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Lunes, 11 mayo 2015 02:00

“Tenemos que buscar espacios sanadores para el ser humano” exhorta el Arzobispo de Madrid a jóvenes universitarios

Este sábado, la Catedral de Santa María la Real de la Almudena acogió la celebración solemne de una Eucaristía durante la cual un grupo de 53 jóvenes universitarios recibieron de manos del Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, el Sacramento de la Confirmación. Concelebraron el Delegadod e Pastoral Universitaria, P. Feliciano Rodríguez, y Capellanes universitarios.

En su homilía, Mons. Osoro se dirigió a los universitarios para recordarles que “venís a recibir, como aquellos primeros discípulos del Señor, la fuerza del Espíritu Santo. El Señor siempre está grande con nosotros. Clama al Señor, tierra entera, dice el Salmo: toda la tierra, todos los hombres, de todas las razas, naciones y culturas, porque el Señor es un gran servidor del hombre y llena de alegría el corazón del ser humano. No nos viene a retener ni a quitar nuestra libertad, sino todo lo contrario: viene a darnos la libertad, a entregarnos esa capacidad que da, que hace que seamos libres y entreguemos libertad a quienes nos rodean porque los tratamos como hermanos nuestros, porque todos son hijos de Dios”.

“Él nos ha hecho suyos”, señaló, “miembros de su pueblo” porque “Él es bueno y su misericordia es eterna”. En este sentido, recordó la Bula del Papa Francisco con motivo del Año de la Misericordia que comenzará el 8 de diciembre, “un año para acercarnos a los hombres como Dios mismo se acercó. Nuestro Señor, cuando se hizo hombre siendo Dios, vino a esta tierra a acercarse a todos los hombres sin excepción, no puso ninguna condición a nadie. Él se acercó, y la respuesta fue muy diferente. Él no tiene ningún inconveniente en seguir acercándose a los hombres en cualquier situación que estén o que vivan: es el Señor, amigo fuerte de los hombres, como diría Teresa de Ávila”.

A los jóvenes que iban a recibir el sacramento de la Confirmación, les invitó a reflexionar sobre tres ideas. En primer lugar, dijo, “en cualquiera de las ciencias que hayáis o estéis profundizando, buscáis la verdad. Todo ser humano busca la verdad, quiere encontrarla. A veces las luces y las herramientas son distintas”, reconoció, al tiempo que confesaba que “desde hace más de cien años la cultura se va apartando de Dios, pero hoy estamos viviendo la secularización de la secularización: es el vacío en el que está el ser humano. Dios apartado, Dios no cuenta en la vida de los hombres”. “Necesariamente, tenemos que buscar espacios sanadores para el ser humano”, aseguró.

En segundo lugar, “estáis llamados a anunciar la verdad, que en su plenitud es el mismo Jesucristo: no son unas ideas, ni costumbres, es una persona que cuando se la conoce me hace vivir de una manera determinada. Llamados a anunciar a Jesucristo”, insistió, “en un mundo que está viviendo la secularización de la secularización, es decir, no solo apartar a Dios sino el vacío existencial. Estáis llamados a decir que el ser humano es feliz, que el Dios en el que creemos me abraza, me quiere, me perdona, me libera. La verdad plena es Jesucristo, es el Señor el que llena el corazón del ser humano”, aseguró.

Recordó que él también ha sido universitario “en épocas distintas”, pero “un día el Señor captó mi corazón y mi vida, y por su gracia me ha hecho sucesor de los apóstoles. Hoy, por su gracia, os puedo regalar lo que el Señor quiso entregar a la Iglesia: el Espíritu Santo, para que os fortalezca”. “Hombres y mujeres valientes, que descubren la verdad”, apuntó. “Estáis llamados a anunciar el Evangelio del Cristo”, aseveró.

Por último, invitó a los universitarios a conocer “al que os envía, que es el mismo Señor... Que todos se enteren de que el Dios en el que creemos es misericordioso y capaz de extraer de cualquier situación de mal un bien”.

Manifestó su deseo de que “conozcáis a Jesucristo y os entusiasméis más con la verdad, que es el Señor, que nos hace cambiar el corazón y mirar a los demás de otra manera. El Espíritu, cuando viene a nuestra vida y le dejamos entrar, nos da los ojos, el corazón de Cristo, para hacerla realidad”. Y concluyó expresando “que el Señor os haga buscadores de la verdad”, precisando que “el buscador de la verdad se deja siempre dar luz por aquel que tiene luz, y el Señor nos ha dicho: ‘Yo soy la luz del mundo’”.
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