Catequesis

Martes, 09 julio 2019 14:53

Vigilia de oración con jóvenes (05-07-2019)

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Comenzamos hoy con la convicción absoluta de esta palabra que el Señor nos regala hoy, y que se va a proclamar el domingo en toda la Iglesia, en todas las partes de la tierra; con esta convicción de que el Señor nos llama a la misión, nos llama a anunciar el Evangelio, nos llama a ponernos en camino. Esa expresión que hemos escuchado, «poneos en camino», es la que nos pide el Señor.

En este mes de julio, siempre estamos muchos menos. Pero también es verdad que estamos menos porque muchos jóvenes están fuera: están de campamentos; otros se han marchado a misiones también, a diversos lugares del mundo, a dar unos días de su vida en la misión; otros están en otros lugares cercanos a nosotros, pero trabajando con enfermos, trabajando con gente que tiene minusvalías, trabajando con ancianos…

Yo quisiera que esta noche sintiésemos delante del Señor la necesidad de tener presentes aquí a todos los jóvenes que viven en nuestra Archidiócesis de Madrid. A todos los jóvenes. Porque el Señor nos está invitando a vivir tres realidades que acabamos de escuchar en el Evangelio.

En primer lugar, el Señor nos está invitando, y nos dice: «Poneos en camino». Lo acabáis de escuchar. Pero no vayáis solos. Id con otros. El Señor pone el ejemplo de ir de dos en dos. E id porque yo quiero llegar a esos lugares, y vosotros vais haciendo las veces mías. A los lugares donde pensaba ir Él. El Señor nos envía. Quiere que salgamos. Además, nos dice que la mies es abundante. La necesidad de escuchar la buena noticia está en todos los lugares del mundo. La necesidad de escuchar eso que nos dice tantas veces el Seño, «venid a mí todos, también los que estáis agobiados, los que estáis cansados… venid a mí». No os va a ser fácil, nos dice el Señor, salir a este mundo. Porque os mando, como nos dice el Señor, como corderos en medio de lobos. Tendréis dificultades. Pero la noticia que vais a dar es tan importante, tiene tal fuerza, tiene tal densidad, tiene algo que no tiene ninguna otra noticia, y es que viene de Dios. No la dais vosotros mismos: viene de Dios. Y aunque haya muchos lobos, vosotros vais a salir adelante.

Nos invita el Señor. Él nos dice hoy: «poneos en camino». Qué palabras más bellas nos ha dirigido el Señor a todos nosotros en el Evangelio que acabamos de proclamar. Unas palabras llenas de fuerza y llenas de vida. «La mies es abundante». «Poneos en camino». «Daos prisa».

En segundo lugar, no solamente el Señor nos hace esta invitación a todos, sino que nos dice: «y vais a ir por el camino con estas herramientas: mi amor, mi gracia y mi paz. No llevéis ni talega, ni alforjas, ni sandalias. Id con las herramientas que yo os doy. Llevad mi paz. A todos los hombres». Es impresionante esto, cuando uno se retrotrae a ver los primeros momentos de la Iglesia. Los discípulos de Jesús. Unos hombres del pueblo. Unos hombres sin ninguna preparación especial. La que habían adquirido junto a Jesús el tiempo que había estado con ellos. Los tres años de vida pública, ellos se habían acercado al Señor, y ciertamente les había entusiasmado.

Ellos habían recibido la fuerza del Espíritu Santo que el Señor había prometido enviarles para que fuesen valientes, y quitasen los miedos, y abriesen las puertas, y saliesen al mundo conocido de entonces para anunciar el Evangelio. Pero es cierto que el Señor les dijo: «No os voy a dar ninguna cosa especial. Os doy estas herramientas: mi gracia, mi fuerza, mi amor, mi paz, mi entrega, mi servicio».

Como veis, es precioso esto que nos dice el Señor. Poneos en camino. Entrad a todos los caminos por donde van los hombres. Pero no vayáis con otras herramientas, que no son válidas. Las válidas son mi gracia, mi amor, mi paz, mi entrega, mi donación a todos los hombres… Eso que nos dice el Evangelio, que hemos proclamado el día de hoy: cuando el Señor ve que los escribas están criticándole porque se ha sentado a la mesa de un publicano, un pecador, y Jesús sale hacia ellos para decirles: no he venido a buscar a los justos, sino que he venido a buscar a los pecadores. He venido a ser médico de los hombres que ciertamente necesitan cambiar el corazón.

Y a esto nos invita el Señor. Nos invita a ser misioneros. Poneos en camino, os decía, en primer lugar. Y es la invitación que yo os hago en estos momentos también, y sois los primeros que recibís esta invitación, porque no ha salido el Plan de Pastoral todavía. Pero hacemos un Plan de Pastoral este próximo curso, y quiero contar con vosotros en primer lugar. Por eso, es a los primeros a quienes se lo presento a través de esta página del Evangelio que acabamos de proclamar. Así como hicimos en años anteriores el Plan Diocesano de Evangelización, donde veíamos los retos que tenía Madrid, y la gente que ha trabajado en ese Plan vio que había tres retos fundamentales: los jóvenes, la familia y la presencia de los cristianos en la vida pública. Que se note que estamos presentes. Y no tanto por las cosas que digamos, sino por las herramientas que utilizamos para mantener el diálogo y la conversación con todos los hombres que nos encontremos, y para cambiar este mundo. Que son las que nos ha dado el Señor esta noche.

