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Martes, 01 junio 2021 10:18

El arzobispo, a los confirmandos de la Pastoral Universitaria: «No somos hombres de sacristía»

El arzobispo, a los confirmandos de la Pastoral Universitaria: «No somos hombres de sacristía»

La catedral de la Almudena acogió el pasado viernes, 28 de mayo, las Confirmaciones de los jóvenes de la Pastoral Universitaria. La solemne Eucaristía en la que recibieron el sacramento de la Confirmación estuvo presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, y concelebrada por varios capellanes de universidad.

Con este sacramento, les dijo el purpurado, se hace verdad eso que sucedió cuando Jesús, antes de subir al cielo, prometió a los discípulos «que les daría la fuerza del Espíritu Santo». Como aquellos primeros apóstoles, que al recibir el Espíritu salieron de su encierro y de sus miedos, «hoy vosotros [...] asumís también una tarea, un modo de comportarnos, de salir por esta tierra, de anunciar a Jesucristo», que no es de otra manera que con el amor. Un anuncio que es «verdadero cuando quienes lo anuncian han asumido de verdad y con todas las consecuencias el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo».

Tres son los dones, en palabras del cardenal Osoro, que produce este encuentro: la paz, que «no es una paz exterior, es una paz del corazón» que infunde confianza y que es como si «viniese el Señor y nos dijese a todos: “Creo en vosotros, y os envío. Me fío de vosotros, y os envío”. La paz de Jesús nos hace pasar del miedo a la misión, a anunciar al Señor»; el segundo don es el propio Espíritu, «que nos hace valientes, que nos hace creíbles», y, en tercer lugar, entrar en las llagas de Jesús, «canales abiertos entre Él y nosotros que derraman misericordia».

«Que todos vean la misericordia de Dios a través de vuestra vida», los animó, y les explicó la prueba definitiva de que «Dios ha tocado vuestra vida: mirad a ver si os inclináis ante las heridas de los demás». «Tened capacidad –añadió el purpurado– para dar de comer a los demás, para dar la mano, para hacer amigos de verdad, para que la gente pueda encontrar en vosotros paz, ayuda, entrega, servicio».

La propuesta final del azobispo de Madrid para los jóvenes fue vivir una serie de cercanías: a Dios en la oración; a los sacramentos, en concreto a la Eucaristía y a la Penitencia; a la Iglesia y al obispo, porque «en la cercanía vivimos la unidad», y los unos con los otros: «No habléis nunca mal de nadie». Todo ello, como «miembros vivos de la Iglesia» que «queremos aproximar con nuestra vida la presencia del Señor» porque «no somos hombres de sacristía».

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