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Sábado, 15 mayo 2021 09:00

San Isidro Labrador, piadoso devoto de Santa María de la Almudena

San Isidro Labrador, piadoso devoto de Santa María de la Almudena

Estamos de fiesta: celebramos al madrileño más universal, a nuestro querido patrón, san Isidro Labrador. Nos viene sin duda a la mente, el popular estribillo «San Isidro Labrador, quita el agua y pone el sol».

La semana anterior mencionábamos las rogativas realizadas por los madrileños a la Virgen de la Almudena en aquellas circunstancias de especial dificultad. Sin duda, uno de esos momentos era cuando la sequía amenazaba con destruir las cosechas. El pueblo, entonces, no dudaba en sacar en procesión a los dos patronos, para implorar de ellos que la lluvia cayese sobre sus campos sedientos. En otras ocasiones, el cuerpo del santo era llevado en procesión desde la iglesia de San Andrés hasta la de Santa María, y allí estaba expuesto durante días, para que mediara ante Nuestra Señora.

Desde bien antiguo, la Villa de Madrid acudió al patrocinio de San Isidro en época de sequía. Era el Ayuntamiento el encargado de llevar a cabo diversas plegarias para implorar al Todopoderoso las aguas que tanta falta hacían a los agostados campos, invitando a que todos los vecinos se unieran con sus oraciones.

Así el 16 de abril de 1868, el entonces alcalde-corregidor de Madrid, el marqués de Villamagna, dirigió un bando invitando al pueblo a que participara en una rogativa en Santa María de la Almudena junto a una procesión con la efigie del patrono hacia la parroquia:

Esta Excma. corporación, en vista de las presentes circunstancias, se ha creído nuevamente en el caso de interpretar los acendrados y tradicionales sentimientos religiosos de la población que representa, elevando otra vez sus preces al Altísimo por si se digna al final apiadarse de esta católica nación y de este pueblo, enviando a los campos la benéfica y deseada lluvia que los fertilice y fecunde.

En su consecuencia, ha acordado por unanimidad implorar la poderosa y eficaz intercesión de la Santísima Virgen, patrona de esta Villa, bajo la advocación de la Almudena, y de su santo y glorioso patrono, labrador que fue de la misma.

Al efecto ha dispuesto que la imagen de San Isidro Labrador, que de su propiedad se venera en el oratorio de las Casas Consistoriales, se traslade en público desde las mismas, en la mañana del próximo sábado, con la mayor ostentación y brillo, a la real iglesia de su advocación, en cuyo templo a las once de dicho día se celebrará una solemne misa de rogativa con sermón, del que se halla encargado el presbítero Sr. Jaime Cardona.

Que concluida esta función se traslade asimismo procesional y públicamente la santa efigie a la real iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, donde quede expuesta a la veneración de este pueblo en los días siguientes, celebrándose el lunes, martes y miércoles, a la expresada hora de las once de la mañana, solemne misa y devota rogativa, y que terminada la del miércoles, se restituya la imagen, en la misma forma en que salió, al mencionado oratorio de las Casas Consistoriales.

Uno de los extremos del acuerdo del cuerpo municipal es hacer una expresiva invitación al vecindario, como se verifica, para que tome parte en estos actos religiosos, elevando también sus fervientes preces al Todopoderoso para que, compadeciéndose de nosotros, se digne usar de su inagotable bondad y misericordia derramando sobre nuestros enjutos y áridos campos el agua que les dé lozanía.

Así de unidos han estado siempre en el alma de los madrileños, la Virgen de la Almudena y san Isidro Labrador. Con motivo de la fiesta del 15 de mayo de 1852, en el Diario Oficial de Avisos de Madrid, se publicaba esta breve reseña sobre la vida de San Isidro: «Madrid, célebre por muchos títulos, lo es particularmente por haber dado cuna a este ínclito y santo varón. Criado en el temor de Dios, y habiéndole cabido en suerte un alma buena, fue virtuoso toda su vida, ya se le considera casado con Santa María de la Cabeza, ya se le contemple labrando la tierra, en cumplimiento de su obligación o dirigiendo sus fervorosos votos al Señor y a su Santísima Madre en los templos de Atocha y Santa María de la Almudena, siempre se admirarán en él, todas las cualidades de un verdadero siervo de Dios».

Sin duda, en san Isidro sobresalió su profundo amor a María Santísima, de manera especial, en las advocaciones de Atocha y la Almudena. Como recogió Nicolás J. de la Cruz en su Vida de san Isidro (1790), los padres del santo acudían a confesarse a la iglesia de Santa María la Mayor, y así comenzó también san Isidro a tratar «con aquellos varones religiosos, que viendo en él tan buenas inclinaciones, acompañadas de una graciosa sencillez, le manifestaban mucho amor». San Isidro eligió por confesor a uno de los antiguos canónigos reglares de la iglesia Mayor de Madrid:

Atraído Isidro de la buena conversación y doctrina de aquellos sacerdotes, comunicaban con ellos sus buenos intentos, y los celestiales deseos que ponía el Señor. […] Sujetóse, a su obediencia, en cuya dirección aprendía el ejercicio de las virtudes.

En fin (como dice Bleda) en nuestra Señora de la Almudena fue instruido San Isidro entre aquellos religiosos canónigos reglares: allí aprendió tanta virtud, la costumbre de tanto orar y la devoción a nuestra Señora.

Ya en el llamado Códice de san Isidro (siglo XIII), expuesto hoy en el Museo Catedral de la Almudena, se refiere la devota costumbre que este hombre sencillo tenía de recorrer las iglesias de la Villa, todos los días al amanecer, empezando por la de Atocha, y terminando en Santa María y en San Andrés, que era su parroquia. Allí se encomendaba al santo apóstol, daba gracias a Dios y volvía a sus quehaceres de labranza.

Gerónimo de la Quintana también en su Historia de la Villa de Madrid (1629), reseñó esta costumbre. Sobre las oraciones que realizaba en Santa María de la Almudena, escribió lo siguiente: «De cuya imagen (Virgen de la Almudena) fue siempre muy devoto; oía en su capilla, misa con mucha devoción, donde se decía muy de mañana para la gente del campo […]. Acabada de oír, y aviendo en aquel soberano sacrificio ofrecido también su corazón en holocausto, deshecho en tiernas lágrimas, de quien tenía particular don, principalmente en presencia del Santísimo Sacramento, se despedía de la santa Imagen».

Nos gustaría concluir con unos versos del célebre poeta madrileño Lope de Vega dedicado a san Isidro, de su poema hagiográfico titulado con el mismo nombre (1599), donde nos transmite esta devoción del santo a la patrona de Madrid. ¡Feliz día de dan Isidro!

Los bueyes viendo la aurora
por Isidro preguntaban,
que en aquella edad hablaban
y también hablan ahora;
él en tanto a la Señora
del Almudena decía
lo que sin saber sabía,
y para más contemplar,
adrede dejaba arar
los ángeles todo el día.

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