El día de san Isidro, en la Misa que el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, presidió en la Pradera, sucedió un hecho que quizá pasó desapercibido para el gran público, pero para Carlos Velásquez y Alba Guillén fue trascendental. Se bendijo y presentó la Cruz Peregrina de la visita del Papa León XIV, cuya peana y mástil han elaborado en su taller, Ars Domini, en tiempo récord. «Todavía estamos tratando de asimilarlo», reconoce Carlos, y Alba apunta que son «un conjunto de emociones difíciles de describir».
Ellos, que en los últimos tiempos se han adentrado en el trabajo del arte sacro, no se esperaban «un salto tan grande». Esta será la cruz que presida la Vigilia de Jóvenes en la plaza de Lima el sábado 9 de junio: «El Papa estará al lado de algo que ha hecho nuestras manos», se asombra Carlos. «Esto va a marcar un antes y un después» en lo que para ellos no es solo un trabajo. «Este tipo de trabajos los disfrutamos desde el principio», y además, en esta ocasión», eran plenamente conscientes de «para quién estábamos trabajando». Para el Papa León.
Esta pareja, él colombiano, ella madrileña, con dos hijos de 14 y 8 años, desarrollan su oficio en Cenicientos, en un local cedido por la diócesis de Getafe que ellos han transformado en taller y, si Dios quiere, en futura escuela de trabajos artesanos para rescatar oficios que están a punto de desaparecer.

Son personas de fe, aunque en el caso de Alba no ha sido así siempre. De hecho, recibió los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Primera Comunión) en la Vigilia Pascual de hace dos años en la catedral de Getafe. «Ha sido un proceso maravilloso», reconoce, sobre todo desde que regresaron a España en 2021, tras nueve años viviendo en Colombia. Todo les ha dado un vuelvo, «hasta el punto de hacer algo que va a recibir el Papa».
«Un cambio brutal», tanto que contraerán Carlos y Alba contraerán matrimonio el próximo 23 de junio en la parroquia de Sotillo de La Adrada, acompañados por las Agustinas de la Conversión, a quienes les unen lazos especiales de amistad y acompañamiento.
«Dios tenía ese propósito para nosotros, seguir vinculados a la Iglesia —explica Carlos—, y parte de ese propósito es participar en esto, dando los dones que Él nos dio a su servicio». Y esto, es consciente, es un verdadero milagro.

Los datos de un trabajo para el Papa
Para la elaboración de su proyecto, la comisión organizadora de la Vigilia de Jóvenes les trasladó un mensaje clarísimo: «Todo el conjunto tenía que ser decir el lema, Alzad la mirada; así, el mensaje es la Cruz».
Y lo quisieron hacer con un equilibrio entre belleza y sobriedad. Cerca de 340 horas de trabajo se ha llevado el proyecto, casi un mes entero en el que Carlos y Alba han tenido que aparcarlo todo y dedicarse en cuerpo y alma al proyecto. «Las letras del lema las terminé de poner a las tres de la madrugada; lo envuelven a uno tanto que no está pendiente del reloj», resume Carlos.
Las piezas están talladas en madera africana danta o kotibé en color natural, lo que resalta la veta. «La elegimos porque creíamos que iba a encajar muy bien con los tonos de la cruz». Es una madera de muy alta densidad muy usada en trabajos de ebanistería para mobiliario.

La peana pesa 30 kg (la pieza total alcanza los 50 kg con el mástil y la cruz) y, al ser además madera maciza, no ha requerido ningún contrapeso. Mide 50x50 cm de base y 65 cm de alto. Con el mástil, la pieza alcanza 1,70 metros de altura; y con la cruz, 2,20 metros. Tanto peana y mástil llevan ensamblajes de madera, a excepción de dos tornillos en la parte central para sujetar la cruz.
En ellos destaca el trabajo de orfebrería, que se aprecia fundamentalmente en el logotipo y en el lema de la visita colocados en la peana, pero también en las arandelas decorativas del mástil, estas últimas armadas con soldaduras de plata.
Todo está hecho en latón, de manera manual, «como se hacía antiguamente», detalla Carlos. Así, «calamos pieza a pieza» cada parte del logo y cada letra del lema, «lo brillamos y le dimos un esmaltado al horno» para garantizar su durabilidad. La placa del evento, la que se sitúa en la base de la peana que recuerda el viaje apostólico del papa y las fechas, está grabada a mano, con pulimento también manual y barniz al horno.

Cruz Peregrina
A Samuel González de Mingo, iconógrafo con su Taller Iconográfio San Lucas, le encargaron la cruz justo antes de Pascua. Un trabajo también en tiempo récord para el que preparó una decena de bocetos. «El definitivo es el número once», nos cuenta, en su taller en Madrid, ante la mismísima cruz original que presidirá la vigilia. Aunque ya se presentó en la Pradera, quedaba por darle una última capa de barniz para rematar los trabajos.
Samuel reconoce que «jamás hubiera pensado» poder participar en un encuentro con el Papa de esta manera. Para él, que ya estuvo de muy pequeño en la Plaza de Lima en el encuentro con Juan Pablo II en el año 82 y en infinidad de JMJ, «primero como peregrino y después con chavales como catequistas», esto será un «honor».
El icono representa un Cristo resucitado sobre la cruz, «saliendo de la muerte». De ahí las vestiduras blancas, que por cierto ha sido lo más complicado de pintar. «Había que conseguir darle volumen, porque es muy fácil que quede plano», y a su vez «tiene que brillar de forma fulgurante». «Un blanco resplandeciente ya que muestra toda la fuerza de la Resurrección».