Después de ver esos retos, los hemos acogido. Y vamos a comenzar el próximo curso el Plan Diocesano Misionero. El PDM. Quiero contar con vosotros para hacer ese Plan, y llevarle a cabo. Para anunciar a Jesús en Madrid. Para anunciarle en todos los rincones donde están los jóvenes y donde viven los jóvenes. Para hacerles, ver con las herramientas que el Señor nos da, que es posible. Que es urgente que acojan a Jesucristo: en la familia, en los jóvenes, en su corazón. Y que lo hagamos presente en medio del mundo. No con algaradas, sino con las herramientas que Jesús mismo nos da. Por eso, esta noche tiene como mucha más actualidad el Evangelio que hemos proclamado: «Poneos en camino». Os doy estas herramientas.

Y, en tercer lugar, ya veréis cómo volvemos contentos y alegres. Habéis escuchado el Evangelio que acabamos de proclamar. Cuando llegaron los discípulos, venían contentos, alegres. Y querían contar al Señor lo que habían vivido. Los discípulos le dicen: Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Y Jesús interpreta esto. Y por eso dice Jesús: veía a Satanás caer del cielo como un rayo. ¿Qué significan estas palabras? Significan que la escala de valores del mundo y del sistema de dominación y de poder se está desmoronando, queridos amigos. Se está desmoronando. Y se desmoronaba con la acción liberadora de los discípulos de Jesús. Se caía. Se venía abajo.

Vivimos en un momento en el que se derrumban muchos valores falsos. En el que se derrumba el sistema imperante. La crisis económica. El cambio climático. Todos esos acentos y realidades que vemos que se nos dicen. La decadencia de este derrumbe ha comenzado. Y los signos de los tiempos están ahí. Y en este contexto, nosotros, como los primeros, estamos invitados a volver la mirada a Jesús. A volver la mirada al resucitado. A Cristo. Y a abrir nuestros ojos a la belleza liberadora del Evangelio de Jesús. Tiene una belleza especial para los jóvenes. Aquellos discípulos, nos lo dice el evangelio que acabamos de escuchar, como habéis visto, le decían: Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Eso decían los discípulos. Él les contestó Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Se venía abajo. Y quedaba precisamente la liberación que vosotros entregabais en mi nombre a los hombres. Quedaba esa liberación. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones, y no os hará daño alguno.

¿Qué nos quiere decir el Señor?. Él nos da la fuerza de superar todo aquello que envenena y amenaza la vida del ser humano. Nos da lo necesario para superar esto, a pesar del poder destructor del veneno que pueda existir, que mata al ser humano. Las serpientes y escorpiones. Eso, comparado con la fuerza que tiene nuestro Señor, no hace daño. Por eso aquí se fundamenta nuestra confianza en Jesucristo. Quiere decir que por muy grande que sean las dificultades que atravesamos en la vida, tenemos la suficiente fuerza para superar todo, porque la fuerza está en nuestro Señor Jesucristo, a quien nosotros adoramos, y en quien nosotros sentimos ahora mismo la presencia de Él.

Como veis, es una maravilla: poneos en camino. Con estas herramientas: mi gracia, mi amor y paz. Y estaréis contentos. Y volveréis alegres. Porque veréis cómo mi fuerza hace que se derrumben los falsos valores, y entre el verdadero valor que es Cristo. No os hará daño ningún veneno. Al contrario: os superareis. Y estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Jesús aporta un matiz a la alegría de los discípulos, que hoy nos la quiere dar a nosotros. Un matiz importante, queridos amigos. Muy importante. ¿Qué quieren decir estas palabras? ¿Qué quiere decir: estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos? Quiere decir que toda verdadera alegría está en Cristo. Que fuera de Él no puede haber ninguna alegría, pues ninguna alegría es auténtica hasta que deje de apoyarse en cosas que pueden ser arrebatadas. Pero Cristo no puede ser arrebatado. La alegría nuestra se basa en una experiencia. En la que esta noche tenemos aquí, juntos. Sentirnos amados por Dios. Y esto basta para vivir con esperanza. Sentimos la cercanía de Cristo. Y basta para vivir con esperanza. Para vivir con alegría. Sentirnos amados. Y sentiros amados como Él nos ama. Y nos envía a que amemos como Él nos ama. Apasionadamente.

¿No veis la cantidad de gente que existe, y quiere llenarse? Y tiene adicciones diversas. De todo tipo. De todo tipo. De lo más raro que podáis imaginar, hasta lo más sencillo. Adicciones. La gente tiene necesidad de ser amada. Y este amor lo encontramos en Cristo.

Queridos jóvenes: en vosotros, yo hablo a todos los que estén en Madrid y se quieran incorporar en este Plan Diocesano Misionero. Yo os propondré alguna cosa especial para que hagamos todos juntos. Alguna cosa especial. Pero no os la voy a decir hoy, porque se os olvida con el verano. Vamos a hacerla juntos. Y vamos a vivir el Plan Diocesano Misionero en esa línea de ocuparnos de los jóvenes. Los jóvenes evangelizan a otros jóvenes. Y tenemos que hacerlo. No con palabras. Con obras. Hay mucha gente en Madrid que está sola. Hay muchas residencias de ancianos. Hay muchos lugares donde la gente vive… Hay muchos niños que no tienen la atención que tienen que tener. Hay muchas realidades humanas en las que el Señor quiere hacer posible que venga la alegría. Su alegría.

Pues, queridos amigos: poneos en camino. Ya. Con estas herramientas que Jesús nos da: su gracia, su amor, su entrega, su paz. Y sentid la alegría. La alegría de sentir el cariño de nuestro Señor. Nos ama y cuenta con vosotros.

Que el Señor os bendiga.

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