></strong></p>
<p>Chers jeunes francophones, soyez fiers d’avoir reçu le don de la foi, c’est elle  qui illuminera votre vie à chaque instant. Appuyez-vous sur la foi de vos  proches, sur la foi de l’Église ! Par la foi, nous sommes fondés dans le Christ.  Retrouvez-vous avec d’autres pour l’approfondir, fréquentez l’Eucharistie,  mystère de la foi par excellence. Le Christ seul peut répondre aux aspirations  que vous portez en vous. Laissez-vous saisir par Dieu pour que votre présence  dans l’Église lui donne un élan nouveau!</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa, estad  orgullosos por haber recibido el don de la fe, que iluminará vuestra vida en  todo momento. Apoyaos en la fe de aquellos que están cerca de vosotros, en la fe  de la Iglesia. Gracias a la fe estamos cimentados en Cristo. Encontraros con  otros para profundizar en ella, participad en la Eucaristía, misterio de la fe  por excelencia. Solamente Cristo puede responder a vuestras aspiraciones.  Dejaros conquistar por Dios para que vuestra presencia dé a la Iglesia un  impulso nuevo].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en inglés</em></strong></p>
<p>Dear young people, in these moments of silence before the Blessed Sacrament, let  us raise our minds and hearts to Jesus Christ, the Lord of our lives and of the  future.  May he pour out his Spirit upon us and upon the whole Church, that we  may be a beacon of freedom, reconciliation and peace for the whole world.</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes, en estos momentos de  silencio delante del Santísimo Sacramento, elevemos nuestras mentes y corazones  a Jesucristo, el Señor de nuestras vidas y del futuro. Que Él derrame su  Espíritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia, para que seamos promotores de  libertad, reconciliación y paz en todo el mundo].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en alemán</em></strong></p>
<p>Liebe junge Christen deutscher Sprache! Tief in unserem Herzen sehnen wir uns  nach dem Großen und Schönen im Leben. Laßt eure Wünsche und Sehnsüchte nicht ins  Leere laufen, sondern macht sie fest in Jesus Christus. Er selber ist der Grund,  der trägt, und der sichere Bezugspunkt für ein erfülltes Leben.</p>
<p><em>[Traducción española: Queridos jóvenes de lengua alemana. En el  fondo, lo que nuestro corazón desea es lo bueno y bello de la vida. No permitáis  que vuestros deseos y anhelos caigan en el vacío, antes bien haced que cobren  fuerza en Cristo. Él es el cimiento firme, el punto de referencia seguro para  una vida plena].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en italiano</em></strong></p>
<p>Mi rivolgo ora ai giovani di lingua italiana. Cari amici, questa Veglia rimarrà  come un’esperienza indimenticabile della vostra vita. Custodite la fiamma che  Dio ha acceso nei vostri cuori in questa notte: fate in modo che non si spenga,  alimentatela ogni giorno, condividetela con i vostri coetanei che vivono nel  buio e cercano una luce per il loro cammino. Grazie! Arrivederci a domani  mattina!</p>
<p><em>[Traducción española: Me dirijo ahora a los jóvenes de lengua  italiana. Queridos amigos, esta Vigilia quedará como una experiencia inolvidable  en vuestra vida. Conservad la llama que Dios ha encendido en vuestros corazones  en esta noche: procurad que no se apague, alimentadla cada día, compartidla con  vuestros coetáneos que viven en la oscuridad y buscan una luz para su camino.  Gracias. Adiós. Hasta mañana].</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Saludo en portugués</em></strong></p>
<p>Meus queridos amigos, convido cada um e cada uma de vós a estabelecer um diálogo  pessoal com Cristo, expondo-Lhe as próprias dúvidas e sobretudo escutando-O. O  Senhor está aqui e chama-te! Jovens amigos, vale a pena ouvir dentro de nós a  Palavra de Jesus e caminhar seguindo os seus passos. Pedi ao Senhor que vos  ajude a descobrir a vossa vocação na vida e na Igreja, e a perseverar nela com  alegria e fidelidade, sabendo que Ele nunca vos abandona nem atraiçoa! Ele está  connosco até ao fim do mundo.</p>
<p><em>[Traducción española: Mis queridos amigos, os invito a todos a establecer un  diálogo personal con Cristo, exponiéndole las propias dudas y sobre todo  escuchándolo. El Señor está aquí y os llama. Jóvenes amigos, vale la pena  escuchar en nuestro interior la Palabra de Jesús y caminar siguiendo sus pasos.  Pedid al Señor que os ayude a descubrir vuestra vocación en la vida y en la  Iglesia, y a perseverar en ella con alegría y fidelidad, sabiendo que Él nunca  os abandonará ni os traicionará. Él está con nosotros hasta el fin del mundo].</em></p>
<p><strong><em>Saludo en polaco</em></strong></p>
<p>Drodzy młodzi przyjaciele z Polski! To nasze modlitewne czuwanie przenika  obecność Chrystusa. Pewni Jego miłości zblżcie się do Niego płomieniem waszej  wiary. On was napełni Swoim życiem. Budujcie wasze życie na Chrystusie i Jego  Ewangelii. Z serca wam błogosławię.</p>
<p><em>[Traducción italiana: Queridos amigos procedentes de Polonia. Esta  vigilia de oración está colmada de la presencia de Cristo. Seguros de su amor,  acercaos a Él con la llama de vuestra fe. Él os colmará de su vida. Edificad  vuestra vida sobre Cristo y su Evangelio. Os bendigo de corazón].</em></p>
<p><em>* * *</em></p>
<p><em>Queridos jóvenes:</em></p>
