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Lunes, 09 marzo 2015 01:00

El Arzobispo de Madrid a los educadores: “Demos testimonio con nuestra vida y con nuestra doctrina del único maestro que es Jesucristo”

El Arzobispo de Madrid a los educadores: “Demos testimonio con nuestra vida y con nuestra doctrina del único maestro que es Jesucristo”
El pasado sábado, el Colegio Calasancio acogió la celebración de la XXX Jornada Diocesana de Enseñanza, convocada con el lema “Creer y Educar. A los 50 años de la Gravissimum Educationis”.

Inaugurada por el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, en su intervención dijo que "tenemos necesidad de realizar la misión”, para lo que hay que tener en cuenta “el entorno sociocultural, pedagógico, educativo y eclesial. Pero el Señor nos da una capacidad especial, a toda la Iglesia. Os invito a ser valientes. Hay una convicción que sigue existiendo entre los jóvenes y los niños: el hambre de Dios, Acercarnos y ofrecer lo que llevamos es una manera de entender lo que es el hambre, estar en el mundo. Hombres y mujeres que salimos en búsqueda de los demás... Porque Jesús siempre se acercaba a la gente”.

Mons. Osoro invitó a los presentes a reflexionar sobre tres ideas. La primera, que “todo ser humano tiene necesidad de estar en Dios, aunque no le de nombres” y “solamente se crece en todas las dimensiones cuando este hambre se quita”. En segundo lugar, meditando en la parábola del hijo pródigo, apuntó que “puede haber dos actitudes, representadas por el hijo que se queda en casa y el que se marcha. Pero ambos necesitan que anunciemos a Jesucristo. El que se queda no se da cuenta de lo que tiene y al que se marcha la vida le hace entrar en sí mismo, no vuelve con alegría. Ante estas dos actitudes, ofrezcamos el rostro verdadero, auténtico, que a todo ser humano le apetece encontrar: el rostro de este Dios que es capaz de extraer de un mal un bien. Como educadores tengamos la actitud de extraer un bien”. Y, en tercer lugar, “frente a estas actitudes, apuntó, hay una salida para todos: para los que se quedan y para los que se marchan. Regresar a nuestra patria, geografía e identidad. Se necesitan hombres y mujeres que lleven patria, identidad, y que tengan una capacidad singular y especial para caminar por esos lugares. Para hacer posible que, de entre ellos mismos, surjan libros escritos con su propia sangre para que puedan leer quienes estén a nuestro alrededor y unos puedan regresar y otros descubrir que tienen que salir a buscar a los demás, y no poner dificultades a quien regresa, sino hacerles sitio”.

Animó a los presentes a “salir, subir, contemplar y anunciar”. “Son, afirmó, las grandes tareas del momento en que vivimos. Tenemos una vida para salir, pero no de cualquier manera. Configurados en el Señor, hay que subir para poder vivir una experiencia esencial en nuestra vida. Tenemos que contemplar mucho a quien nosotros después, en la salida, vamos a anunciar. No nos quedemos en casa. Tenemos una oportunidad única. Los ecos de la Gravissimum Educationis tienen para nosotros una fuerza especial y singular. Unidos entre sí y con los alumnos y todos juntos llenos de espíritu apostólico, demos testimonio con nuestra vida y con nuestra doctrina del único maestro que es Jesucristo”.

También aludió al título del Plan de Pastoral, “Comunión y misión en la alegría del anuncio del Evangelio”. Porque “la comunión solo se genera de verdad si vivimos esa comunión unidos a nuestro Señor y queremos anunciarlo. Comunión” es permanecer en el amor de Dios. “Esa es la comunión”, aseguró.

“Hay hambre de Dios”, insistió, al tiempo que animaba a los docentes: “no os quedéis solamente con los que quedan; si os quedáis es para que aquellos que quedan, salgan. Y no despreciéis a los que marchan: tenemos que ir a buscarlos y solamente los podremos encontrar si vivimos unas actitudes esenciales en la vida”.
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