En el día en que la Iglesia celebra San Juan Crisóstomo, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, presidió la Eucaristía en la parroquia del mismo nombre. Una concurrida celebración en la que la fiesta de la parroquia ha sido momento de encuentro de todos los que, de un modo u otro, durante más o menos años, participan de esta comunidad parroquial.
Reconocerse hermanos
Una celebración que tiene lugar al inicio del curso pastoral, siendo llamados a asumir que «una parroquia es un grupo de cristianos que han sido convocados», como recordó el arzobispo. En sus palabras subrayó que somos «diferentes, porque no somos iguales, porque cada uno tiene historias, concepciones distintas», y desde ahí, llamados por Dios, «aprendemos a reconocernos como hermanos».

En esa perspectiva, recordó que próximamente será celebrada la Semana de la Palabra en la diócesis, «como la forma de empezar, de poner nuestra vida, no nuestras ideas, no ideologías, no teorías, la vida concreta, la vida concreta de la comunidad y la vida concreta de cada uno delante de la palabra de Dios y subrayar la importancia que tiene». Una centralidad de la Palabra que el cardenal Cobo señaló que estaba presente en San Juan Crisóstomo como «aquella que nos va iluminando, nos va diciendo y nos va detectando por dónde Dios está presente».
Centrado en la figura de Pedro, le identificó con cada uno de nosotros, «que quiere saber dónde está el límite», que se pregunta «hasta cuándo tengo que seguir dando oportunidades», o si ya he hecho lo suficiente. Reconociendo que «vivir juntos no es fácil, y menos dentro de una parroquia y una comunidad cristiana, incluso dentro de una familia», el cardenal dijo ver la causa de ello en que «tenemos sensibilidades diferentes, discutimos, nos decepcionamos».
Dios llama a los distintos
Algo que lleva decir palabras que hacen daño, a que las heridas permanezcan, a que dentro de las parroquias «tendemos a levantar fronteras y nos acostumbramos a vivir encerrados en los grupos cálidos». Ante esas situaciones, recordando las palabras de Jesús y la visita del papa León XIV, invitó a alzar la mirada para entender que, aunque seamos distintos somos llamados a estar juntos, «porque Dios llama a los distintos, y Dios crea esa diversidad. Y el proyecto de Dios es que los distintos, sin dejar de serlo, se tejan y aprendan a vivir».

En palabras del arzobispo, «Dios ofrece un proyecto provocativo y precioso de vida en fraternidad, que es lo que cada parroquia intenta hacer en cada barrio». De hecho, «Jesús no está haciendo una operación matemática, nos está diciendo que el perdón cristiano no puede funcionar llevando la contabilidad, no puede funcionar anotando». Un perdón que debe llevar a cabo porque «cada uno de nosotros ha sido perdonado, que aquí no venimos los que no tenemos nada, venimos los que hemos sido perdonados».
Necesitados de misericordia
Eso porque «somos hombres y mujeres que han necesitado de la misericordia de Dios», porque «Dios también me ha cuidado a través de las personas, de la familia, de los cristianos, de los amigos, me ha cuidado a través de ellos y me ha perdonado a través de ellos», reflexionó el cardenal Cobo. Una realidad que ve presente en la historia de la Iglesia, donde «no somos una comunidad de personas impecables, sino una comunidad de personas perdonadas», que hace que cada parroquia sea «un proyecto provocativo y profético, reunir a los dispersos, que han aceptado la llamada de Dios y que están dispuestos a ofrecer un plan de perdón y misericordia», como camino de Dios para transformar el mundo.
Un perdón presente en la teología de San Juan Crisóstomo, que, en esta parroquia, ayuda «a transformar la realidad, no simplemente teóricamente, sino a través de lo que los otros vean, transformar la ciudad», pues «cada espacio de la ciudad es un lugar sagrado donde Dios está actuando y donde Dios nos está enviando», resaltó el cardenal. Desde ahí llamó a que la comunidad parroquial sea «un lugar de fraternidad, donde lo diverso por mandato del Señor se encuentra», dado que «lo diverso no es una distancia para Dios, porque cada uno nos sentimos perdonados, nos sentimos acogidos por Dios».

Unificar la mirada
La fiesta de San Juan Crisóstomo la ve el arzobispo como una oportunidad para preguntar a Dios lo que quiere de esta comunidad, «como un lugar en medio del barrio donde todo el que se acerque pueda reconocer la Iglesia de Jesucristo». En esa perspectiva, habló del plan pastoral de la Iglesia de Madrid para este curso, inspirado en la visita del Papa, que nos desafía a aprender a «ir unificando nuestra mirada e ir aprendiendo también desde nuestras parroquias, desde nuestras comunidades, a construir fraternidades».
El cardenal Cobo dijo que el sueño de Dios es que «las comunidades se reconozcan como Iglesia», lo que demanda generar puentes, trabajar en común en los arciprestazgos, dado que «una parroquia no funciona bien si la de al lado funciona mal». Desde ahí, en el día del patrón de la parroquia, les felicitó por «sentiros parroquia entre parroquias», e hizo una invitación a sentirse «convocados a este evangelio de la misericordia».
También llamó a convertirse «provocativamente en un lugar de reconciliación para nuestro mundo, para nuestro barrio, donde aquel que se acerque vea que este no es el lugar de los perfectos, sino es el lugar de los perdonados que quieren aprender a perdonar, donde lo importante no es que el otro sea diverso, sino que Dios también le ha llamado».