<p>Hemos vivido una aventura juntos. Firmes en la fe en Cristo habéis resistido la  lluvia. Antes de marcharme, deseo daros las buenas noches a todos. Que  descanséis bien. Gracias por el sacrificio que estáis haciendo y que no dudo  ofreceréis generosamente al Señor. Nos vemos mañana, si Dios quiere, en la  celebración eucarística. Os espero a todos. Os doy las gracias por el  maravilloso ejemplo que habéis dado. Igual que esta noche, con Cristo podréis  siempre afrontar las pruebas de la vida. No lo olvidéis. Gracias a todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<title>Visita a la Fundación Instituto San José (Madrid, 20 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 14:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 VISITA A LA FUNDACIÓN INSTITUTO SAN JOSÉ DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Sábado 20 de agosto de 2011 Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Queridos hermanos en el Episcopado, Queridos sacerdotes y religiosos de la Orden [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">VISITA A LA FUNDACI<span style="font-family: Times New Roman;">ÓN  INSTITUTO SAN JOSÉ</span></span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>DISCURSO</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
Sábado 20 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,<br />
Queridos hermanos en el Episcopado,<br />
Queridos sacerdotes y religiosos de  la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios,<br />
Distinguidas Autoridades,<br />
Queridos jóvenes, familiares y voluntarios aquí presentes</em></p>
<p>Gracias de corazón por el amable saludo y la cordial acogida que me  habéis dispensado.</p>
<p>Esta noche, antes de la vigilia de oración con los jóvenes de todo el  mundo que han venido a Madrid para participar en esta Jornada Mundial de   la Juventud, tenemos ocasión de pasar algunos momentos juntos y así poder manifestaros la  cercanía y el aprecio del Papa por cada uno de vosotros, por vuestras familias y  por todas las personas que os acompañan y cuidan en esta Fundación del   Instituto San José.<span id="more-6546"></span></p>
<p>La juventud, lo hemos recordado otras veces, es la edad en la que la  vida se desvela a la persona con toda la riqueza y plenitud de sus  potencialidades, impulsando la búsqueda de metas más altas que den sentido a la  misma. Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida joven,  quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la  vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi encíclica  sobre la esperanza cristiana, decía: “La grandeza de la humanidad está  determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre  (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de  contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y  sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana” (<em>Spe  salvi, </em>38). Estas palabras reflejan una larga tradición de humanidad que  brota del ofrecimiento que Cristo hace de sí mismo en la Cruz por nosotros y por  nuestra redención. Jesús y, siguiendo sus huellas, su Madre Dolorosa y los  santos son los testigos que nos enseñan a vivir el drama del sufrimiento para  nuestro bien y la salvación del mundo.</p>
<p>Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana,  creada a imagen de Dios. Ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta  divina grabada en lo más profundo del hombre. Y no solo: desde que el Hijo de  Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos  ofrece también en el rostro de quien padece. Esta especial predilección del  Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle,  además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero  esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con  Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares,  profesionales de la salud y voluntarios que vivís y trabajáis cotidianamente con  estos jóvenes. Vuestra vida y dedicación proclaman la grandeza a la que está  llamado el hombre: compadecerse y acompañar por amor a quien sufre, como ha  hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan también las palabras  evangélicas: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más  pequeños, conmigo lo hicisteis” (<em>Mt </em>25, 40).</p>
<p>Por otro lado, vosotros sois también testigos del bien inmenso que  constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la  humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en  nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la  salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los  hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido.</p>
<p>Queridos amigos, nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone  en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros  contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois  protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor  vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando “a  formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano”  (<em>Spe salvi,</em> 40).</p>
<p>Con afecto entrañable, y por intercesión de San José, de San Juan de  Dios y de San Benito Menni, os encomiendo de todo corazón a Dios nuestro Señor:  que Él sea vuestra fuerza y vuestro premio. De su amor sea signo la Bendición  Apostólica que os imparto a vosotros y a todos vuestros familiares y amigos. Muchas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<title>Encuentro con los Comités organizadores de la XXVI JMJ (Nunciatura apostólica de Madrid, 20 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 13:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 ENCUENTRO CON LOS COMITÉS ORGANIZADORES DE LA XXVI JMJ DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Nunciatura apostólica de Madrid Sábado 20 de agosto de 2011 &#160; Queridos amigos: Me complace recibiros en esta Nunciatura Apostólica para agradeceros vivamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300; font-family: Times New Roman;">ENCUENTRO CON LOS  COMITÉS ORGANIZADORES DE LA XXVI JMJ</span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>DISCURSO</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
