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Miércoles, 09 septiembre 2015 12:35

Monseñor Carlos Osoro: “Necesitamos de nuestras cofradías, de la fe de los sencillos” Featured

Más de 140 cofradías, congregaciones y hermandades se dieron cita ayer por la tarde en la Catedral para acompañar a la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena en su fiesta anual, que se celebra en la Natividad de la Virgen María. Presididos por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, los actos litúrgicos dieron comienzo a las 18:30 horas con la recepción de los estandartes de los distintos grupos, que fueron recibidos a pie de altar por el prelado madrileño acompañado por el deán de la Catedral, Joaquín Iniesta, el capellán de la Real Esclavitud, Jesús Junquera, y el maestro de ceremonias, Andrés Pardo.

Una vez situados a los pies de la Virgen de la Almudena, en el altar mayor dio comienzo la solemne celebración de la Eucaristía, concelebrada por el arzobispo castrense y Esclavo de honor de la Real Esclavitud, monseñor Juan del Río, vicarios episcopales, Deán y cabildo metropolitano, y numerosos sacerdotes. A la misa asistieron los Duques de Noto, Esclavos de honor de la Real Esclavitud, y Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, que recibió la medalla de Esclava de honor al finalizar la ceremonia.

En su monición de entrada, el capellán de la Real Esclavitud recordó el 375 aniversario que la congregación está celebrando durante este año, siempre fieles al amor a la Virgen. Resaltó cómo siguiendo las indicaciones del arzobispo están recorriendo, una vez al mes, las distintas vicarías de la diócesis, haciéndose presentes en lugares relacionados con la devoción a la patrona de Madrid. Y explicó que el Santo Padre había concedido la posibilidad de lucrar la indulgencia plenaria a los que participaran en la misa de la fiesta anual de la Real Esclavitud, cumpliendo los requisitos necesarios.

Por su parte, el arzobispo de Madrid comenzó su homilía dirigiéndose a los hermanos de la Real esclavitud de Santa María la Real de la Almudena, y a los fieles en general, señalando que hoy “es un día especial para todos en el que celebramos esta Eucaristía en la Catedral de la Almudena, santuario también de nuestra Madre la Virgen María en esta advocación entrañable de Santa María la Real de la Almudena”. Destacó que la fiesta de la Natividad de María era “un día de gozo que hay que vivirlo como Ella lo hizo”, siempre “en confianza con Dios”. “Somos peregrinos de la confianza” que “hay que vivirla acogiendo la misericordia de Dios” y “en diálogo permanente con el Señor”. Algo que se puede hacer de muchas maneras, por ejemplo “procurando vivir siempre haciendo el bien, dando los mismos pasos que nuestro Señor Jesucristo dio en esta vida...”. Insistió en la necesidad de vivir “este día de gozo de la Natividad de la Virgen contemplando el rostro de esta mujer que Dios hace grande porque deja que su vida sea un recipiente que solo contiene a Dios”.

Dirigiéndose a los fieles presentes en la catedral, monseñor Osoro destacó que las congregaciones y hermandades viven “en torno a la Virgen, en torno a nuestro Señor Jesucristo, o en torno a un santo” con el objetivo de “mostrar a Dios a través de la presencia pública, haciendo un enjambre de relaciones entre los hombres que sean relaciones de hermanos, porque se sienten hijos de Dios”.

Manifestar el poder de Dios

A continuación, al hilo de las lecturas proclamadas, ofreció a los presentes tres ideas para la reflexión. En primer lugar, dijo que el evangelio de Mateo proclamado “nos invita a manifestar el poder de Dios”. Cómo se puede hacer, se preguntó. “Esta es la misma pregunta que se hizo la Virgen María cuando el ángel le anuncia que va a ser madre del Hijo de Dios”. Para monseñor Osoro, “en María se manifiesta el poder de Dios: en su sencillez, en su pequeñez”. Y es que “Dios manifiesta su poder en lo pequeño, en lo sencillo, en los lugares insignificantes, con las personas elegidas por él, como María”.

