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Sábado, 22 mayo 2021 09:00

Siglo XIX: el ocaso de la parroquia de Santa María la Mayor

Siglo XIX: el ocaso de la parroquia de Santa María la Mayor

La situación de la iglesia de Santa María la Real de la Almudena a comienzos del siglo XIX era precaria, ya que tanto la fábrica como la parroquialidad venían sufriendo un proceso de disminución en su esplendor, de empobrecimiento y deterioro.

Varias fueron las causas que motivaron este paulatino ocaso del templo. Mantener el edificio con el ornato y el decoro acostumbrado comenzó a ser del todo imposible, pues las aportaciones económicas eran muy escasas, y, por otro lado, la Congregación de la Real Esclavitud soportaba ya muchos gastos, al tiempo que sus ingresos se vieron fuertemente reducidos.

Probablemente el planteamiento de la congregación no fue acertado, pues pretendía mantener el templo con el esplendor del siglo XVII, pero con unos recursos muy inferiores, especialmente a causa de una menor influencia de los miembros de la congregación en la Corte. El hermano protector, el duque de Pastrana, y también el duque del Infantado, fueron miembros relevantes durante el reinado de los Austrias, pero con la llegada de los Borbones perdieron gran parte de su peso en la Corte. En este sentido, como apuntan Roda y Navarro en su estudio: «La mueva dinastía no parecía tan devota (salvo a finales) como los Austrias, y esta actitud pudo ser secundada por la nobleza».

Asimismo, la construcción de nuevas iglesias y conventos durante el reinado de los Borbones, «de mayor empape y con parroquianos o devotos de mejor nivel económico que los habitantes del barrio de la Almudena», produjo una notable disminución de las aportaciones de los feligreses (reduciéndose casi exclusivamente a colectas y estipendios), lo que, como ya hemos apuntado, implicó un detrimento igualmente importante en la conservación y embellecimiento de la fábrica.

A pesar de ese descenso en las donaciones económicas reales y de los congregantes, siguieron llevándose a cabo obras de mejora tanto en el conjunto de la iglesia como en alguna de sus capillas. Hacia 1850, la parroquia de Santa María se cerró al culto temporalmente para realizar obras de mejora, y la imagen de la Virgen de la Almudena fue traslada a la iglesia del convento del Sacramento, de religiosas bernardas, donde se celebraron los cultos acostumbrados, tal y como recogieron los diarios de la época.

Finalmente, en el mes de junio de 1854, concluida la restauración, el templo fue de nuevo bendecido por el señor vicario, y esa misma tarde se realizó la traslación del Santísimo y de la Virgen de la Almudena con gran fausto y ostentación. Así fue referido este acontecimiento en el diario El Católico (13 de junio de 1854):

El sábado se verificó con gran lucimiento y solemnidad la traslación de Nuestra Señora de la Almudena a su iglesia, últimamente restaurada.

En la procesión iban cinco músicas, multitud de estandartes y un lucido acompañamiento, llevando el Santísimo el Señor Vicario eclesiástico de Madrid, en un magnífico coche de la Real Casa, al que seguía otro de respeto, perteneciente al Excmo. Duque de Abrantes.

Luego que entró la Imagen titular en el templo, se cantó a grande orquesta una Salve, precedida de motetes y canciones a la Virgen.

La iglesia de Santa María se ha mejorado notablemente, pues además del blanqueo general, y de haberse pintado los altares, el púlpito y demás objetos, que con el tiempo habían padecido algún deterioro, el pavimento de pizarra blanca y negra, y las combinadas tintas de la bóveda, presentan un aspecto bastante agradable. Sólo en el retablo principal no se ha hecho innovación alguna, pues aunque se dice hubo el proyecto de erigir con su valor uno nuevo de mármoles y escayola, sin duda se ha renunciado por ahora a esta idea, prefiriendo a la hermosura que pudiera tener el moderno, la riqueza y majestad del antiguo, que es todo de plata.

Por otro lado, la congregación comenzó a poner en venta distintas joyas y objetos, cómo única solución para poder costear los gastos tanto de reparación de los desperfectos del edificio, como para el pago de nuevos bienes necesarios para que el templo se mantuviese como centro religioso de la Corte.

En el archivo de la Real Esclavitud se conservan documentos con referencias a las ventas de alhajas «que por su calidad no sirven para adorno de la santa Imagen», en los años 1823 y 1836, y posteriores.

Un documento del 18 de diciembre de 1823 cita 25.000 reales obtenidos de la enajenación de las siguientes piezas: «Razón que yo don Manuel Luquet, vecino y artífice diamantino de esta Corte, doy a los Señores de la Junta de la Real Esclavitud de Nuestra Señora de la Almudena, como encargado que he sido de los mismos para la enajenación de varias alhajas pertenecientes a dicha Señora y resultan de la copia del Inventario que de ellas se hizo y que me entregaron por el secretario de la misma, don Cayetano María Degner».

Además, tanto los saqueos realizados por las tropas francesas a principios de siglo XIX como los diversos robos sufridos en la parroquia, agravaron sin duda esta situación de decadencia.

A pesar de todas esas difíciles circunstancias económicas, no dejaron de celebrarse los actos y las funciones litúrgicas acostumbradas, ni el pueblo dejó de acercase a venerar a su Madre y patrona. Basten como ejemplo, el que, en 1845, a petición de la Real Esclavitud, vuelve a celebrarse la fiesta de la patrona, el 8 de septiembre, con asistencia del excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad, que renovó una vez más el Voto de Villa, suspendido desde 1836. Y, en 1865, el Consejo acudió a rezar un solemne Te Deum por el fin de la epidemia, y o un año después, se celebraba misa de acción de agracias por el feliz alumbramiento de la reina Isabel II.

Con todo, la parroquia de Santa María la Mayor fue perdiendo protagonismo en la vida social y religiosa de la Villa, dejando de ser un templo de referencia. Esto, unido a las críticas de algunos historiadores y escritores, entre ellos Mesonero Romanos, que en su Plan de Mejoras Generales de Madrid, menciona la posibilidad de «sacrificar» la parroquia de Santa María, acabó por determinar la demolición de la misma.

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