</span></em><span style="color: #663300;"> <strong>Nunciatura apostólica  de Madrid</strong></span><em><span style="color: #663300;"><br />
Sábado 20 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Queridos amigos:</em></p>
<p>Me complace recibiros en esta Nunciatura Apostólica para agradeceros vivamente  todo lo que habéis llevado a cabo para la organización de esta Jornada Mundial  de  la Juventud.<span id="more-6539"></span></p>
<p>Sé muy bien que, desde el momento que se hizo pública la noticia de que   la Archidiócesis de Madrid había sido elegida como Sede de esta iniciativa, el Señor  Cardenal Antonio María Rouco Varela puso en marcha los trabajos del Comité  Organizador Local, en el que, con un profundo sentido eclesial y extraordinario  afecto al Vicario de Cristo, han colaborado los responsables de las diversas  áreas que se hallan implicadas en un acontecimiento de esta magnitud,  coordinados por Monseñor César Augusto Franco Martínez. Solo el amor a la  Iglesia y el afán por evangelizar a los jóvenes explican este compromiso tan  generoso en tiempo y energías, que dará un abundante fruto apostólico. Durante  meses habéis entregado lo mejor de vosotros mismos al servicio de la misión de  la Iglesia. Dios os lo premiará con el ciento por uno. No sólo a vosotros, sino  a vuestras familias e instituciones, que con abnegación han sostenido vuestra  dedicación y esmero. Si, como dice Jesús, ni un vaso de agua dado en su nombre  quedará sin recompensa, ¡cuánto más la entrega diaria y permanente a la  organización de un hecho eclesial de tanto relieve como el que estamos viviendo!  Gracias a cada uno de vosotros.</p>
<p>De igual modo, quiero manifestar mi gratitud a los miembros de la  Comisión Mixta, formada por el Arzobispado de Madrid y las Administraciones del  Estado, de  la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de  la Villa, que,  también desde el inicio de la preparación de esta Jornada Mundial de   la Juventud, se constituyó con la mirada puesta en los cientos de miles de  jóvenes peregrinos que han llegado a Madrid, ciudad abierta, hermosa y  solidaria. Ciertamente, sin esta colaboración solícita, no se habría podido  realizar un evento de tanta complejidad y trascendencia. A este respecto, sé  bien que las diversas entidades se han puesto a disposición del Comité  Organizador Local, sin escatimar esfuerzos y en un clima de amable cooperación,  que honra a esta noble Nación y al reconocido espíritu de hospitalidad de los  españoles.</p>
<p>La eficacia de esta comisión manifiesta que no solo es posible la colaboración  entre  la Iglesia y las instituciones civiles, sino que, cuando se orientan al servicio  de una iniciativa de tan largo alcance, como es la que nos ocupa, se hace verdad  el principio de que el bien integra a todos en la unidad. Por ello, quiero  expresar a los representantes de las respectivas Administraciones, que han  trabajado denodadamente por el éxito de esta Jornada Mundial, mi más sentido y  cordial agradecimiento en nombre de la Iglesia y de los jóvenes que disfrutan en  estos días de vuestra acogida y solicitud.</p>
<p>Para todos vosotros, vuestras familias e instituciones, invoco del Señor la  abundancia de sus dones. Muchas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<title>Santa Misa con los seminaristas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena (Madrid, 20 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 12:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 SANTA MISA CON LOS SEMINARISTAS HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid Sábado 20 de agosto de 2011 Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Venerados hermanos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">SANTA MISA CON LOS SEMINARISTAS</span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>HOMILÍA</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
<em>Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid</em><br />
Sábado 20 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,<br />
Venerados hermanos en el Episcopado,<br />
Queridos sacerdotes y religiosos,<br />
Queridos rectores y formadores,<br />
Queridos seminaristas,<br />
Amigos todos</em></p>
<p>Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros,  que  aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de  la Iglesia y de  los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me  habéis acogido. <span id="more-6537"></span>Esta Santa Iglesia Catedral de Santa María  La Real de   la Almudena es hoy como un inmenso cenáculo donde el Señor celebra con  deseo  ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los   misterios de la salvación. Al veros, compruebo de nuevo cómo Cristo  sigue  llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos,  permaneciendo así  viva la misión de  la Iglesia y la oferta del evangelio al mundo. Como  seminaristas, estáis en camino  hacia una meta santa: ser prolongadores de la misión que Cristo recibió  del  Padre. Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada  amorosa  avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por  su  encarnación es el revelador supremo de Dios al mundo y por su  resurrección es el  cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de  predilección que  tiene con cada uno de vosotros.</p>
<p>La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y  definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona  del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, al entrar en el mundo,  dirigiéndose a su Padre, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. <em>Sal</em> 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar,  recorriendo los  caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivir fue un servicio y su desvivirse  una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como  Primogénito de muchos hermanos. El autor de la carta a los Hebreos afirma que  con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a  compartir su filiación (cf. <em>Heb</em> 10,14).</p>