“En esta fiesta, el Señor, a través de María, nos quiere decir que dejemos que se manifieste su poder: hacer el bien a todos sin excepción, mirar a todos como hermanos, ver en todos el diseño del ser humano que ha sido hecho por Dios a su imagen y semejanza”, explicó. “Manifestemos el poder de Dios en nuestra vida”, insistió, algo que podemos hacer “cuando se crea fraternidad, cuando se crea y se hace la paz, cuando se construye la justicia, cuya expresión es el rostro de Cristo”. “Podemos manifestar el poder de Dios, como María”, afirmó.

En segundo lugar, apuntó que “hoy el Señor nos revela la fuerza transformadora de la fe, que cambia el mundo”. “¡Qué diferencia más abismal cuando se tiene fe!”, aseguró. “Por la fe todos somos hermanos, hijos de Dios. Algo que se manifiesta en María”. Para el arzobispo de Madrid, “estamos en un momento histórico que requiere que estemos dispuestos a escuchar a nuestra Madre que”, como en las bodas de Caná, “nos dice: haced lo que Él os diga”. “Hay que pasar por el mundo como hizo el Señor: construyendo misericordia, perdón y paz”.

Anunciar a Jesucristo

Explicó que, en la Biblia, justo es el que mira a Dios. Como José, a quien Dios da poder para poner nombre a su propio hijo, Jesús. “José es el prototipo singular de la fuerza transformadora de la fe”, dijo. “Necesitamos anunciar a Jesucristo. Necesitamos de nuestras cofradías. La Iglesia os necesita. Cofradías, hermandades... Esa fe de los sencillos: de los que no tienen miedo ni les da vergüenza manifestarla y hacerla pública a los demás, de defenderla, de hacerla descubrir con la fuerza de Dios”. “La fe transforma el mundo. El hombre que cree en Cristo transforma el mundo”, insistió. “Hoy, necesitamos esa fe” porque “Cristo nos invita a ser discípulos misioneros, hombres y mujeres que especialmente con obras damos a conocer a Jesucristo”.

Por último, explicó que el Señor “nos invita a implantar la alegría en este mundo, la alegría que decía el evangelio: Dios con nosotros. Convenzámonos: Dios nos ama, nos quiere... Dios nos invita a ser el buen samaritano... Dios cuenta con nosotros y nos invita a transformar este mundo y cambiar el corazón de los hombres, siendo testigos suyos, como lo fue Jesucristo y como lo fue María”. Evocó la figura de un santo canonizado en Madrid, Pedro Poveda, para quien los cristianos tendrían que ser los “hombres y mujeres que, caminando por este mundo con los demás, hagan que sientan deseos de decir a Dios: quédate con nosotros”. “Yo añado: también como la Virgen María”, apuntó el prelado.

Concluyó invitando a los presentes a manifestar el poder de Dios, a creer y a implantar la alegría del evangelio. Porque “Cristo es la alegría, es el evangelio. Acojámosle”.

Al finalizar la Eucaristía, se procedió a la entrega de los títulos y medallas de esclavos de honor de la Real Esclavitud, que este año han recaído en un grupo de personas del ámbito religioso, civil y militar que han destacado por su amor al evangelio, a la patrona de Madrid y al prójimo. Así, recibieron este galardón de manos del arzobispo: Avelino Revilla, vicario general; Francisco J. Cuevas, vicario de acción caritativa; Carlos Aguilar, vicario de evangelización; José Luis Segovia Bernabé, vicario de acción social e innovación; Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid; el Regimiento de la Guardia Real de SM el Rey de España; la Congregación del Santísimo Cristo de los Alabarderos; Teresa Campuzano e hijos; Agustín Álvaro López, y señora; Manuel José Guiote Linares; Félix Conde Benito; Antonio José Calahorro, mayordomo de la Congregación del Santísimo Cristo de los Alabarderos, y señora; Alfredo Amestoy, periodista; Alberto Ferrer Oliva y señora; Real Congregación de San Isidro; Real Hermandad del Refugio; Juan García Martínez, Duque de San Pedro de Galatino, lugarteniente de España O. de la orden del Santo Sepulcro; y la Asociación Heraldos del Evangelio. A continuación, el arzobispo bendijo unos rosarios que fueron entregados a todos los presentes. Con el canto a la Virgen desde el altar de la Almudena concluyó la celebración.

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