Print this page
Martes, 20 octubre 2026 12:28

La peregrinación en furgoneta para llevar a Roma la causa de beatificación de Sebastián Gayá: «Tengo la sensación de haber preparado un regalo para mi madre la Iglesia»

La peregrinación en furgoneta para llevar a Roma la causa de beatificación de Sebastián Gayá: «Tengo la sensación de haber preparado un regalo para mi madre la Iglesia»

Cuatro días, 4.000 kilómetros en furgoneta, 40 horas de viaje y cuatro peregrinos que llevaban consigo una causa de santidad en forma de folios metidos en cajas. Mezcla de lo sublime y lo humano que resumen en cifras cómo ha sido el inicio de la fase romana del proceso de beatificación de Sebastián Gayá, sacerdote, iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad junto al laico Eduardo Bonnín y el obispo Juan Hervás. 

Tras la clausura de la fase diocesana el pasado 7 de julio en Madrid, presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo, los cerca de 27.000 folios que recogen la vida de Gayá y lo aportado por más de un centenar de testigos  tenían que llegar al Dicasterio de las Causas de los Santos para continuar en Roma el proceso.   

Así, desde la Fundación Sebastián Gayá y el Secretariado Diocesano de Cursillos de Cristiandad en Madrid se prepararon con cuidado y mimo las cajas y se colocaron en el maletero de una furgoneta cedida por Ilde Gómez, cursillista de la diócesis, que se dedica profesionalmente al transporte de mensajería. 

La idea era salir desde Madrid y llegar a Roma en un viaje por carretera que iba a suponer en sí mismo una auténtica peregrinación. Junto a Ilde viajaron dos de sus hijos, Ilde y Ana, y el consiliario diocesano de Cursillos, Jaime López-Peñalba.   

«Tengo la sensación —comenta este último, a la vuelta de Roma— de haber preparado un regalo pequeño, pobre y humilde para mi madre la Iglesia». La sensación, completa, «de haber llevado una ofrenda», de haber ofrecido a Dios «el sacrificio, la entrega y la ilusión» de su pueblo porque la causa de santidad de Sebastián Gayá la «ha preparado muchísima gente». Y «así es como se construye la Iglesia, con esa entrega pequeña». (Imagen inferior, López Peñalba con una de las cajas del proceso, a la entrada del dicasterio).

«Voy de cabeza» 

A Ilde hijo (27 años) le propuso su padre el viaje y no se lo pensó nada. «Voy de cabeza», dijo, «no sé en qué otra ocasión tendré la oportunidad de participar en la causa de un santo, de ir al Vaticano; esto es una cosa muy grande como para perdérmelo». 

El viaje comenzó el pasado jueves 15 de octubre a las 6:00 horas. Como apunta López-Peñalba, ha habido tiempo para «hablar de todo» y «hasta para aburrirse». «Un baño de convivencia», resume.

Llegar a Roma, al Vaticano, fue toda una experiencia. Ilde reconoce que «en mi vida me hubiera imaginado entrar dentro con la furgoneta, que los militares te abran la puerta…».

Una vez en el edificio del dicasterio, descargaron las cajas y las llevaron en carritos hasta la planta tercera, donde fueron recepcionadas y depositadas en el almacén. En ese momento, Ilde, que trabaja también con su padre, se sintió un instrumento respondiendo a «la labor pequeña que te toque en cada momento». «Nosotros, que transportamos cosas, en vez de entregar un paquete de Amazon estás entregando una cosa que importa de verdad». 

Espera confiada 

En la entrega de la documentación les acompañó Alberto Fernández, delegado episcopal de las Causas de los Santos en la archidiócesis de Madrid, así como Eva Castrillo y Juan Carlos Arcones, presidentes diocesanos de Cursillos de Cristiandad; Carlos Mora-Rey, postulador de la causa en Madrid; y Ana Rivero, de la Fundación Sebastián Gayá. También viajaron a Roma varios miembros de la comunidad de Cursillos.  

Asimismo, en Roma les esperaba María Victoria Hernández Rodríguez, la postuladora romana, esto es, la abogada defensora de la causa en Roma. Así, a partir de ahora se trabajarán en el dicasterio (antigua congregación) los textos de Sebastián Gayá y los testimonios aportados en la fase diocesana, y se estudiarán desde el punto de vista histórico y teológico.   

En una primera asamblea, la congregación discutirá la causa y, si es favorable, se presentará al Papa. Si él «lo cree conveniente», declarará a Sebastián Gayá venerable, esto es, «que ha tenido una vida que es modélica para los cristianos».   

Entonces, todo el proceso «dependerá mucho de que haya un milagro» que conduzca a la beatificación. Por eso, «en Roma tienen ahora su tarea y en Madrid, en Cursillos de Madrid, la nuestra: hacer muy conocido a Sebastián, que se le tenga presente en la oración y que se pida su intercesión». 

Como concluye Ilde, que conoció a Sebastián de pequeño y después, cuando se murió, le ha rezado siempre, ahora comienza «un tiempo de espera confiado en que todo seguirá adelante».