<p>La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado (cf. <em>Lc</em> 22,14-20), es la expresión real de esa entrega incondicional de Jesús por todos,  también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida  de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos  fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida,  allí donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y así destruirlo. El  cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada,  se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad  redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y  la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos  caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino  viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también  nuestro principio.</p>
<p>Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como  Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres. ¿Cómo  vivir  estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio  interior, de  permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las   acciones y estructuras pastorales de  la Iglesia. Iglesia que es  comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por  su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con  nuestra  santidad y con nuestros pecados. Así lo ha querido Dios, que no tiene  reparo en  hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención  del  género humano. La santidad de  la Iglesia es ante todo la santidad  objetiva de la misma persona de Cristo, de su  evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto  que la  anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una  contradicción  entre el signo que somos y la realidad que queremos significar.</p>
<p>Meditad bien este misterio de  la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, en actitud de  docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa  relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís. Nadie elige el  contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas,  pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con  amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por  dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas,  guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del día de su  Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el  misterio de la cruz del Señor.</p>
<p>Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez  más con Aquel que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima.  Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de  gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla  plenamente, pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando  alcanzarla (cf. <em>Flp</em> 3,12-14).</p>
<p>Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus  ovejas hasta dar la vida por ellas (cf. <em>Jn</em> 10,11). Para imitar también en  esto al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario, estando  totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del  Espíritu Santo, es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino  de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de  vida y la obediencia sincera y sin disimulo.</p>
<p>Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para  con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra  ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os enseñe a estar muy  cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad  este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de  realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios  hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por  consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis  intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el  poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que  se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con  quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy  muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo  se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras  buscan a Dios, la verdad y la justicia.</p>
<p>Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Señor para  ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro,  avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que  Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo  las disposiciones de  la Iglesia.</p>
<p>Con esa confianza, aprended de Aquel que se definió a sí mismo como  manso y  humilde de corazón, despojándoos para ello de todo deseo mundano, de  manera que  no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento  edifiquéis  a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular  español, san  Juan de Ávila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a  la  Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella sabrá forjar vuestra alma  según el modelo de  Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que  Él  adquirió en el Calvario para la salvación del mundo. Amén.</p>
<hr />
<p><em><strong><span style="color: #663300; font-size: medium;"><a name="ANUNCIO">ANUNCIO</a> DE LA PRÓXIMA DECLARACIÓN DE SAN JUAN DE ÁVILA,<br />
PRESBÍTERO,  PATRONO DEL CLERO SECULAR ESPAÑOL, COMO DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL</span></strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Queridos hermanos:</em></p>
