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Jueves, 25 junio 2026 11:28

Águeda, enferma de ELA, tras su encuentro con el Papa León XIV: «Es como si Jesús mismo me cogiera la mano»

Águeda, enferma de ELA, tras su encuentro con el Papa León XIV: «Es como si Jesús mismo me cogiera la mano» Foto: @artobalin

«Tengo a la muerte pisándome los talones», y en este camino Águeda Rey, enferma de ELA, se encuentra cada día con Dios y cada día se ofrece a Él como «apóstol del sufrimiento». Lo hace recostada en su pecho, como ella misma se ve en la imagen de Jesús con la que le gusta rezar: el Crucificado que preside la catedral de la Almudena, un Cristo de la Buena Muerte del siglo XVII de Juan de Mesa, autor también del Jesús del Gran Poder de Sevilla.

Águeda fue uno de los «apóstoles del sufrimiento» a los que el Papa León XIV quiso saludar en un encuentro privado durante su visita apostólica a España. Fue el sábado 6 de junio en la Nunciatura Apostólica, el mismo día que aterrizó en nuestro país. «Es un regalo directo de Dios», escribió Águeda a los pocos días en su blog, Reflexiones del alma.

Ser menos Marta y más María

Escribe y habla a través de una máquina que «me la tiene jurada desde hace un tiempo y no funciona muy bien». Por eso, llevaba preparadas varias frases para darle al botón en el momento en que el Papa estuviera con ella y con su esposo, Alejandro. Era un sencillo «hola, Santidad» para iniciar su conversación, pero como el Papa se retrasaba un poco, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, «decidió saludarnos a cada uno de los enfermos, cual telonero de Su Santidad. Estuvo muy cariñoso y divertido, pero aquí empezaron mis problemas».

Porque cambió el saludo al Papa por el saludo al cardenal, borrando el «Santidad», y su marido añadió un «buenas tardes» y subió al volumen al 100 %. «Llegó mi turno y le espeté mi saludo. El pobre casi se cae de espaldas y me dijo que sin duda yo era la enferma con mejor voz».

Ya cuando salió el Papa, «nos dedicó unas palabras de consuelo en nuestras cruces porque Jesús nos acompaña siempre; luego rezamos con él un padrenuestro y nos bendijo, y empezó su recorrido con cada enfermo». Aquí Águeda volvió a ponerse nerviosa porque «se acercaba por mi derecha, por lo que no lo veía ya que tengo la cabeza totalmente girada hacia mi izquierda».

—Un día, a Águeda una niña pequeña le dijo que era una princesa «porque llevaba corona». Le pareció muy tierno, porque «donde yo veo un artilugio aparatoso para mantener la cabeza levantada, ella veía una corona de princesa»—.

Agueda papa primer plano

Cuando llegó el Papa, el tiempo apremiaba, así que de todos los mensajes que tenía preparados para él, eligieron el que ella había escrito para despedirse: «Muchas gracias Santidad, por este momento que hemos podido compartir con usted, será algo imborrable en nuestro corazón. Rezamos cada día por Su Santidad».

«No recuerdo si nos dijo algo —cuenta de ese momento—. Lo que sí recuerdo es que mientras estuvo con nosotros tuvo su mano sobre la mía; es como si Jesús mismo me cogiera la mano». Alejandro y Águeda aprovecharon para regalarle al Santo Padre un libro con su testimonio firmado.

A Águeda le hubiera gustado ser menos Marta y más María en este encuentro, «por eso quiero repetir; quiero estar más a él y menos a mí misma».

Todo perdido menos la ganancia, que es Dios

Cuando diagnosticaron a Águeda, en 2010, le dieron entre tres y cinco años de vida. Han pasado ya 16, y en este tiempo lo ha ido perdiendo todo. «Llanto y risa son las únicas emociones que puedo expresar con mi rostro alelado», escribía en su blog en noviembre de 2025.

Pero, sin embargo, «lo más importante que hay en mi vida se lo debo a la enfermedad». «Me he dado cuenta de que el centro de mi vida no soy yo, sino Cristo». Y en otro momento escribe: «Yo he conocido ese Amor, a través de Jesús, el Amor amando desde la Cruz, y nadie me podrá separar de Él».

Agueda papa alejandro