Catequesis

Viernes, 30 abril 2021 13:35

Vigilia de oración por las Vocaciones (23-04-2021)

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Buenas noches en esta vigilia de oración por las Vocaciones, en la que nos queremos dejar hacer esa pregunta: «¿Para quién soy yo?». Una pregunta que los discípulos de Jesús, todos los discípulos, tenemos que hacernos. «¿Para quién soy yo?».

En esta página del Evangelio que acabamos de proclamar hay tres cuestiones que, cuando nos hacemos esta pregunta, tenemos que vivir: todos pastoreamos, todos los discípulos de Jesús pastoreamos, tenemos que cuidarnos los unos a los otros; todos los discípulos de Jesús, misionamos, porque Él nos envía. Y todos los discípulos de Jesús, regalamos, tenemos que regalar su vida.

«¿Para quién soy yo?». ¿Soy para este Jesús, que me pide que cuide a los demás?. ¿Que sea pastor de los demás?. ¿Que sea misionero?. ¿Y que regale su vida?.

Es verdad que a esta pregunta, «¿Para quién soy yo?», se puede responder de muchas maneras. Y lo habéis visto en los cuatro testimonios que hemos escuchado: testimonio de un matrimonio, testimonio de un diácono que pronto será sacerdote, testimonio de ese sentido misionero que tiene que tener nuestra vida, y testimonio también de una consagrada, de una religiosa.

Nos pastoreamos unos a otros. ¿Cómo? Y tenemos que buscar nuestro lugar. O, mejor, tenemos que dejar que el Señor nos busque el lugar en el que cada uno tenemos que estar. Pero lo que sí es verdad es que pastoreamos dando la vida, como Jesús. No abandonando a nadie. El buen pastor no abandona: busca siempre a las ovejas. El asalariado que no es pastor, ve las dificultades y marcha. Pastoreamos cuando damos la vida. Cuando no abandonamos a nadie. Cuando lo que nos importa es buscar lo mejor para los demás. Y, naturalmente: «¿Para quién soy yo?». Tenemos que ir buscando dónde encajamos nuestra vida, según lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón, lo que sentimos y vivimos en lo más profundo del corazón, y también si tenemos las cualidades que se necesitan. Siempre pone casi todo lo demás el Señor. Pero, para pastorear. Lo que sí está claro es que todo discípulo de Jesús, en los diversos modos de vivir ese discipulado, tenemos que dar la vida. No podemos abandonar a nadie. Y tenemos que buscar lo mejor. Porque eso es lo importante. Buscar lo mejor para los demás. Esto es pastorear. Y, delante del Señor, que cada uno sepamos decirle: Señor, dime para quién soy yo. Soy para ti, pero dime. Dime. Hazme la concreción de mi vida.

En segundo lugar, misionamos. Somos misioneros. Las palabras de Jesús en el Evangelio han sido claras: tengo que buscar, tengo que atraer y tengo que unir. Es importante lo anterior -ver cómo pastoreamos-, porque si yo después no estoy encajado en lo que el Señor desea de mí, pues ni busco, ni atraigo, ni uno. Divido. Como eso yo no lo quiero ser, no atraigo. Somos misioneros. Tenemos que cuidar en primer lugar a los demás. A todos. Y tenemos que buscar cómo los cuidamos. Tenemos que ser misioneros. Y tenemos que regalar la vida de Jesús. No la nuestra. La vida de Jesús.

Han sido preciosas las palabras del Evangelio, cuando Jesús dice: Yo entrego mi vida. Y la entrego para poder recuperarla. Pero la entrego. Y la entrego totalmente. Nadie me la quita. Yo la doy libremente. Entregar la vida para dar vida. No para dar muerte. No para dar desilusión. No para acompañar a la gente como si llevásemos un saco que no lo podemos aguantar, y la gente ve que no lo aguantamos, que no estamos en el sitio en el que tenemos que estar, que no estamos alegres, que no estamos contentos, que no servimos…. Regalamos vida. Y la vida de Jesús es vida en abundancia. Es vida que en medio de la dificultad uno está alegre. Es vida porque siempre hace al otro crecer. Siempre. Nunca lo limita.

Con el corazón abierto, hoy nos hemos reunido aquí, en la catedral, para rezar por toda la Iglesia. Para rezar por esta Iglesia que hace esta vigilia de oración por las vocaciones. Y que asume esta pregunta: «¿Para quién soy yo?». Es una pregunta que nos la tenemos que hacer siempre. Nos construimos en la relación. Sin relación, no nos construimos. Y la relación máxima, la más grande, la más constructiva, es la que tenemos con Jesús. Y, en esa relación con Jesús, es donde nace esta pregunta: «¿Para quién soy yo, Señor?».

Que sepamos responder a esta pregunta. En la Iglesia hay muchos lugares para ser «para ti». Muchos lugares. Que busquemos dónde encajamos mejor. Pero que nunca lo hagamos por comodidad. Se trata de construir al otro. Y eso no es cómodo: hay que dar algo. Hay que da la vida. Hay que pastorear. Hay que misionar. Hay que regalar vida. Y eso cuesta siempre, cuando lo hace uno desde sus propias fuerzas. Si lo hace con la fuerza de nuestro Señor, y busca en Él, será capaz de hacer cosas grandes.

«¿Para quién soy yo, Señor?»

Vamos a vivir un momento de oración junto a nuestro Señor Jesucristo, realmente presente en el misterio de la Eucaristía. Que nosotros le pidamos al Señor por todos los jóvenes de Madrid. Por todos. Todos están aquí, esta noche, con nosotros. Para que de alguna manera el Señor les haga hacerse esta pregunta. A veces algunos estarán muy lejos. «¿Para quién soy yo?».

Que en lo profundo de nuestro corazón respondamos esta noche al Señor.

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