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Martes, 26 marzo 2019 12:24

Cardenal Osoro: «A ejemplo de María y de José, acojamos la vida»

Cardenal Osoro: «A ejemplo de María y de José, acojamos la vida»

Esta Jornada de la Vida «es un acontecimiento que cambia la historia y todas las perspectivas que nosotros nos podamos imaginar». Ante una colegiata de San Isidro colmada de fieles, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió este lunes, 25 de marzo, una Eucaristía y una Vigilia centradas, de principio a fin, en «un amor incondicional» que se hace verdad en todas las circunstancias concretas de la vida.

Coincidiendo con la solemnidad de la Anunciación del Señor, el prelado recordó «el Señor desea que digamos “Aquí estoy”, a ejemplo de María y de José, para acoger la vida».  

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A ejemplo de María y José

El arzobispo acercó a los presentes «una señal, un modo de vivir», una página que debe acompañarlos a lo largo de su vida: «Dios con nosotros». Un Dios, tal y como subrayó, «que es la vida, que defiende la dignidad del ser humano y que no quiere que ninguna imagen se estropee». Un camino que comienza en Nazaret: «Allí, donde está María», por medio de una señal «que Ella y san José acogen con todas las consecuencias».

Asimismo, postrando el corazón de los padres de Jesús en el de todos los madrileños, los animó a hacer la voluntad de Dios. «María y José escuchan lo que Dios quiere, y Él quiere que la vida tome rostro». Y, para ello, «se sirve de María» para que, en su vientre, por obra del Espíritu Santo, «comience a tener rostro Dios mismo en Jesucristo». Y, además, se sirve de la fe de san José «para que sirva a la vida y muestre en esta historia Quién es la Vida».

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«Promoved el evangelio y la cultura de la vida»

Con el alma consolidada en este «modo de vivir», el prelado aseveró que «a veces se rompe y maltrata la vida», pues el maltrato «no solo viene porque matemos la vida», sino porque «cuando ha venido, la cuestionamos, la maltratamos y no entregamos la dignidad que tiene que tener». En este sentido, «entender lo que es la vida supone lo que es escuchar a Dios», y «nadie que se pone en silencio puede cuestionar la vida en sí misma». 

Con esta premisa, destacó que «tenemos que hacer un trabajo en la Iglesia por proclamar y promover el evangelio y la cultura de la vida». Pero «lo haremos en la medida en que recuperemos la familia y el matrimonio cristiano»; y «en la medida en que hagamos todo lo que podamos por proteger y defender la vida: en todas las situaciones que se viven, desde el principio hasta el final».

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«Tened coherencia eucarística»

Una labor que necesita tener, tal y como reveló, «coherencia eucarística». Y eso significa que «vamos a hacer todo lo posible porque el matrimonio y la familia, el amor entre los esposos y los hijos, sea algo que promovamos en esta sociedad donde se cuestiona, incluso, la familia, la unión del varón y de la mujer». 

El cardenal abogó porque «se note» que existen familias cristianas, «y preparemos a los jóvenes para que puedan descubrir lo que es el matrimonio cristiano». Mediante «diálogos con quienes sean», pero «diálogos sin gritos, con la seriedad de quien presenta capacidad para establecer una relación con quien piensa distinto, pero presenta la Verdad con su propia vida».

«Es un día de gracia», concluyó el prelado madrileño, para después alabar la figura de san José: «Un hombre excepcional que acogió también la vida», ya que «supo vivir el matrimonio de una manera singular, como Dios le pedía, en aquellos momentos para defender la vida». Él «nos ha hecho ver lo que es defender la vida con todas las consecuencias, que es amar hasta el límite, hasta dar la vida». 

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En medio de la celebración, animada por la Escolanía Virgen de la Almudena, el prelado bendijo a las madres embarazadas y realizó el envío de los voluntarios que trabajan para el cuidado de la vida.

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«¿Sabe usted lo que es el síndrome de Down?»

Durante la vigilia, un matrimonio cristiano, compuesto por Gabriel y Cristina,  ofreció su testimonio: «Como nos encontrábamos jóvenes, con buena salud y con una economía razonable, decidimos tener los hijos que Dios nos quisiera mandar, convencidos de que nunca nos pediría algo que no fuéramos capaces de llevar a buen puerto». Una historia que se fue haciendo vida con Gabriel, Cristina, Miguel, Pablo, Borja, Ignacio y Paloma… «Aunque siete es un buen número, y además un número bíblico, nos hacía ilusión un “octavo pasajero”».

Pero «ya no éramos tan jóvenes», contó Gabriel, «por lo que preguntamos al médico qué posibilidades había de que ese hijo naciera con problemas». Más que posibilidades, eran probabilidades, «que él nos fijó en uno de cada 200». Y así vino al mundo el octavo: Carlos.

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«Le vi nacer, pero hubo unos instantes de angustia porque no subían y la duda se apoderó de mí». El padre, emocionado, contó que mientras rezaba, sonó su teléfono y le dijeron que bajara a hablar con el ginecólogo. «Temiendo lo peor, seguí rezando mientras iba por las escaleras. Al llegar, el médico me preguntó: “¿Sabe usted lo que es el síndrome de Down? Es que creo que su hijo lo tiene y le tengo que pedir permiso para, si le parece bien, hacerle una prueba genética que lo pueda confirmar”. Pues adelante, le contesté, y pude entrar a abrazarme con Cristina». 

Tras llorar «un buen rato» y reponerse, rezaron unos instantes «para pedirle a Dios que nos ayudara en ese momento y en el resto de nuestras vidas, pues lo íbamos a necesitar». Y efectivamente, reveló, «nos ha ayudado y mucho». Y «así fuimos descubriendo que sí, que nos había tocado la lotería, pero de la buena y además el gordo». Porque Carlos, quien se encontraba a su lado en la celebración, «siempre está feliz», y «siempre sonríe»… Hoy «formamos una gran familia, ocho hijos, siete hijos más que se han casado con los nuestros, 18 nietos (de momento) y creo que ninguno podríamos concebir nuestra vida sin Carlos», confesó Gabriel, ante la emoción de todos y cada uno de los presentes.

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Con san Isidro y santa María presentes

Al concluir la vigilia, todos los asistentes acompañaron al cardenal Osoro y a los nuevos delegados de Pastoral Familiar, José Barceló y María Bazal, al camarín sepulcral de san Isidro y santa María de la Cabeza, para venerar los restos de los santos.

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