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Lunes, 16 mayo 2016 10:11

Madrid se vuelca con su santo patrono

Madrid se vuelca con su santo patrono

Madrid se ha vestido de fiesta estos días en honor a su santo patrono, san Isidro Labrador. Entre las principales celebraciones, la colegiata de San Isidro acogió el domingo por la mañana una Misa presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro. En línea con su última carta semanal, en su homilía recordó que san Isidro fue un «amigo fuerte de Dios», que «nada vive, hace y construye sin experimentar y hacer experimentar a quienes viven a su lado que somos criaturas de Dios». «¡Qué hondura alcanza descubrir a hombres como san Isidro, quien nos dice con su vida que el auténtico desarrollo humano supone el respeto a la persona humana en su conexión con todo lo creado! Acoger la vida de Dios que siempre nos impulsa a darnos y a no guardarnos», añadió, para luego subrayar que san Isidro «crea fraternidad y compromiso en el cuidado de todo lo que existe. Lo manifiesta en el cuidado de sus campos, en la caridad expresada en toda su vida».

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Tras visitar la tumba de san Isidro en la colegiata, el prelado puso rumbo a la pradera, donde se congregaban miles de madrileños. Allí presidió otra Misa muy concurrida y con presencia de numerosas autoridades. A su conclusión, monseñor Osoro realizó un envío misionero de los jóvenes por la pradera y participó en una comida popular junto a la carpa.

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Ya por la tarde, la imagen del santo patrono de Madrid recorrió las calles de la ciudad.

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Homilía íntegra de monseñor Osoro en la Misa de la colegiata

Nos reúne san Isidro, amigo fuerte de Dios, que expuso su vida para mostrar el rostro de Dios. ¿Cómo? Os voy a hablar de la alegría, de esa alegría que se siente cuando experimentamos la misericordia de Dios. Cuando escuchamos esta palabra, misericordia, todo cambia; pues un poco de misericordia hace que nuestro mundo y nuestras relaciones sean menos frías y más justas. Os invito hoy a todos los madrileños a comprender en esta fiesta de san Isidro lo que es la misericordia de Dios. Con su vida y sus obras nos la muestra y nos la regala este amigo fuerte de Dios. La misericordia no es entregarse a una emoción pasajera y dulzona que nada cambia en la vida.

Cuando la misericordia es la de Dios y se recibe de Dios, se nos pone en condiciones para hacer de este mundo una gran familia, que vive el calor de hogar, que se hace menos duro y más respetuoso con cada persona, pues se impregna todo del amor incondicional de Dios a todo ser humano, esté como esté. Captemos este amor. Creamos o no, Dios se acerca a nuestra vida. Dios no ha muerto, está vivo, ha resucitado. Yo no os hablo en nombre de un muerto que vivió hace XXI siglos, os hablo del Dios vivo y verdadero revelado en Jesucristo que por gracia me hizo su testigo. Este rostro de amor misericordioso quisiera que lo experimentarais hoy todos los que estáis conmigo en la colegiata de San Isidro (o en la pradera). Misericordia es la palabra que revela verdaderamente a Dios mismo. Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. El rostro de la misericordia es Jesucristo, que nos llama y quiere que nosotros seamos sus rostros. La misericordia es la manera que Dios tiene de mirar al hombre y de tratar con él en todo lo que le constituye, le mantiene y le hace ser.

Mirad y contemplad al Santo, a san Isidro. En san Isidro descubrimos que la misericordia de Dios es don sin reserva de sí mismo, que se da al hombre, le da su existencia, su libertad; le cura del pecado y le hace participar de su propia vida. Nos viste de su misericordia. ¿No es este vestido el que encontraban en tiempos de san Isidro quienes llegaban a este lugar y veían las obras que Dios realizaba a través de él?

Hoy nos reúne la fiesta de nuestro patrono de Madrid, san Isidro Labrador. Hacemos memoria de un amigo fuerte de Dios, que dejó una huella de tal calado que ha traspasado fronteras. Su trabajo en el campo, las relaciones mantenidas con quienes se encontraba y con quienes venían en ayuda suya, convirtieron su casa y sus campos en un lugar de encuentro, en una casa común, en la que quien llegaba no se sentía forastero, advenedizo o un estorbo; sentía y percibía que era de su familia. Hizo verdad, lo que muchos siglos después, con palabras muy bellas, nos dice el Concilio Vaticano II: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo».

