La catedral de la Almudena acogió el pasado domingo, 14 de febrero, la Eucaristía con la que daba comienzo la campaña de Manos Unidas contra el hambre, este año con el lema Contagia solidaridad para acabar con el hambre. La celebración estuvo presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, y concelebrada por Óscar García Aguado, viceconsiliario nacional de Manos Unidas. Entre los asistentes se encontraban Clara Pardo Gil, presidenta nacional de Manos Unidas, Ricardo Loy, secretario general, y Pilar González Adrados, presidenta delegada de Manos Unidas Madrid.
«Manos Unidas es un canto de liberación para los más pobres». Lo aseguró el purpurado al comienzo de su homilía, que articuló sobre tres palabras: insolidarios, bienhechores y compadecidos. Frente a aquellos que no contagian solidaridad, y por tanto «echan a la gente», se encuentran los que viven «siempre buscando el bien de los demás». Y esto es «lo que quiere hacer Manos Unidas, y lo que deseamos todos los discípulos de Cristo».

Tras casi un año «encarando la crisis sanitaria, social y económica que ha traído esta pandemia», la celebración de la jornada contra el hambre requiere un cambio en el corazón, afirmó el purpurado. La gran confianza que mostró ante Jesús el leproso del Evangelio, cuando le dijo «si quieres, puedes limpiarme», es la que «queremos vivir». Este hombre era un excluido social, «en lo religioso también», y ante él, «la reacción de Jesús es insólita»: lo toca, y con ese gesto «arranca a aquel hombre del aislamiento y de la exclusión». Además, hace saltar los prejuicios de la sociedad y enseña que «el camino acertado es el amor que lleva a la convivencia fraterna».
«Esto es lo que nosotros queremos hacer y vivir en esta campaña [de Manos Unidas]: tocar la realidad de esa insolidaridad en la que a veces vivimos todos nosotros, y dejarnos contagiar por Cristo» para, a su vez, llevarlo a todo aquel que «esté pasándolo mal con cualquier tipo de hambre».

Compasión de Dios
El arzobispo invitó a reflexionar sobre «cómo transmitir hoy la compasión de Dios a los olvidados, a los marginados». «Toquemos la carne de los que sufren», dijo a modo de respuesta, como Jesús hizo con el leproso. La curación viene en el momento en que se acoge el amor de Dios «y nosotros podemos curar a los demás si contagiamos también este amor en concreto».
Los marginados, los olvidados, los refugiados, los migrantes, los que están en las cárceles, los ancianos que viven solos, los que no se sienten amados de verdad, son los nuevos leprosos. «Nosotros, como discípulos de Jesús, estamos invitados a prolongar los sentimientos y las palabras de Jesús: “Sí, quiero, queda limpio”», concluyó.
Puede colaborarse con Manos Unidas a través de su portal de donativos.
Eucaristía en vídeo