Homilías

Martes, 16 febrero 2021 14:27

Homilía del cardenal Osoro en la Misa de inicio de campaña de Manos Unidas (14-02-2021)

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Queridos hermanos sacerdotes. Deán de la catedral. Rector de nuestro seminario metropolitano. Rector del seminario Redemptoris Mater, nuestro seminario misionero. Queridos hermanos sacerdotes todos que estáis aquí presentes. Don Óscar, viceconsiliario nacional. Querida Clara, presidenta nacional de Manos Unidas. Y presidenta de Manos Unidas de nuestra diócesis de Madrid, Pilar. Querido Ricardo, secretario general. Hermanos y hermanas todos, los que estáis aquí y los que estáis viviendo esta celebración a través de televisión.

Hoy el Señor nos acaba de decir, lo hemos cantado así hace un instante: «Tú, Señor, nos rodeas de cantos de liberación». Y es verdad que Manos Unidas es un canto de liberación para los más pobres. Y si no, ¿qué significa para este año esta 62 campaña de Manos Unidas que estamos celebrando? ¿Qué significa ese lema Contagia solidaridad para acabar con el hambre? Es, en el fondo, hacer un cántico vivo de liberación, donde las notas las ponemos todos nosotros para hacer posible ese canto.

Queridos hermanos: la Palabra que el Señor nos ha regalado en este sexto domingo del tiempo ordinario, como acabáis de escuchar, podríamos resumirla fundamentalmente en tres palabras: insolidarios, bienhechores y compadecidos o solidarios. Sí. Lo habéis escuchado en la primera lectura. Insolidarios. Hemos escuchado ese texto del libro del Levítico donde, cuando alguien tenía alguna enfermedad, estaba pasándolo mal, se le echaba, se le mandaba fuera de la convivencia con los demás. Yo creo que esta lectura hoy nos recuerda también que hay muchas personas que, precisamente por no contagiar esa solidaridad, esa fraternidad de la que también nos ha hablado hace muy poco el Papa Francisco en esa encíclica que nos ha regalado, por no hacer esto, echamos a la gente. Vivir en la soledad. Vivir sin morada. Vivir sin los medios necesarios para sustentarse… Eso es... Y no ocuparme además de quienes están así... Eso es contagiar insolidaridad.

Por otra parte, la otra palabra: bienhechores. Vivir buscando siempre el bien de los demás. Y esto es lo que quiere hacer Manos Unidas también. Y lo que deseamos también todos los discípulos de Cristo. Tal y como nos decía el apóstol Pablo en ese texto breve de la carta primera a los Corintios que acabamos de proclamar, cuando nos dice: «procuro contentar en todo a todos, no buscando mi bien, sino buscando el bien de los demás. Que la mayoría se salven». Sí, queridos hermanos: frente a esa insolidaridad, esa despreocupación de quienes más lo necesitan, está ese ser bienhechores, ese ser y vivir buscando el bien de los demás.

Y, en tercer lugar, compadecidos, queridos hermanos. Compadecidos. Contagiar solidaridad. El Evangelio que hemos proclamado tiene una fuerza extraordinaria proclamado precisamente en este día en que estamos celebrando todos nosotros esta campaña, la número 62 de Manos Unidas. Para nosotros, esta fuerza es algo especial, la que nos da también el Evangelio que hemos proclamado. Llevamos casi un año encarando la crisis sanitaria, social y económica que ha traído esta pandemia que está viviendo la humanidad. Esta campaña de 2021, Contagia solidaridad para acabar con el hambre, ese compromiso, guiado por el Evangelio y por la Doctrina social de la Iglesia, para luchar contra las múltiples facetas del hambre y la pobreza, requiere un cambio en nuestro corazón. Ese cambio que el Señor, en el Evangelio que hemos proclamado, quiere que demos.

«Si quieres, puedes limpiarme». Estas palabras del leproso manifiestan una absoluta confianza en Jesús. Un leproso que se acerca a Jesús y expresa su estado de ánimo poniéndose de rodillas ante Él. Este gesto de arrodillarse manifiesta un gran respeto de Jesús. «Si quieres, puedes limpiarme». Un gran respeto hacia Jesús. Expresa una gran confianza. Es la que tenemos nosotros también, y queremos vivir. Sabéis que el leproso era un marginado, representa el extremo de la marginalidad, un excluido de la convivencia y de la sociedad. Estaba prohibido acercarse a él, se consideraba un contagiado de Dios. Quedaba fuera de la sociedad. Era en cierto modo un hombre castigado por Dios. Por eso, no es simplemente un enfermo. Es un expulsado social. Un expulsado. En lo religioso también. Fuera de mi lado. Apártate de mí.