En san Isidro se revela que es amigo de Dios por la fuerza que en su vida tiene la acción del Espíritu Santo. En su persona se revela Pentecostés. Entre otras cosas por el conocimiento vivo que tiene de Jesucristo, que le hacía vivir en tono pascual y que se manifiesta estas realidades: a) Sabe vivir teniendo las puertas de su vida totalmente abiertas para que todos pudieran entrar; b) Precisamente por ello, nunca tuvo miedos; bien sabía él que los miedos llegan a la vida cuando queremos guardar algo por nuestras fuerzas, él todo lo ponía para que lo guardase Jesucristo, de ahí su generosidad y caridad absoluta para todos los que se acercaban a su vida; c) Era este modo de entender la vida, que le daba Jesucristo y la fuerza del Espíritu Santo, que tenía y daba paz, la que tiene un rostro que es Cristo; d) Su vida estaba llena de alegría que contagiaba a quienes vivieron con él, una alegría que no venía de sí mismo, sino de saberse salvado, querido, ayudado, conformado por Jesucristo; e) Y todo lo anterior le hizo vivir como discípulo misionero; su trabajo, su tarea, su familia, quienes se acercaban a él, todas sus relaciones y trabajos, los vivía como alguien que se sabía enviado por Cristo para regalar la Buena Noticia.

Os invito a contemplar a este amigo fuerte de Dios que es san Isidro en tres dimensiones de su existencia:

  • 1. Como amigo fuerte de Dios, san Isidro nada vive, hace y construye, sin experimentar y hacer experimentar a quienes viven a su lado que somos criaturas de Dios. De alguna manera su vida nos remite a hacer memoria de lo que el Papa Francisco nos dice en la encíclica Laudato si, recordando lo que san Francisco dice en el Cántico de las criaturas: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba». ¡Qué hondura alcanza descubrir a hombres como san Isidro, quien nos dice con su vida que el auténtico desarrollo humano supone el respeto a la persona humana en su conexión con todo lo creado! Acoger la vida de Dios que siempre nos impulsa a darnos y a no guardarnos.
  • 2. Como amigo fuerte de Dios, san Isidro crea fraternidad y compromiso en el cuidado de todo lo que existe. Lo manifiesta en el cuidado de sus campos, en la caridad expresada en toda su vida. El fruto de la tierra que él cultivaba era para el hombre. ¡Qué profundidad tiene para nosotros descubrir que todo lo que existe y creó Dios tiene parentesco! Llamados siempre a buscar el bienestar de todos, llamados siempre a comportarnos como Dios mismo lo hace; cuando creó lo que existe vio que todo era bueno y todo lo puso al servicio de los hombres. Como amigo fuerte de Dios, san Isidro buscaba siempre la justicia, no su beneficio, su placer, su propio enriquecimiento. Supo compartir todo lo que tenía, tenía verdadero escrúpulo para vivir solamente para conseguir sus fines. Para él todos los hombres eran hermanos, de tal modo que el egoísmo inmisericorde nunca habitó en su corazón.
  • 3. Como amigo fuerte de Dios, san Isidro quiere vivir desde la verdadera imagen que Dios ha dado al hombre. No valen imágenes falsas construidas desde ideologías, filosofías o antropologías que no reconocen todas las dimensiones del ser humano entre las que se encuentra la dimensión trascendente, que da el culmen a la verdadera libertad del hombre. Cuando no se respetan todas las dimensiones, aunque existan personas que no quieran vivir desde ellas, se instauran dictaduras de diversa naturaleza, que son el mayor deterioro ecológico que existe. Como amigo fuerte de Dios sabe san Isidro que tenemos el deber de comportarnos sabiendo que la libertad no puede ser exclusivamente un instrumento para ponernos al servicio de nuestros fines particulares, sean los que sean. El amigo fuerte de Dios es audaz y creativo. Es capaz, para que otros tengan esa misma amistad, de pensar nuevos objetivos, estilos y métodos. En la ciudad tenemos una cultura inédita, que requiere imaginar espacios de encuentro entre los hombres y con Dios. San Isidro los hizo.

San Isidro siempre estuvo viviendo en comunión con Jesucristo. El mismo Jesucristo que se hace ahora presente en el misterio de la Eucaristía. De lo que él se alimentaba daba. Se alimentó de Jesucristo y dio a Jesucristo. Creemos como san Isidro en Madrid una cultura inédita, la del encuentro, donde todos tienen espacio y lugar y donde todos miramos a quien más lo necesita. San Isidro, ruega por nosotros. Amén.

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