<p>Con gran gozo, quiero anunciar ahora al pueblo de Dios, en este marco  de la Santa Iglesia Catedral de Santa María  La Real  de  la Almudena, que, acogiendo los deseos del Señor Presidente de  la  Conferencia Episcopal Española, Eminentísimo Cardenal Antonio María Rouco  Varela, Arzobispo de Madrid, de los demás Hermanos en el Episcopado de España,  así como de un gran número de Arzobispos y Obispos de otras partes del mundo, y  de muchos fieles, declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor  de  la Iglesia universal.</p>
<p>Al hacer pública esta noticia aquí, deseo que la palabra y el ejemplo  de este eximio Pastor ilumine a los sacerdotes y a aquellos que se preparan con  ilusión para recibir un día  la Sagrada Ordenación.</p>
<p>Invito a todos a que vuelvan la mirada hacia él, y encomiendo a su intercesión a  los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y  seminaristas, para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro,  modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo, el Buen Pastor, a quien  sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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		<title>Vía Crucis con los jóvenes en la Plaza de Cibeles (Madrid, 19 de agosto de 2011)</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 14:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>angel8k</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discursos]]></category>
		<category><![CDATA[Documentos Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 18-21 DE AGOSTO DE 2011 VÍA CRUCIS CON LOS JÓVENES DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de Cibeles, Madrid Viernes 19 de agosto de 2011 Queridos jóvenes: Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><span style="color: #663300;"> <a href="http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/travels/2011/index_madrid_sp.htm">VIAJE                  APOSTÓLICO A MADRID<br />
CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<br />
18-21 DE AGOSTO DE 2011</a></span></p>
<p><span style="color: #663300;">VÍA CRUCIS CON LOS JÓVENES</span></p>
<p><span style="color: #663300; font-size: medium;"><strong><em>DISCURSO</em></strong></span><em><span style="color: #663300;"><strong><span style="font-size: medium;"> DEL SANTO  PADRE BENEDICTO XVI<br />
</span></strong><br />
<em>Plaza de Cibeles, Madrid</em><br />
Viernes  19 de agosto de 2011 </span></em></p>
<p><span style="color: #663300;"><em> </em></span></p>
<p><em>Queridos jóvenes:</em></p>
<p>Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a  Cristo en su Pasión y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas de la Cruz, que  sirven a los más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el  misterio de  la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que  juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. <em>1 Co </em>1,17-19). <span id="more-6535"></span>También  nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas  extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son  imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e  invitarle a  la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio  y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos  profundamente y transformar nuestro corazón, como sucedió a Santa Teresa de  Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. <em>Libro de la vida</em>,  9,1).</p>
<p>Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en  el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y  se entregó por mí» (<em>Gál</em> 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de  estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué  respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el  amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra  vida por los hermanos» (<em>1 Jn </em>3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a  cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que  Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario,  se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo  muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que  comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la <em> con-solatio</em>, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la  estrella de la esperanza» (<em>Spe salvi,</em> 39).</p>
<p>Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra  alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois  muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo  ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de  vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas  de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos  son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y  hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por  los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del  amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos  fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (<em>ibid</em>.).</p>
<p>Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello  a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría  misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el  desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega  hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los  hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y  significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella  reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios  ama y como Él lo hace: esta es  la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo.</p>
<p>Volvamos ahora nuestros ojos a  la Virgen María, que en el Calvario  nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos  sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando  pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella  firmes al pie de la cruz. Muchas gracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #663300; font-size: small;">© Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</span></p>
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