Durante el mes de agosto, el Oratorio del Santo Niño del Remedio permanecerá cerrado, de modo que la talla de este Jesús tan querida en Madrid se ha trasladado a la parroquia San Ginés (Arenal, 13).
Allí permanece ante el altar de Nuestra Señora de Valvanera para su veneración popular. Y el día 13, como cada 13 de mes en memoria de su fiesta, el templo estará abierto de 8:00 a 20:45 horas.
El Oratorio
A ciento ochenta metros del templo parroquial, caminando por la calle Arenal en dirección a la Plaza de Isabel II, se encuentra el Oratorio del Santo Niño del Remedio (Donados, 6). Fue construido en 1917 sobre el solar de la antigua Iglesia del Hospital de Santa Catalina de los Donados, fundado en 1460 por Pedro Fernández de Lorca, tesorero del rey Juan II y secretario de Enrique IV, con la función de atender a doce hombres ancianos inválidos.
El nombre de «donados» le viene de la vestimenta que llevaban los doce ancianos, y que era la destinada a las personas que habiendo entrado en una orden religiosa no habían profesado. Estuvo bajo el patronato del prior de San Jerónimo de El Escorial.
El Hospital estuvo en funcionamiento hasta que en 1856 fue transformado en Hospital de Ciegos dependiente de la beneficencia provincial, trasladándose en 1889 a Vista Alegre. Demolido el 24 de diciembre de 1893, en su lugar se construyó en 1917 el oratorio actual. En su interior se venera la imagen del Santo Niño.

La compra de la talla
El 7 de agosto de 1897, Pedro Martín Marazuela, dueño de un taller de encuadernación en la calle Costanilla de los Ángeles, 4, compró la imagen de un Niño Jesús en piedad, del siglo XVI, a una señora que se marchaba a Cuba y se desprendía de sus enseres. Fue un amigo quien se enteró de la venta y convenció al piadoso encuadernador para que comprase la imagen, consciente de que no había mejor lugar que la trastienda de su taller y la piedad de esa familia para acogerla.
Pedro fue a ver la imagen, pero a pesar de que le encantó y deseaba tenerla en su hogar, confesó a su amigo que no tenía entonces las 100 pesetas que la señora pedía por ella. Su amigo le prestó el dinero y la imagen del Santo Niño llegó a la calle Costanilla de los Ángeles, muy cerca del emplazamiento de su posterior Oratorio.
Con el Niño le entregaron una coronita de espinas que pendía de una mano, tres potencias de hojalata como signo de divinidad y una banda de seda de color granate bordada con hilo de oro.

Elección del nombre
Pedro era viudo y tenía dos hijas —camareras de la Virgen del Olvido que se veneraba en la iglesia de San Francisco el Grande—, que nada más ver la imagen del Niño se entusiasmaron con ella y la situaron en lugar privilegiado. Al día siguiente, los tres pensaron en darle una advocación y acudieron en busca de consejo al rector de la cercana iglesia de Santa Catalina de los Donados.
Éste estaba a punto de celebrar Misa y les dijo que escribieran en varios papeles las advocaciones de su agrado y eligieran uno al azar. Regresaron al taller y lo hicieron. Anotaron en cuatro papeles cuatro advocaciones de su gusto: del Consuelo, de la Esperanza, del Perdón y del Remedio. Resultó elegida la del Remedio, y minutos después llegó azorado el rector para pedirles que no hiciesen el sorteo porque en el momento de la Consagración sintió que debía hacerse en el altar al finalizar una Misa.
Ni Pedro ni sus hijas se atrevieron a decirle que ya estaba hecho, y al día siguiente acudieron a Misa para volver a elegir la advocación según quería el rector. De nuevo salió la advocación del Remedio.

Se extiende la devoción
La devoción se fue extendiendo y el particular oratorio, instalado en la trastienda del taller de encuadernación, se convirtió en un lugar de culto para vecinos y viandantes. Gentes de toda clase y condición social se daban cita en el taller para rezar ante el Niño milagroso. Así, desde los madrugadores obreros hasta la más encumbrada nobleza, acudían a postrarse ante el Niño del Remedio que, día a día, con sus innumerables gracias concedidas, iba ganando el sobrenombre de «Santo».
Muy pronto llegaron al taller donaciones por los favores recibidos, tanto vestidos elaborados con ricas telas como aportaciones para su culto. Y Pedro fue anotando minuciosamente las gracias que le contaban los devotos de su querida imagen.
Al cumplirse un año de la adquisición quiso ofrecer una novena y, además de prepararla con su acostumbrada minuciosidad, organizó un pequeño coro, solicitó un armónium e ideó la primera procesión del Santo Niño para la que encargó unas pequeñas andas que serían portadas por niños.
Cada día de esa primera novena rezada ante el Niño, al finalizar las oraciones, niños y adultos recitaban sentidos poemas. El noveno día, cuatro niños de diez a doce años procesionaron la pequeña imagen por el reducido espacio del taller engalanado para tal ocasión por la familia y los amigos.

Construcción de un oratorio más amplio
En octubre de ese año, un matrimonio, cumpliendo una promesa, costeó dentro del taller la construcción de un oratorio más amplio que fue bendecido el 1 de enero de 1900. De tan relevante y emotivo acto fue informada la hermana del rey Alfonso XII, la infanta Isabel de Borbón, popularmente llamada La Chata.
La devoción al Niño del Remedio se extendía imparable. Desde que se abría el taller hasta que se cerraba era continuo el trasiego de personas que entraban a postrarse a sus pies y daban vida a un culto que cada día era más popular.
Un día, la propia reina regente, María Cristina de Austria, se apeó de su coche, traspasó la puerta y, con suma devoción, se acercó a la venerada imagen para rogar al Niño del Remedio por el bien de España. Al despedirse les pidió que ellos, que habían merecido la predilección de tenerle en su propia casa, se unieran a su petición.

Cofradía del Santo Niño del Remedio
Tras la muerte de Pedro Martín se hizo cargo del oratorio su hija Inés (imagen superior), que luchó por el traslado de la imagen a una iglesia y por la creación de la Cofradía del Santo Niño del Remedio. En su testamento legó la propiedad de la imagen al marqués de Castellanos, gran devoto, con la condición de que, a su muerte, pasara a la Cofradía.
El marqués y otros benefactores tramitaron el traslado de la imagen a un altar de la iglesia de Santa Cruz, donde siguió recibiendo el culto de sus numerosos devotos mientras buscaban una iglesia que se consagrase a su culto. El 3 de marzo de 1917 lograron su anhelo concediéndoseles el usufructo de la iglesia de Santa Catalina de los Donados, lugar muy vinculado a la historia de la imagen pues allí recibió su advocación «del Remedio».
Cuando estuvieron terminadas las obras del altar para acoger la venerada imagen, se efectuó el traslado con una procesión que recorrió la Plaza de Santa Cruz, la Plaza Mayor, calle de las Fuentes y calle de los Donados.
La fiesta del Santo Niño del Remedio se celebra el 13 de enero, puesto que era la fecha fija de la fiesta del Bautismo de Jesús antes del Concilio Vaticano II. Los días 13 de cada mes se baja de su altar para que los devotos puedan besar su pie.