A los pies de la cruz están la Virgen María y Juan. La primera es una representación de la Almudena —se ve fundamentalmente en los pliegues de sus ropajes, como los de la talla original—, aunque sin corona y sin Niño, que ha sido sustituido por la barca de la Iglesia. «María la tiene en sus manos; nos recibe a los pies de la cruz como hijo y sostiene la Iglesia». El azul de su vestidura remite a lo celestial. Es la prenda más pegada a su cuerpo «porque es la llena de gracia».
Sus zapatos son rojos, no solo como signo martirial, «está aceptando ser víctima con Cristo», sino porque «rojo significaba bello en el ruso antiguo». En el manto que le cubre la cabeza hay tres estrellas indicando su perpetua virginidad, antes, durante y después del parto. Además, de fondo hay una muralla, que aunque es un elemento habitual en la iconografía tradicional, en este caso tiene el doble sentido, aportando el de la muralla en la que estuvo escondida la patrona de Madrid.

Las letras a ambos lados de la cabeza de Cristo son la palabra Jesucristo en griego. Al proceso de poner el nombre que conecta el icono con lo que representa se llama bautizar. Y las que aparecen sobre su cabeza significan «victoria» en griego. «Es un Jesucristo victorioso surgiendo de la cruz como surgió del sepulcro». E
n la parte superior hay dos mandorlas en las que aparece la mano del Padre y la paloma representando al Espíritu Santo. Hay tres tonos de azules, el más oscuro en el interior porque «según nos vamos acercando a Dios, aumenta el misterio». De hecho, el icono en general «representa el misterio, no la emoción; porque además, la emoción poco tiene que ver con la fe». Lo que pasa es que, siendo lo propio de la tradición cristiana, a partir del Renacimiento, con el paso del teocentrismo al antropocentrismo, explica, esta simbología desapareció en el mundo occidental «para buscar la emotividad e impresionar al espectador». El icono es todo lo contrario, pasar de lo sensible al misterio; «es como pisar un trampolín para elevarse».
Otra diferencia es que el icono tiene una perspectiva inversa a la pintura convencional. En el icono, «el punto de fuga eres tú; muestra una realidad que converge hacia ti, sale de la imagen y te interroga, te dice algo a tu vida de hoy». También «se pinta al revés que la obra normal». Mientras en este último caso se van oscureciendo los trazos para hacer las sombras y los volúmenes, en el icono es se va dando luz «porque el cristiano va de las tinieblas a la luz; se pinta con la luz del Tabor, no de los colores». Por eso lo que más brilla es el oro. «El iconógrafo pinta el Reino de los Cielos y las naturalezas transfiguradas». Así, también pasa que los hombros de las figuras están caídos, signo de humildad; o las bocas son pequeñas, signo de prudencia en el hablar; o son más hieráticos, porque no necesitan moverse estando en presencia de Dios.

Sentido teológico
La iconografía bizantina está sujeta a un canon establecido por la propia Iglesia. «No tiene un carácter ornamental, es un sacramental hecho exclusivamente para la liturgia». «Es teología hecha imágenes», por eso las figuras o los temas se representan de una determinada manera, para «no pintar herejías». De hecho, «iconógrafo es un servidor de la Iglesia».
En la conversación con Samuel, en su taller frente a la Cruz Peregrina, va desvelando el sentido, también de la mano de la Sagrada Escritura. «El icono es el lenguaje del Evangelio escrito» en el que «en lugar de vocabulario se usan formas y colores».
Por ejemplo, las capas de yesos que se dan a la tabla de manera hasta dejarla como casi como un mármol son siete. «Como los siete pecados capitales». Así que cuando Samuel las va dando va haciendo reflexión sobre su propia vida a la luz de sus fragilidades y diciendo la oración del corazón: «Jesús, ten piedad de mí, que soy un pecador». Porque «preparar el icono es un proceso de conversión personal», de purificación. Y habla aquí Samuel de la Via Pulchritudinis, la de acercarse a Dios a través de la belleza.
Una de las funciones de la iconografía a lo largo de los siglos ha sido la enseñanza. Y no solo de la vida de la fe, sino contra las herejías. Las letras que enmarcan a la Virgen, por ejemplo, significan «Madre de Dios». Las que están en la aureola del Cristo significan «el que es», en recuerdo del Dios del Sinaí.
Para la elaboración, igual que para todos sus trabajos, Samuel ha empleado las técnicas tradicionales de la iconografía bizantina, «las mismas que se usaban ya en el siglo XII». Todos los materiales utilizados son naturales: del reino vegetal, las tablas; del reino mineral, los yesos y los pigmentos; y del reino animal, el huevo, porque los iconos se pintan con temple al huevo.
En la parte trasera, la madera ha sido grabada con el motivo del encuentro, el logo y se espera que el Papa León XIV firme en el espacio que queda.

«Que a través de esta cruz se puedan encontrar con Jesucristo»
En la tradición iconográfica, las tablas se pintan en ayuno y oración. «No es solo un proceso artístico —explica Samuel— yo he estado rezando por los chavales, para que a través de esta cruz se puedan encontrar con Jesucristo».
A los que van a estar en la Vigilia, les diría que «esta es una ocasión especial; Pedro viene a verte». Para él este tipo de encuentros con los papas han sido «decisivos», de modo que «les invitaría a que escucharan, que abrieran el corazón, porque a través del Papa es Jesucristo el que quiere pasar por su vida».
Sobre el lema de la visita apostólica, que ha plasmado en el eje horizontal de la cruz, asegura que le lleva a Cristo. En el fondo, sostiene, es mirarle a Él. «La única verdad es Cristo, y la única posibilidad de ser feliz es estar con Cristo».