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Martes, 17 marzo 2026 15:50

El Oratorio del Caballero de Gracia saca a la calle en vía crucis al Cristo de la Agonía, una talla del siglo XVII

El Oratorio del Caballero de Gracia saca a la calle en vía crucis al Cristo de la Agonía, una talla del siglo XVII

El Real Oratorio del Caballero de Gracia (Caballero de Gracia, 5) organiza un vía crucis procesional el próximo domingo, 22 de marzo, a las 19:00 horas, con el siguiente recorrido por las calles cercanas al templo:

Caballero de Gracia – Virgen de Peligros – Aduana – Montera – Caballero de Gracia

Los participantes acompañarán a la imagen del Santo Cristo de la Agonía, una talla que ya se sacaba a hombros en los años 60 del siglo pasado. Durante la Cuaresma, la imagen se coloca en el presbiterio para que pueda ser venerada por los devotos.

Via crucis oratorio cara

Historia del Cristo de la Agonía

La historia del Cristo de la Agonía se remonta a 1885, cuando la condesa de Albranca regala «un hermoso crucifijo» que cumple uno de los grandes deseos de la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia: que en el templo hubiera un Crucifijo, bien presidiendo o para las funciones de Cuaresma, a los pies del Oratorio, para que los fieles pudieran besarlo.

La imagen es de 1650, atribuida al escultor Juan Sánchez Barba, y procedía del Hospital de Agonizantes que había en la calle Fuencarral, cerca del Oratorio. Aunque no hay documentación que lo acredite, es muy probable que la condesa lo adquiriera tras la desamortización de Mendizábal.

El 21 de septiembre de 1885, el Cristo de la Agonía estaba ya colocado en el templo, a la derecha de la entrada principal, rodeado de una verja de madera adornado con un dosel forrado en rojo y una talla de flores y hojas policromada en oro. Al año siguiente se le nombra a título personalísimo y honorífico primer rector del Oratorio.

Via crucis caballero presbiterio

Oración al Cristo de la Agonía

Mírame, ¡oh, mi amado y buen Jesús!, postrado en tu presencia: te ruego con el mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderte; mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz, voy considerando tus cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti dijo el santo profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos» (Sal 22,17).