La Iglesia de Madrid se está sumando un año más a la celebración mundial de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (SOUC), que está teniendo lugar desde el pasado domingo, 18 de enero, hasta el 25 de enero bajo el lema «Un solo Espíritu, una sola esperanza». Esta convocatoria anual reúne a cristianos de distintas confesiones en torno a un mismo deseo: avanzar hacia una unidad visible y hacia una comunión cada vez más plena entre todos los seguidores de Jesucristo.
Con motivo de esta semana, el reverendo Lars Pferdehirt, de la Iglesia Luterana alemana, que predicará el próximo domingo 25 de enero, a las 20:00 horas, en la clausura de la semana en la catedral de la Almudena, subraya que la SOUC «no es un gesto simbólico ni un acto protocolario, sino una experiencia muy concreta de encuentro».
Durante estos días —explica— se hace visible algo que no siempre se percibe en la vida cotidiana de las iglesias: «Personas de distintas tradiciones cristianas que se escuchan, que rezan juntas y que trabajan codo con codo».
En este sentido, el reverendo Pferdehirt aclara que la unidad de los cristianos no implica pensar todos igual ni borrar las diferencias. «Significa reconocer que, a pesar de nuestras historias distintas, compartimos una misma esperanza y una responsabilidad común en la sociedad en la que vivimos».
?La #SemanaOraciónUnidadCristianos continúa este miércoles, a las 19 h, en la Catedral del Redentor (IERE, Comunión Anglicana)
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) January 21, 2026
➡️Predica el padre Antonio Navarro Carmona (Iglesia católica)#SOUC #UnidadCristianoshttps://t.co/4GXY4DxQfi pic.twitter.com/ZCt6UHvCd2
Asimismo, destaca el compromiso de tantas personas que, muchas veces de manera discreta, sostienen la vida ecuménica en Madrid a través de parroquias, comunidades, proyectos sociales y espacios de diálogo. «Gracias a ellas, la unidad no es solo un ideal, sino una práctica vivida».
En definitiva, para el reverendo Lars Pferdehirt, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos «es un tiempo para agradecer lo que ya existe, para reforzar los lazos y para recordar que la fe cristiana solo es creíble cuando se traduce en encuentro, cuidado mutuo y responsabilidad compartida por la paz y la dignidad humana».