La Archidiócesis de Madrid celebrará este jueves 30 de julio, a las 19:00 horas, una eucaristía en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para rezar por las personas fallecidas en el trágico terremoto que ha sacudido Venezuela y por la pronta recuperación de quienes han resultado heridas.
La celebración, convocada por la Delegación Diocesana de Pastoral de la Movilidad Humana – Migraciones, estará presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, y quiere «ser un gesto de cercanía, esperanza y comunión con el pueblo venezolano en estos momentos de dolor».
Padre Alfredo: luz y guía para nuestra comunidad
La Hermana Mayor de la Cofradía de la Virgen del Valle de Madrid, Kary Prieto, también participará en esta celebración. «Cuando uno emigra», afirma, «el dolor de lo que ocurre en tu país se vive con una intensidad aún mayor, porque a ese sufrimiento se suma la impotencia y el deseo profundo de estar allí, acompañando y apoyando a los tuyos».
Sin embargo, en medio de esta tragedia, afirma la hermana mayor, la comunidad venezolana en Madrid, y en tantos lugares del mundo, ha demostrado una vez más que «somos una sola familia». No solo nos une nuestro gentilicio, sino, sobre todo, «el amor, la fe y la solidaridad».
Pero Kary Prieto no puede hablar únicamente de los venezolanos. «Hemos tenido la inmensa bendición de sentirnos arropados no solo por nuestros compatriotas, sino también por el cariño, la empatía y la entrega de más de 700 voluntarios españoles y de muchas otras nacionalidades que se han volcado para ayudarnos desde la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria». Por ello, hace un reconocimiento muy especial al párroco, Alfredo Jiménez, que ha sido siempre «luz y guía para nuestra comunidad» y que, una vez más, ha estado a nuestro lado con «una generosidad y una entrega incondicionales».

«Dios y la Virgen no nos abandonan»
Asimismo, reconoce que han vivido momentos muy duros. Como pueblo, «los venezolanos nos hemos sentido profundamente golpeados por esta tragedia». Pero si hay algo que nos define es «nuestra fe inquebrantable, nuestra resiliencia y nuestra capacidad de levantarnos incluso en las circunstancias más difíciles».
«Tengo la certeza de que Dios y la Virgen no nos abandonan». Hoy, más que nunca, «están cerca de nosotros, sosteniéndonos, dándonos consuelo y fortaleciendo nuestra esperanza», afirma.
«Más de 700 ángeles de la Virgen»
Ricardo Duque, miembro de la Cofradía de la Virgen del Valle de Madrid, explica que durante el mes de julio han tenido el privilegio de colaborar en el centro de acopio, junto a más de 700 voluntarios que, de «una forma admirable, organizada y profundamente emotiva, han entregado su tiempo y su esfuerzo para ayudar a nuestros hermanos en Venezuela».
El espíritu solidario de los venezolanos ha hecho posible que más de 700 personas, «más de 700 ángeles de la Virgen», nos encontráramos allí. «La entrega de cada persona ha sido impresionante», recuerda Ricardo.
En ocasiones comentaban que aquello parecía «un gran centro logístico», como «una enorme fábrica de Amazon». Pero, en lugar de «enviar productos», estábamos preparando y enviando lo más valioso: «esperanza, solidaridad y ayuda para quienes más lo necesitan».
En este sentido recuerda que lo que han vivido en la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria, «donde se encuentra nuestra Virgen del Valle», ha sido «realmente extraordinario». Esta vez «la Virgen nos reunió para recordarnos el verdadero significado de ser familia: la solidaridad».

«Ser familia»
La Virgen, recuerda Ricardo, nos reunió esta vez no para celebrar nuestras tradiciones venezolanas, sino para vivir la otra cara de lo que significa ser familia, es decir, «estar presentes cuando alguien nos necesita, tender la mano, cargar juntos el peso del dolor y arrimar el hombro en los momentos más difíciles».
Recordando lo vivido aquellos, asegura que han sido muchas horas de trabajo y muchos días de esfuerzo, pero también «hemos sido testigos de una solidaridad inmensa». Empresas venezolanas les llevaban comida para que los voluntarios pudiéramos desayunar, comer o cenar sin detener el trabajo. Además, muchas personas llegaban con agua, hielo y palabras de ánimo para quienes pasábamos largas jornadas organizando la ayuda, en pleno verano y soportando altas temperaturas.
«Gracias al esfuerzo de todos, hemos conseguido organizar y preparar más de 80 toneladas de ayuda humanitaria». En definitiva, «decenas de palés, miles de cajas y un inmenso trabajo en equipo que ha hecho posible algo verdaderamente extraordinario», apunta.

«80 toneladas de amor que viajan hacia Venezuela»
Por ello, «me siento inmensamente orgulloso de ser venezolano y enormemente agradecido con todos los españoles, especialmente con la comunidad de nuestra parroquia en Chamberí», que también se volcó «generosamente» para hacer realidad esta misión. Gracias a ellos, esas más de 80 toneladas «no son solo ayuda humanitaria», recuerda Ricardo, sino «80 toneladas de amor que viajan hacia Venezuela».
Al igual que la hermana mayor de la Cofradía, Diego afirma que, el párroco, Alfredo Jiménez, ha sido «un ángel». Aunque es español tiene un corazón profundamente venezolano. Desde el primer momento asumió «esta misión como propia, puso toda la parroquia a disposición de los voluntarios y de la ayuda humanitaria y nos acompañó con una entrega absoluta. Nada de esto habría sido posible sin él». Además, bendijo toda la ayuda antes de su partida, pidiendo a Dios que «llegue a quienes realmente la necesitan y que sea un signo de esperanza para nuestro pueblo».
Por último, extiende el agradecimiento a toda la comunidad parroquial del Santísimo Cristo de la Victoria, a la Archidiócesis de Madrid y a Cáritas Madrid, que «han caminado junto a nosotros haciendo posible esta gran obra de solidaridad»