Homilías

Miércoles, 26 junio 2019 14:54

Homilía del cardenal Osoro en la festividad litúrgica de san Juan Bautista (24-06-2019)

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Querido cuerpo de la Policía Municipal. Autoridades. Queridos hermanos y hermanas todos.

Hoy nos reúne aquí esta fiesta de san Juan Bautista, patrono de la Policía Municipal. Esta fiesta que siempre ha sido entrañable para todos nosotros. Y que yo, después de todas las diócesis que he visitado, la he celebrado con todas las Policías Municipales: de Orense, de Asturias, de Oviedo, y a veces de Gijón también, de Valencia, y aquí en Madrid los años que llevo con vosotros.

La primera lectura que hemos escuchado nos habla de una expresión que dice el Señor a san Juan Bautista, y que a través del profeta Isaías la repetimos también hoy: «Te hago luz de las naciones». Y cuando esta mañana estaba rezando y meditando en lo que esto significa para nosotros hoy, pensaba en aquel viaje que la Virgen Santísima hace desde Nazaret a la casa de su prima Isabel, donde ya Juan Bautista estaba en el vientre de su madre, y la presencia de la Virgen hace que Juan Bautista experimente la presencia misma de Dios. De tal manera que nos dice el Evangelio que la criatura saltó de gozo en el vientre.

De alguna manera, podríamos decir que todos vosotros, el cuerpo de Policía Municipal de todas las ciudades, sois un cuerpo que a quienes vivimos en la ciudad nos da una seguridad especial. De alguna manera, experimentamos el gozo que Juan Bautista experimentó ante la cercanía de Dios. Da seguridad. Y da capacidad para moverse con una libertad especial. Es cierto. «Te hago luz de las naciones».

Quizá, nuestra experiencia hoy, la que el profeta Isaías nos dice que tenemos todos los hombres -me llamó, me escogió, me hizo espada afilada, me manifestó que me había formado, que me había honrado con su fuerza- esta experiencia de entregar algo de luz en la vida de los hombres y seguridad en la existencia humana, es lo que quisiera en primer lugar deciros al cuerpo de Policía. Que experimentemos en esta celebración el gozo de tener esa profesión que cultiva la seguridad. Y que la cultiva porque la experimentamos los demás cuando estáis con nosotros.

En segundo lugar, el Señor, en la segunda lectura, nos ha dicho que nos da a todos nosotros, nos hace experimentar a todos los que vivimos en este mundo, que Él nos va a formar según su corazón. Han sido preciosas las palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles, donde se nos dice de Pablo que Él mismo experimenta en su propia existencia cómo le ha sacado de una situación en la que vivía malamente, en la que incluso había perseguido a los cristianos, había participado en la matanza de Esteban… Y, sin embargo, el Señor le saca de esa situación y le hace formar su vida según el corazón de Jesucristo.

Dios nombró rey a David. Y nos dice el texto que «encontré a David hombre conforme a mi corazón, que cumplirá mis preceptos». Y yo también, cuando hoy escuchaba esta lectura y la meditaba, pensando en la celebración de esta tarde, veo que de alguna manera el Señor os ha entregado una profesión al cuerpo de Policía Municipal que os hace ver en todos, sin distinción de ningún tipo, a personas que hay que cuidar, en las que hay que pensar, a las que hay que capacitar también para que nos relacionemos como seres humanos…

Es algo impresionante. Porque lo mismo que Dios, de su descendencia, el pueblo de Israel, quiso que naciese Jesús, y que siendo Dios se hiciese hombre y participase en un rostro humano que le dio la Santísima Virgen María, y que pasease por este mundo cuidando a los hombres; de alguna manera hoy, a través de esta fiesta de san Juan Bautista, nosotros también sentimos el gozo de participar en cuidar a los demás.

No solamente, como os decía hace un instante, el Señor nos invita a mantener su luz, a ser su luz, a entregar su luz, sino a formar nuestro corazón para anunciar esa buena noticia de que los hombres son hermanos. Y que, por tanto, tenemos que respetar; tenemos que saber convivir; tenemos, no que estropear, sino guardarnos los unos a los otros. Y es necesario que haya personas que nos lo recuerden. Y nos lo digan. Y no solamente con las palabras, sino fundamentalmente con los hechos y con vuestra vida.

Ser luz. Ser cuidadores de los demás. Y, en tercer lugar, el Señor nos ha dicho en el Evangelio cómo ante Juan Bautista todos los vecinos, que habían visto cómo había sido el nacimiento: de una mujer ya mayor había venido Juan; y cómo el nombre no quería ser el que normalmente se ponía, como pasa muchas veces hoy: el nombre de su padre si es hijo, o de su madre si es hija; sino que tanto Zacarías como Isabel dijeron que se iba a llamar Juan. Se va a llamar Juan. Pero si nadie se llama así. Pues se va a llamar así. Porque, ciertamente, es alguien que es extraordinario. Así lo decían los vecinos: ¿qué va a ser de este niño? Algo sucedió extraordinario aquí.

Queridos hermanos: tenéis un nombre. Policía Municipal. Un nombre que cuida y que es un nombre, como os decía antes, para mantener la luz, para ser cuidadores de los demás. De la convivencia. Un nombre especial os ha dado el Señor. Nos decía el Evangelio que la mano del Señor estaba con él. Pues yo le pido esta tarde para todos los que estamos aquí, para toda la Policía Municipal de Madrid, que hagáis verdad vuestro nombre. Que la mano del Señor esté en vosotros. Para cuidar. Para poder convivir. Para poder establecer unas relaciones fraternas, tanto en los que estamos en la ciudad como con los que vengan de visita, que encuentren aquí, en este lugar, ese nombre nuevo que Jesús nos ha dicho: sois hermanos. Nos lo ha dicho así en el Padre nuestro. Y ese nombre nuevo, con vuestra profesión, intentáis que se mantenga en la convivencia, en el respeto y en el servicio de unos a otros.

Que el Señor bendiga el cuerpo de Policía. Os bendiga a vosotros. A vuestras familias. Hoy le pedimos al Señor también por aquellos que han fallecido. Por sus familias. Para que sintamos siempre el gozo de ser luz. De ser cuidadores en la convivencia. Y de los demás. Y de tener ese nombre. Ese nombre nuevo que significa el ser miembro de un cuerpo que hace posible que nos llamemos hermanos todos.

Que el Señor os bendiga y os guarde siempre. Amén.

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