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Viernes, 16 octubre 2026 21:39

Cardenal José Cobo: «San Gerardo fue un grano de trigo pequeño, pero seguimos recogiendo su fruto»

Cardenal José Cobo: «San Gerardo fue un grano de trigo pequeño, pero seguimos recogiendo su fruto»

El arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, ha visitado este viernes 16 de octubre la parroquia San Gerardo Mayela, en el barrio de Aluche. Los misioneros redentoristas, que regentan la parroquia, celebran un año jubilar con motivo de los 300 años del nacimiento del patrono de esta parroquia.

Lo que se guarda se pudre

Una celebración con la que se ha dado inicio al triduo de preparación para la fiesta. El arzobispo mostró en su saludo a los presentes, también a los misioneros redentoristas y sacerdotes del arciprestazgo, su alegría por poder visitar la parroquia, vecina de San Alfonso María de Ligorio, donde fue párroco años atrás, e iniciar la fiesta de San Gerardo y el año jubilar.

A la luz de la imagen del grano trigo, leída en el evangelio, el cardenal Cobo hizo ver que lo que se guarda se pudre y no da fruto. Frente a ello, «la vida que se entrega y cuando se entrega con amor da un fruto que llega mucho más allá de lo que nos podemos imaginar». En esa perspectiva, recordó en la celebración de los 300 años del nacimiento de San Gerardo, patrono, guía y referencia de esta comunidad, que «alguien que vivió apenas 29 años, que no tuvo aparentemente grandes responsabilidades, después de 300 años, podemos decir que ha dado fruto».

Al santo redentorista le pidió que «siga hoy ayudándonos a descubrir a Dios y se convierta también en la imagen, en el protector, en la guía de esta comunidad cristiana». Un santo de familia humilde que descubrió en la familia redentorista su vocación y allí vivió como hermano sencillo, apoyando a la comunidad y compartiendo la misión. El arzobispo agradeció la labor de los redentoristas en este barrio, que «tiene un sello muy especial desde el comienzo del barrio».

No encerrarnos en nosotros

En palabras del cardenal Cobo, el Evangelio nos invita a dar un paso más, a quedarnos en la historia del santo, sino en preguntarse qué dice hoy San Gerardo a nuestra Iglesia. San Gerardo nos dice que «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto». Desde ahí recordó que «todos tendemos a encerrarnos en nosotros, nuestros dolores, lo que nos pasa, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hemos hecho siempre. Pero Jesús nos dice que, si el grano no se entrega por amor, no es fecundo, por muy bonito que sea».

Para el arzobispo de Madrid, «la fecundidad de la vida no depende de los éxitos, San Gerardo no tiene aparentemente éxitos, ni de las fundaciones, ni de las grandes cosas que se hagan, tampoco de los reconocimientos que nos dan. Nace de lo que se entrega con amor, a veces en silencio, pero entregando». Desde la figura de San Gerardo hizo ver que «aprendió, en medio de las circunstancias que le tocó vivir, que su santidad crecía en la medida que entregaba cada día su vida en oración, en la medida que ponía las dificultades en presencia del Señor, en la medida que aprendía, incluso las cosas que no conocía, a entregarlas y darlas».

Desde esa afirmación cuestionó «si podemos entregar lo que somos, lo que tenemos, aunque no sea magnífico, aunque sea un dolor, aunque sea una tristeza, aunque sea una dificultad, si no podemos entregarla al Señor para aprender que los frutos están en la entrega por amor, aunque no los veamos nosotros, aunque los vean otros, aunque no sepamos para qué sirve». De hecho, «San Gerardo fue un grano de trigo pequeño, pero seguimos recogiendo su fruto, y cada uno de nosotros puede ser un grano pequeño, pero está llamado, si hay entrega, a dar mucho fruto».

Vivir las cosas desde Dios

Otro ejemplo que el cardenal Cobo ve presente en San Gerardo es «el mirar al cielo y el vivir las cosas desde Dios», desde el servicio, desde el estar con el Señor, compartir la vida con él y vivir vinculados a él, unidos a él, en una relación personal con él, que es lo que marca la vida de San Gerardo y de los grandes santos. El deseo más profundo de San Gerardo, subrayó el arzobispo, «era hacer la voluntad de Dios, no porque comprendía lo que le venía, sino porque había descubierto que podía descansar y confiar en Jesús. Y ese es el secreto de la vida, el poder estar vinculados a Jesús y descansar con él».

El presidente de la celebración recordó las palabras que San Gerardo colocó en la puerta de su habitación, durante su última enfermedad: «Aquí se hace la voluntad de Dios como Dios quiere y hasta cuando él quiera». Algo que ve como una llamada para nosotros y para toda su Iglesia a mirar al cielo, más allá de nuestras preocupaciones y dificultades, a preguntarnos ¿qué nos está pidiendo Dios? y así reconocer «cómo miramos a Dios desde lo que nos preocupa y desde la vida que tenemos».

Desde la llamada de San Gerardo a «recuperar la relación con el Señor, que es el centro de la vida cristiana», resaltó el cardenal que «mirar al cielo no es desentendernos de las cosas», sino a tener la mirada en la tierra, como enseña San Alfonso María de Ligorio, con cuya espiritualidad aprendió San Gerardo. Y junto con ello, entender que «cuando nos acercamos verdaderamente a Cristo, también aprendemos a acercarnos unos a otros, y a entregarnos unos a otros, porque nadie se entrega a Dios si no es capaz de entregarse a nadie. Nadie ama a Dios si no es capaz de amar a nadie».

Responder a la misión

Se trata de reforzar los vínculos comunitarios, de ser presencia eclesial en el barrio, de afrontar los desafíos del barrio con los otros, juntos. Y así, «responder a la misión que Dios nos tiene en este barrio, en poder anunciar el Evangelio a todo el barrio», recordó el cardenal. Llamó a sentir necesidad unos de otros, a identificarnos en la calle como cristianos, a aprender a caminar juntos, a crear lazos y responder a nuestros vecinos y vecinas que están esperando algo de la Iglesia.

Finalmente, pidió que «esta celebración del tricentenario nos ayude a hacer fecunda nuestra vida cotidiana, a volver a mirar al cielo y a caminar como Iglesia». Una celebración que finalizó con la bendición de los panes de San Gerardo, símbolo de cercanía a quien necesitaba pan y consuelo.