Cartas

Jueves, 14 enero 2016 11:56

Carta a los niños de Madrid con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera (Domingo, 24 de enero de 2016)

Queridos niños y niñas:

En el Cuarto Principio del Decálogo del «niño misionero» asumís un compromiso en el que afirmáis que «un niño misionero siempre dice: "¡Gracias!"» ¿Cómo me explico este principio en vuestra vida? Me quiero imaginar el encuentro del Señor con los niños, tal y como se relata en el Evangelio. Estoy seguro que después de aquel encuentro de los niños con el Señor, que impedían los apóstoles que se realizara, ante la cercanía del Señor a ellos y ante la valoración que de vosotros dijo el Señor, los niños de modos diferentes, le dijeron a Jesús: «¡gracias!» (cfr. Mt 19, 13-15).

Estoy convencido que los motivos serían muy diferentes para darle gracias. Pero entre otros pienso que serían estos: Gracias por fiarte de nosotros; gracias porque te has acercado a nosotros y te detienes con nosotros; nos regalas tu tiempo y tu amor; gracias porque nos escuchas; gracias porque nos muestras tu amor; gracias porque nos valoras; gracias porque cuentas con nosotros en la construcción de tu Reino; gracias, Señor, por saber hacer descubrir a los que son mayores, que lo que más necesitamos los niños es ese amor inmenso que Tú nos das. Con tu amor, tu gracia y tu mirada crecemos de una manera nueva y damos de lo que Tú mismo nos das: miramos a los demás como hermanos e hijos de Dios, regalamos tu presencia con nuestra vida y mostramos con gestos concretos tu amor inmenso por todos los hombres. Nos sentimos muy agradecidos a Ti. El amor que Tú nos das nos hace generosos y agradecidos, intrépidos y valientes, apóstoles de otros niños para hacerles llegar lo que Tú regalas. Queremos ser «niños misioneros» diciendo tus palabras: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11, 25). ¡Qué belleza adquiere nuestra vida a tu lado y qué capacidad suscitas en nosotros para acogerte en nuestro corazón! ¡Gracias, Señor!

Hace tiempo leía una expresión muy bella de san Francisco de Sales, que decía así: «la única diferencia entre el Evangelio y la vida de los santos es la que va de una partitura musical a su interpretación». Y esto os lo quiero aplicar a vosotros, porque en el Evangelio el Señor dice con claridad: «dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos» (Mt 19, 14). Esta rotundidad con la que habla el Señor, nos da a entender que vosotros los niños y las niñas sois interpretación, no sois una simple partitura que sirve para que alguien con un instrumento musical la interprete. Vosotros sois ya interpretación, con vuestra vida, del Reino de los cielos. Sois esa música que manifiesta amor de Dios, preocupación por todos los niños de la tierra y por todos los misioneros del mundo.

Damos gracias a Dios porque es nuestro Padre misericordioso, que nos cuida y ayuda constantemente. Damos gracias a la Iglesia porque nos enseña quién es Jesús y a quererle mucho. Damos gracias a nuestras familias que nos ayudan a vivir nuestro amor a Dios y a los demás, ¡y que nos quieren tanto! Y, con esta jornada misionera, damos gracias a los misioneros porque con su ayuda y ejemplo muchos niños del mundo tienen lo necesario para llevar una vida digna. Sabemos que muchas veces hacen de padre y madre, de maestros y consejeros, de amigos y catequistas, ¡de hermanos! De tantos niños que viven en situaciones precarias y a veces terribles por la guerra, las persecuciones, la pobreza, las epidemias, el hambre... ¡Gracias, amigos misioneros de parte de todos los niños de Madrid! Infancia Misionera se encarga de llevarles a esos niños y a los misioneros que se encargan de ellos, nuestros deseos y nuestras ayudas. Son pocas y pequeñas. Pero contad con nosotros siempre.

El niño misionero siempre da las gracias, ¿cómo no? Tenemos tantos motivos por los que dar gracias a Dios y a tanta gente que está cerca de nosotros que este podría ser el propósito de este año 2016 que hemos empezado hace unas semanas. ¡Dar gracias a Dios todos los días! Cuando me levanto, cuando me acuesto, al comenzar a comer, o cuando voy a la Misa y recibo el cuerpo de Cristo... ¡Gracias Señor por quererme tanto!

Yo también os doy las gracias a vosotros queridos niños, porque sé que rezáis por mí y con vuestra oración me ayudáis a hacer bien lo que el Señor me pide. Os prometo también que pediré por vosotros el día de la Santa Infancia. Le pediré a Jesús que alguno de vosotros, mis amigos, le digáis que queréis ser los misioneros del mañana, para con vuestra entrega ayudar a muchos niños, como lo están haciendo los misioneros de hoy.

Con gran afecto, el que tuvo Jesús que dijo «dejad que los niños se acerquen a mí», os bendice,

+ Carlos, arzobispo de Madrid

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