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Águeda, enferma de ELA, tras su encuentro con el Papa León XIV: «Es como si Jesús mismo me cogiera la mano»
«Tengo a la muerte pisándome los talones», y en este camino Águeda Rey, enferma de ELA, se encuentra cada día con Dios y cada día se ofrece a Él como «apóstol del sufrimiento». Lo hace recostada en su pecho, como ella misma se ve en la imagen de Jesús con la que le gusta rezar: el Crucificado que preside la catedral de la Almudena, un Cristo de la Buena Muerte del siglo XVII de Juan de Mesa, autor también del Jesús del Gran Poder de Sevilla.
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