Catequesis

Miércoles, 15 junio 2022 15:11

Palabras del cardenal Osoro en la vigilia de oración con jóvenes (3-06-2022)

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Hay cosas y situaciones que quizá nos ayudan a entender lo que el Señor, en este Evangelio, nos quiere decir a todos nosotros. (Perdonad que mi voz no esté hoy algo mejor; por lo menos la tengo ya, porque he estado sin voz un día entero). Pero hay ciertas expresiones que yo creo que son importantes para acoger en nuestro corazón: anochecer, puertas cerradas, miedo, Jesús en medio entregándoles la paz, alegría, envío… Son palabras en las que yo quisiera detenerme un instante delante de Nuestro Señor.

Los discípulos primeros de Jesús, igual que nosotros en muchos momentos de nuestra vida, estamos en ese claroscuro, en el que vemos algo, pero no vemos del todo. Ese es el anochecer al que se refiere el Evangelio, y en la situación en la que estaban los primeros discípulos. Con las puertas cerradas y en el claroscuro, sin ver del todo. Y con miedo.

Esta es la situación que a veces tenemos nosotros en esta humanidad en la que estamos. Hay puertas cerradas a la presencia de Dios en esta historia y en este mundo. A Dios se le quiere echar de la presencia de los hombres. Por otra parte, está también esta situación de miedo. La humanidad está teniendo profundos miedos. La guerra de Ucrania que estamos viviendo es un dato más, pero hay muchísimos otros en este mundo que hacen que muchas partes de la humanidad…Y, toda la humanidad que piensa algo, tiene miedos.

Puertas cerradas. Miedos. Y Jesús, ante esta situación, se presenta, como realmente está aquí, en el misterio de la Eucaristía, esta noche. Y nos dice: «paz». «Paz a vosotros». La paz no era una palabra más. La paz era Él mismo. La paz era la seguridad que les daba a los discípulos el ver al Señor. La paz era la seguridad que les daba de haber visto cómo Jesús hacía cosas impresionantes ante situaciones diversas en las que vivían los hombres, y los sacaba de todos los atolladeros en que pudieran estar los hombres. Paz. Esta paz es la que nos sigue ofreciendo Jesús a nosotros. Y es la paz que están buscando tantos y tantos hombres en este mundo. Tantos jóvenes que, con lo que les da la vida, la historia, la cultura, en estos momentos, no llenan su corazón ni llenan su vida. Tienen muchas oportunidades para hacer estudios de todo tipo, pero les falta algo en el corazón, que solamente Dios puede dar a los hombres.

Esta experiencia es la que tuvieron los primeros discípulos de Jesús. La experiencia de unos hombres miedosos, intranquilos, sin futuro, sin presente, con muchos miedos. Y Jesús se aproxima a su vida, como se aproxima a nuestra vida esta noche. Y Jesús, lo mismo a ellos que a nosotros, nos dice: «Paz a vosotros».

Nos dice el Evangelio que ellos se llenaron de alegría. La alegría a la que se refiere el Evangelio no es la del triunfo de la vida. Es la alegría que nosotros tenemos esta noche junto a Jesús, porque vemos que nos quiere; que Dios nos ama; que Dios cuenta con nosotros; que Dios nos acoge; que Dios nos interpela; que Dios quiere que hagamos el camino de la vida con Él: con su amor, con su entrega, con la versión que Él da al ser humano. Él quiere que hagamos este camino así.

Y esta noche Jesús, lo mismo que entonces, nos dice: Paz. Paz a vosotros. Y, naturalmente, yo quisiera que la alegría estuviese en vuestro corazón. Es la alegría que nos da un Dios que no es extraño a la vida de los hombres. Es la alegría que nos da un Dios que camina junto a nosotros; que nos da su vida; que nos da su gracia; que nos da su amor; que nos da su entrega; que nos da la versión humana con la que Él quiere que vivamos los hombres. Este Jesús que nos dice: os perdono, os quiero, os amo; y no me importa cómo estáis ahora, ni me importa quizá lo que hayáis hecho. Os quiero.

Cuando Dios hace esto con nosotros, ¿cómo no vamos a darle una respuesta diferente a la que a veces entregamos a la vida? Paz a vosotros.

El Señor dice: «Como el Padre me ha enviado, así envío yo». Yo os envío para que protagonicéis en este mundo mi manera de ser y de vivir; para que entreguéis a este mundo lo que este mundo no tiene; que se cree que con sus fuerzas va a alcanzar un cambio en esta tierra. No. Solamente el cambio vendrá si el ser humano acoge la fuerza del amor de Dios y construye este mundo con el amor de Dios.

Paz a vosotros. Paz. Os envío yo para que entreguéis esta paz. Para que regaléis esta paz. Para que afrontéis los problemas de esta tierra con mi paz, con mi amor, con mi entrega, con mi manera de protagonizar la relación con todos los hombres. Por eso, para nosotros, esta noche es especial. Porque es verdad que Jesucristo siempre está con nosotros, pero es verdad que esta noche, en el misterio de la Eucaristía, está realmente presente, aquí y ahora, con nosotros. Y nos da su abrazo. Y nos da su amor. Y nos da esa presencia en la que encontramos la paz.

Contemplad al Señor unos instantes. Y dejaos entregar esa paz de Jesús. Y salgamos a hacer camino en esta tierra, no con cualquier herramienta, sino con la única que cambia la tierra, este mundo y el corazón de los hombres: su amor. Y esto no es una teoría. Esta ha sido la realidad de tantos hombres y mujeres que, a través de la historia, han hecho posible esto.

El mundo en el que vivimos está deteriorado en muchos aspectos. El mundo en el que vivimos, en algunos lugares, sobre todo, quiere retirar a Dios de la vida. No a base de percusiones directas, sino de no nombrarle para nada, de no contar con Él, que es una forma de decir que no existe. Y este mundo, cuando el ser humano camina con sus propias fuerzas, y no tiene remites de ningún tipo más grandes que Él, normalmente está a la deriva, porque dependerá del que más fuerza tiene. Y un mundo no se puede hacer a la fuerza con fuerzas. La construcción de este mundo se hace con el amor de Dios. Y los discípulos de Cristo, desde hace 21 siglos, estamos intentando regalar este amor en todas las partes de la tierra.

Hoy el Señor hace un milagro con nosotros. Y nos lo vuelve a recordar: «Paz a vosotros». «Mi paz con vosotros». «Mi amor con vosotros». «Transitad esta tierra con mi paz, con mi amor, con mi entrega».

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