Homilías

Jueves, 29 octubre 2015 15:35

Homilía de monseñor Carlos Osoro en la Misa de inauguración del Congreso Ratzinger de la Universidad Francisco de Vitoria (27-10-2015)

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Estamos celebrando esta Eucaristía cuando comienza este Congreso Internacional de Joseph Ratzinger y que lleva un título especial y singular: La oración, fuerza que cambia.

Acabamos de escuchar y de cantar todos juntos el salmo 125, donde decíamos que el Señor ha estado grande con nosotros. Es una realidad. Como a santa Teresa de Jesús le gustaba decir: nosotros no somos los que buscamos a Dios, es Dios quien nos busca a todos nosotros. Y ha estado grande con nosotros porque nos ha dado su vida, hemos conocido el rostro de Dios en Jesucristo, nuestro Señor; hemos conocido la vida de Dios, que nos ha sido regalada y entregada por el Bautismo, y hemos experimentado también lo que supone poner en acto esta vida de Dios en medio de esta historia y de este mundo.

Buscados por Dios. Nos hemos dejado encontrar por Dios. Hemos conocido también que, si queremos mantenernos firmes en este mundo, en las huellas de nuestro Señor, tenemos que vivir en ese diálogo permanente. Este salmo que acabamos de cantar tiene una belleza especial. Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar, y los gentiles decían: el Señor ha estado grande con ellos.

Esto es lo que tienen que decir, también, todos los hombres que nos rodeen en este mundo: que experimenten por nuestro modo de vivir, de estar en medio de esta historia, que Dios está grande con nosotros, que nos hace volver siempre cantando, siendo nuestras vidas un pentagrama donde las notas son nuestras propias acciones que van diciendo la belleza y la fuerza que tiene el Señor en nuestras vidas.

Después de escuchar esta página del Evangelio, este capítulo 13 del Evangelio de san Lucas, donde se nos manifiesta lo que al papa Benedicto XVI, antes de ser obispo, siendo teólogo, le gustaba decir: que el gran tema central de la predicación de Jesús, el que dominó la predicación de Jesús, es precisamente la predicación del reino de Dios.

Jesús, además, es el Reino en persona. Sí: Dios reina, nos ha revelado Jesucristo, está presente y este reinado es decisivo para los hombres. Este Reino se desarrolla donde se realiza la voluntad de Dios, y esta se realiza cuando Dios vive en nosotros, y nosotros llevamos a Dios a este mundo. Por eso, esta noche, al iniciarse aquí este Congreso que tiene este marco maravilloso, La oración, fuerza que cambia el mundo, querría hacer llegar a vuestro corazón y a vuestra vida tres aspectos que han aparecido en el Evangelio que acabamos de proclamar.

El Señor quiere reinar. Démosle al Señor nuestra vida, dejemos que nuestro corazón sea conquistado por el Señor, dejemos que se haga verdad aquella expresión paulina: no soy yo, es Cristo quien vive en mí. El Señor quiere reinar. El Reino se desarrolla donde la voluntad de Dios se realiza, y la voluntad de Dios es que quiere estar en medio de los hombres, que quiere hacerlo a través de nosotros. Él vive en nosotros y nosotros tenemos que llevar a Dios al mundo. Este deseo de Dios tiene que ser esa gran decisión que tomamos en nuestra vida: vamos a dejarle que entre en nuestro corazón.

En segundo lugar, el Señor nos invita a trabajar por el Reino, a desarrollar todas nuestras actividades, todo nuestro quehacer, con todo nuestro entusiasmo, con toda nuestra vida: que en todas las acciones que hagamos en medio de este mundo y con los hombres se manifieste la vida de Dios.

Jesús es el Reino en persona y, en la medida en que vivamos más en comunión con nuestro Señor, en la medida en que digamos más y con más verdad que es Cristo el que vive en nosotros, se hará ese Reino, porque nuestras maneras de actuar, de ser, de interpretar las cosas, nuestro corazón será el corazón de Dios mismo, y lo entregaremos en la vida que cada uno realizamos y tenemos en este mundo, y en el quehacer que Dios nos entrega y nos regala.

Como veis, esta página del Evangelio tiene una actualidad tremenda. Él quiere reinar: démosle el corazón, trabajemos por el reino de Dios. Sí, Dios reina, tiene que estar presente, y es decisivo para los hombres.

Queridos hermanos y hermanas: este momento histórico que estamos viviendo es decisivo. No se trata de hacer estrategias, que siempre terminan mal; se trata de llevar y de hacer presente a Cristo nuestro Señor. Él quiere hacerlo a través de nuestras vidas, del camino que realicemos en medio de los hombres.

Hagamos realidad el deseo del Papa Francisco, que nos invita a salir, a entrar en los caminos por donde van los hombres. Pero no entremos de cualquier manera: trabajemos porque el Reino de Dios se visibilice, se experimente, para que descubran los que van a nuestro lado que algo diferente ha aparecido en este mundo, que es Cristo, que quiere hacerlo a través de nosotros.

En tercer lugar, el Reino no es del mundo, no es de este mundo, pero cambia este mundo. El Reino no viene de acá abajo, viene de arriba, ha venido con Jesucristo y cambia este mundo, hace verdad lo que el apóstol Pablo nos dice en la carta a los Corintios cuando nos narra ese himno maravilloso: podíamos tener todos los tesoros que nosotros nos imaginemos, pero si no tengo amor no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. El amor es compasivo, es servicial, no tiene envidia, no es maleducado ni egoísta, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia y se alegra con la verdad, disculpa sin límites, aguanta sin límites, espera sin límites, es Dios mismo y no pasa nunca. Es el amor de un Dios que nos buscó, que nos encontró, que le hemos dejado entrar en nuestra vida, que nos da el impulso para entrar en los caminos, trabajando y haciendo realidad el reino de Dios, que nos hace ver con toda claridad que no es de este mundo, que no lo busquemos. Es de Dios pero cambia este mundo. Esto solo se puede hacer y realizar con la fuerza que cambia el mundo, que es en el diálogo permanente con Dios, en la amistad íntima con este Dios que se nos ha revelado en Jesucristo y que se va hacer presente en este altar dentro de unos momentos, en el misterio de la Eucaristía.

Con este Jesús que se acerca a nuestras vidas, que quiere establecer con nosotros esa comunión y ese diálogo, que nos impulsa y nos hace salir a esta tierra y a este mundo, no con nuestras fuerzas sino con la que viene de Dios, de arriba, pero que es la única que hace posible que cambie este mundo y que cambien los corazones de los hombres.

Que vivamos este Congreso Internacional haciendo esta memoria del Papa Benedicto XVI, a través de sus escritos. Cuántas veces en ellos habló del reino de Dios. Acojamos el reino de Cristo, como el Papa nos dice y manifiesta en todos sus escritos: en Cristo, Jesús es el Reino en persona. Acojámoslo en nuestro corazón.

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