Es todo lo contrario a lo que Manos Unidas quiere darnos a entender precisamente con esta campaña que estamos viviendo y celebrando. Este leproso se atreve, a pesar de todo, a acercarse a Jesús, y arrodillado en tierra no pide que le toque, que estaba prohibido. Solo manifiesta su confianza: «Señor, si quieres, puede limpiarme». La reacción de Jesús es insólita. Son unas palabras de una hondura, queridos hermanos... «Compadecido –nos dice el Evangelio–, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”». Algo prohibido: «tocó». Esto es lo que nosotros queremos hacer y vivir en esta campaña: tocar la realidad de esa insolidaridad en la que a veces vivimos todos nosotros, y dejarnos contagiar por Cristo, que nos hace solidarios para hacer ese contagio que Él hizo en el leproso: lo curó. «Quiero. Queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente. Jesús no solo permite que se acerque, sino que Él mismo lo toca. Lo toca. Que estaba terminantemente prohibido. Basta con tocar o acariciar, ofreciendo presencia personal, contacto personal, al que sea condenado, al que está sin contactos sociales de ningún tipo, al que está olvidado. Esta mano de Jesús que toca es la expresión suprema de misericordia. El leproso le ha dicho antes «si quieres», y Jesús responde «quiero».

Y esto es lo que nosotros también queremos hacer hoy: quiero. Quiero contagiar esta solidaridad. Quiero que todo el que esté pasándolo mal, con cualquier tipo de hambre, quede limpio. Con este gesto veis cómo Jesús en el Evangelio arranca a aquel hombre del aislamiento y de la exclusión. Hace saltar sus prejuicios, hace saltar las discriminaciones de la sociedad, rompe las barreras y los muros y enseña que este no es el camino acertado. El camino acertado es el del amor que lleva a la convivencia fraterna. Contagia solidaridad para acabar con el hambre. El texto dice: Jesús, compadecido. Hay que poner de relieve que Jesús se conmueve. Es la ternura de Dios ante los seres humanos. Es la ternura que quiere y desea que tengamos nosotros, los discípulos de Cristo, ante todas las situaciones que puedan vivir los hombres. Lo que en realidad mueve a Jesús es la compasión que siente ante el ser humano que tiene delante. Jesús, queridos hermanos, es la compasión misma de Dios expresada y vivida y manifestada. La compasión de Dios ante cada uno de nosotros.

Es bueno, queridos hermanos, que nos preguntemos: ¿me dejo yo tocar por la compasión del Señor? Es bueno que yo me pregunte hoy también cómo transmitir la compasión de Dios a los olvidados, a los marginados. El Señor nos lo dice: «Quiero. Queda limpio». Tocó al leproso. Toquemos la carne de los que sufren. Toquemos la carne de los que tienen hambre, de los que no tiene lo necesario, lo más elemental para vivir. Jesús extendió la mano y toca al leproso. Sabiendo sobre todo que Él puede y debe purificar al leproso. Desoye la ley. Desea... Jesús no solo manifiesta el deseo profundo de liberación. El significado del verbo griego quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Toca nuestras heridas, y las heridas de toda la humanidad. Y nos invita a los discípulos de Cristo a que toquemos también esas heridas.

Somos amados por Dios todos los hombres. No somos unos malditos. Amados por Dios. Nos dice el Evangelio que el leproso quedó curado la momento. La curación no es el resultado de un tratamiento. Es el resultado de la acogida de Jesús, que la cura. Es la acogida de su amor la que nos cura a todos, queridos hermanos. Y nosotros podemos curar a los demás si contagiamos también este amor en concreto. El leproso nos invita a que nos preguntemos: ¿podemos sentir que Dios nos acoge a todos nosotros, como en el Evangelio? ¿Podemos intuir que esta acogida que hace Dios de nosotros, que somos curados en profundidad, quiere que entreguemos esta curación a los demás?

Pues queridos hermanos: mirad, hoy están los nuevos leprosos, los marginados de nuestra sociedad, los olvidados. Sí. Hay mucha gente: los que tiene hambre, los refugiados, los inmigrantes, los que están en las cárceles, los ancianos que viven solos, los empobrecidos y apartados de sus derechos, las víctimas del olvido en aras a veces de un falso progreso económico... La lepra de todos aquellos que no se sienten amados de verdad. Nosotros, como discípulos de Jesús, estamos invitados a prolongar los sentimientos y las palabras de Jesús: «Sí. Quiero. Queda limpio». Por eso, el Señor, que hoy nos toca con su amor, quiere también que nosotros toquemos a los demás con el mismo amor del Señor. Como nos recuerda el Papa Francisco en Fratelli tutti, el bien común solo lo construiremos al sentir al otro tan importante como nosotros mismos.

Hoy Manos Unidas nos invita a hacer verdad esto. Contagia solidaridad para acabar con el hambre. Contagia la verdadera salud del ser humano. Soñemos, queridos hermanos, con una única humanidad. La fuerza de la solidaridad y la fuerza del bien común. Como nos dice el Papa Francisco, hoy tiene que ser la fiesta de la fraternidad universal. Y comienza esta fraternidad haciendo verdad esta palabra que el Señor nos ha regalado. Fuera la insolidaridad. Dentro, sí. Buscando siempre el bien de los demás. Y siempre, siempre, contagiando la solidaridad de Cristo. Esto es lo que Manos Unidas nos pide a nosotros hoy. Y colaboremos. Colaboremos con lo nuestro en tocar la carne de los que más necesitan, de los que padecen hambre en cualquier parte de la tierra.

Que Jesús, que se hace presente en el altar, nos ayude a vivir esta página del Evangelio tan maravillosa que la Iglesia, en nombre de Jesucristo, nos regala hoy, para que nosotros también sepamos decir con lo nuestro. «quiero. Queda limpio».

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