Cartas

Lunes, 16 abril 2018 10:15

Carta del cardenal Osoro en apoyo a la Mesa por la Hospitalidad

Queridos hermanos y hermanas:

Al iniciar la Cuaresma os invitaba a «cambiar de moneda» en favor de la oración, la limosna y el ayuno. Son medios seguros para facilitar cambios personales y sociales: «Hagamos este camino cuaresmal con la convicción absoluta de que nuestra conversión mejora el mundo”. En efecto, solo volcando nuestro corazón hacia Dios y hacia el encuentro con el prójimo, apostaremos “por una humanidad en la que todos estemos sentados en la misma mesa».

En este tiempo de penitencia y de gracia, escrutando los signos de los tiempos y considerando especialmente la situación de extrema vulnerabilidad en que se encuentran personas que están llegando a nuestra diócesis huyendo de la persecución o la falta de oportunidades, resuenan con fuerza en nosotros las palabras de Isaías: «Este es el ayuno que yo quiero: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos» (Is 58,7). No es un ideal abstracto o imposible. En las últimas semanas he podido seguir de cerca, con preocupación y con esperanza, cómo personas extranjeras, mayormente jóvenes, después de un periplo migratorio de extrema dureza, quedaban a la intemperie y eran acogidas por hombres y mujeres de buena voluntad en sus propios domicilios. Casas particulares y, en algunos casos, dependencias eclesiales o comunidades religiosas se están tornando en espacios benditos de calor y acogida de emergencia.

El ejercicio de la caridad en situaciones de precariedad y olvido de Dios ha sido un factor de primer orden para contagiar al mundo la fuerza arrolladora del Evangelio desde los orígenes del cristianismo. En el reciente encuentro de Oración y escucha que he tenido en el arzobispado con personas y entidades de acogida, he podido acoger los impresionantes relatos de dolor, el anhelo de justicia y la ilusión de quienes quieren vivir entre nosotros. Me han impresionado los gestos prontos y generosos de quienes se están empeñando en hacerles hueco comprometiendo su propia comodidad. A unos y a otros, «¡nunca los dejemos solos!» (EG 48). Todos ellos son también, de algún modo, palabra de Dios que se dirige a todos nosotros para interpelarnos como Iglesia, invitación a salir de nuestras zonas de confort y a abandonar el terreno de la retórica y poner por obra palabras del Papa Francisco: “acoger, proteger, promover e integrar a los inmigrantes y refugiados”.

«No olvidéis la hospitalidad: por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Hbr 13, 2). Sepamos responder con generosidad y audacia. Por ello, os ruego que prestéis la mayor atención a las iniciativas de la Mesa por la Hospitalidad para elevar el listón de nuestra respuesta como Iglesia ante la movilidad forzosa, y articular la acogida de la mejor manera posible, con «calidad y calidez». Parroquias, comunidades religiosas, movimientos, asociaciones y fieles habremos de utilizar el corazón y la cabeza, considerar ante el Señor nuestras posibilidades de respuesta ante este desafío y recordar a las autoridades sus deberes ineludibles, especialmente para las personas susceptibles de medidas de protección internacional. Al mismo tiempo nos sumaremos a la petición del Papa de que el Pacto Global Migratorio a nivel supraestatal a finales de 2018 ordene de manera segura y racional los desplazamientos humanos.

Con gran afecto os bendice,

+ Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

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