Lleva 33 años vistiendo al Señor de Madrid pero para fray Ángel cada vez es como la primera. La misma impresión, el mismo sobrecogimiento. Le pasó lo que le pasa a todo el mundo una vez que ve a este Nazareno de cerca: «Te quedas prendado de su belleza, de su rostro, independientemente de sus milagros, que los hay».
Un Cautivo, sí, pero en «majestad, serenidad, en un momento tan grave» como representa la talla, su presentación ante Pilatos tras el prendimiento. «Con paz, la paz que sólo Dios puede tener».
Fray Ángel es el sacristán de la basílica de Jesús de Medinaceli, que custodian los franciscanos capuchinos. Como sacristán, vestir a Jesús es «mi obligación», pero hay mucho más detrás de esta tarea. «Para ponerse a vestirlo hay que tener mucho valor, mucha devoción, mucho cariño, mucha veneración, mucho amor».

Es subirse a una escalera, es alargar los brazos, es cuidar la talla —en madera, anónima, siglo XVII—. Es ponerle la túnica, alguna de las más de 30 que tiene, cada una con una historia detrás porque fueron donaciones y fray Ángel ve las historias de sentimientos, dolores o alegrías que hay detrás de los terciopelos y los bordados en oro.
Y es colocarle la corona de espinas en la cabeza, con pelo labrado aunque, desde que llegó a Madrid rescatado de Marruecos por los trinitarios, siempre lució con peluca de pelo natural, por la costumbre de la época.
Hay varios juegos de coronas, doradas para el uso diario y de madera para, por ejemplo, la Cuaresma. Que es el tiempo litúrgico en el que estamos, y por eso va Jesús más austero, con túnica morada lisa. El atavío sencillo le gusta a fray Ángel, pero en realidad le parece que el Cristo está imponente de cualquiera de las maneras.

Las túnicas, más de una treintena, las va alternando fray Ángel a lo largo del año, aunque hay algunas que son fijas: blanca para la Pascua, roja para el Corpus y la fiesta de Cristo Rey… La mayoría, no obstante, son moradas. La joya de la corona es una túnica del siglo XIX, restaurada en 2019, con la que salió a la calle desde la catedral en una procesión extraordinaria aquel mismo año para conmemorar los 80 años de su vuelta a Madrid tras la guerra civil —había estado protegida en Ginebra— .
Era también la que lucía la última Semana Santa para su salida procesional, que no pudo finalmente llevarse a cabo a causa de la lluvia. Otra también muy valorada es la que portó en la JMJ de Madrid 2011, en la cuarta estación del Vía Crucis.
—Fray Ángel, ¿y cuando ve a Jesús de Medinaceli por las calles el Viernes Santo?
—Me harto de llorar.
