Cartas

Miércoles, 23 septiembre 2020 10:17

Carta del cardenal Osoro a los presos en la fiesta de la Merced 2020

Carta del cardenal Osoro a los presos en la fiesta de la Merced 2020

A mis hermanos y hermanas privados de libertad en el centro penitenciario de Soto del Real (Madrid V) y en el Centro de Inserción Social Victoria Kent

Queridos amigos:

Próxima la festividad de Nuestra Señora de la Merced, quiero compartir con vosotros que, durante toda la pandemia, os llevo profundamente en el corazón y os encomiendo vivamente al Señor. Él conoce como nadie vuestros desgarros y alienta vuestra esperanza. En algunos momentos podéis sentiros terriblemente solos, pero Él no os abandona. No estaréis solos si le hacéis cada día un hueco para hablarle y, sobre todo, para escucharle. Os aseguro que no os fallará.

A causa de esta desgraciada pandemia, llevamos bastante tiempo sin vernos. Lamentablemente, el día de Nuestra Señora de la Merced no podremos celebrar la Eucaristía juntos y rezar a la Virgen con la devoción y la hondura con que soléis hacerlo. Pido a los capellanes que en este tiempo difícil os lleven más que nunca palabras de consuelo y de fortaleza en la fe. En la medida de lo posible, no dejéis de acoger la Palabra de Dios y el Pan de la Eucaristía, que harán más llevadero y fructuoso el tiempo de privación de libertad.

Os lo he dicho en reiteradas ocasiones y os lo repito ahora: sin vosotros la Iglesia de Madrid estaría amputada. Vuestra oración atraviesa el cielo y llega a Dios. Lo he comprobado cuando os he ido a ver. Personalmente siempre he salido confirmado en la fe y alentado por vuestra acogida y vuestro cariño. Os pido que aprovechéis vuestra estancia forzada en prisión para convertir este tiempo, muchas veces aburrido, deprimente y difícil, ahora incluso con menos posibilidades de comunicación con vuestros seres queridos y menos actividades, en una oportunidad para experimentar la ternura y la cercanía de Dios. El no nos deja solos y se hace especialmente cercano en los momentos más duros. Y ello a pesar de que nosotros nos olvidemos de Él o le recriminemos. Aun en el ambiente hostil de una prisión, no dejéis de practicar la fraternidad, la ayuda mutua, la no violencia y la revisión crítica de vuestra propia vida. Ello facilitará el retomarla con responsabilidad y con paz. Os agradezco muchísimo los esfuerzos que estáis haciendo en este tiempo complicado por mantener la serenidad y la convivencia pacífica.

No estáis solos en el complejo camino de la reincorporación social. Es verdad que muchas veces os ponemos las cosas difíciles. Haber estado preso es un estigma que excluye y que las comunidades cristianas tenemos que combatir con toda intensidad. La Iglesia tiene que ser parte activa y operante de vuestro anhelo por la plena integración en la vida social. Los que seguimos a Jesucristo no podemos dar nunca a nadie por perdido y tenemos que empeñarnos en construir una sociedad más justa y equitativa.

La suma de la gracia de Dios, el empeño personal, las políticas sociales y los medios adecuados producen auténticos milagros de rehabilitación. A esa tarea de conversión personal y social somos llamados todos. Nos necesitamos. Nadie sobra. Nadie puede ser descartado.

Tengo muchísimas ganas de visitar a los que me tenéis y os tengo por amigos en Soto del Real. Os diré que ya está en la editorial el libro que tenemos escrito a medias con las cartas que me habéis enviado. Espero ir a presentároslo cuando las circunstancias lo permitan. También me hace mucha ilusión ir a visitar el CIS Victoria Kent, cosa que haré en cuanto sea posible.

Os mando un saludo muy cariñoso a través de la delegada episcopal y vuestros capellanes, con el deseo de que pronto las cosas se normalicen. Pido a Dios por vosotros y os pido que vosotros recéis también por mí.

Presento también ante Nuestra Señora a vuestras familias, vuestros anhelos personales y a todo el personal que trabaja en la institución penitenciaria y a ese fabuloso voluntariado de la Iglesia que muestra el rostro y la ternura de Cristo entre vosotros.

No estáis solos. Que el Dios libertador de cautivos y su entrañable Madre os concedan todas las mercedes que necesitéis.

Os quiere y os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

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