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Martes, 04 mayo 2021 12:03

El arzobispo pide valentía y creatividad en la fiesta de san José Obrero para no dejar a nadie al margen

El arzobispo pide valentía y creatividad en la fiesta de san José Obrero para no dejar a nadie al margen

La parroquia Nuestra Señora de las Angustias, en Atocha, acogió el pasado 1 de mayo la Eucaristía organizada por el Secretariado de Pastoral del Trabajo en conmemoración de san José Obrero. El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, se refirió a san José como «el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en el trabajo de los hombres». Así, en el día del trabajo «todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y como patrono suyo».

En la fiesta de san José Obrero «queremos volver a retomar lo que Dios, en el inicio de la vida de los hombres», les encomendó, que es que «cuidásemos todo lo creado». Esto «sigue siendo una responsabilidad para todos nosotros», indicó el purpurado, aunque a veces no se ha cumplido como Él quiere ya que «nos hemos aprovechado los unos de los otros y nos hemos aprovechado de esta Madre Tierra».

Recordó el arzobispo de Madrid en su homilía la encíclica Redemptor hominis, del Papa san Juan Pablo II, en la que decía que el «hombre es el camino principal y fundamental de la Iglesia». Así, en un día como el que se celebraba «debemos manifestar el derecho» del trabajo, que es «otorgado por Dios al hombre». Y puntualizó: «El trabajo decente, el trabajo digno, el trabajo que nos dignifica ».

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En este tiempo con tantas dificultades, indicó el cardenal Osoro, tantos puestos de trabajo perdidos, de empleo vergonzante, cierre de negocios, tantos interrogantes y temores, en el que «se daña lo más grande que tiene le ser humano, como es llevar el pan a su casa y sostener a los suyos», lleva a pensar en «algo que es fundamental: tenemos que reorganizarnos y revisar nuestras estructuras para ver juntos cómo podemos paliar este momento que nos toca vivir».

Esto, indicó «no lo podemos hacer desde nosotros mismos», sino retornando a la «imagen que Dios puso» en el hombre. «Ser imagen de Dios es […] cuidar a todos los hombres». «Al ser humano Dios le ha pedido que trabaje, y que dignifique su vida en ese trabajo, y que lo haga con ese amor de Dios, el mismo amor que Dios ha tenido con nosotros, que nos ha creado a su imagen», sin egoísmo, sin aprovecharse unos de otros, sin «a ver si yo gano a costa de lo que fuere», apuntó. El hombre pierde la dignidad «cuando se le explota, cuando no se le mide como Dios nos ha medido, que somos imagen suya».

Hacer la vida humana más humana, como el buen samaritano

El arzobispo animó a preguntarse cada uno qué puede hacer por el mundo del trabajo, y avanzó una primera respuesta: «Hagamos la vida humana más humana». Esto se hace, como dice el Papa Francisco en Fratelli tutti, tomando como modelo al buen samaritano. «Qué belleza tiene la Iglesia de Cristo y los discípulos del Señor cuando de verdad asumimos con todas las consecuencias esta parábola y nos manchamos con las situaciones que viven los hombres, no las observamos desde fuera».

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Recordando su carta con motivo del año de san José, afirmó que «en la Iglesia hay lugar para todos los hombres; naturalmente cada uno con su vida a cuestas […], y si la cuesta es grande, tenemos que estar al lado de quien sube esa cuesta por si es necesario ayudarle». Asimismo, «tenemos que entrar en el camino de los hombres», no como espectadores, sino como el buen samaritano: levantando, curando, cuidando... En este punto el purpurado insistió en el paradigma del cuidado frente al paradigma del bienestar, «un cuidado que ha de ser integral», como hizo san José, «que se ocupó en dar de comer a su familia» y «colaboró en cuidar la presencia de Dios y la entrada de Dios en este mundo».

También san José «tuvo una mirada creyente, que es la única que nos hace capaces de cambiar el mundo», y «valentía y creatividad», que es «lo que se nos exige en estos momentos; no solamente ser llorones –que eso es fácil– ante las dificultades, sino ser valientes». El santo patrono de la Iglesia universal tampoco se encerró en sí mismo: su respuesta ante las situaciones fue de «entrega». «Yo creo que esto es lo que espera el Señor de nosotros en estos momentos: una respuesta sanadora», destacó el purpurado, hombres «valientes y creativos» que «a nadie dejemos al margen».

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