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Martes, 15 diciembre 2020 11:00

La Universidad San Dámaso celebró el viernes la festividad de su patrón, un «gran servidor de la verdad»

La Universidad San Dámaso celebró el viernes la festividad de su patrón, un «gran servidor de la verdad»

La Universidad San Dámaso celebró la festividad de su patrón con una Eucaristía en el Seminario Conciliar de Madrid, el pasado 11 de diciembre, que estuvo presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, y concelebrada por, entre otros, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid. Dámaso I, de origen hispano, fue el Papa número 37 de la historia de la Iglesia (366-384) y quien introdujo el gloria en las oraciones de los cristianos. Un hombre al que el cardenal Osoro se refirió en su homilía como un «gran servidor de la verdad» y un «testigo fuerte del Señor».

Haciendo referencia a las lecturas proclamadas, el cardenal, que es asimismo gran canciller de la universidad, aludió a la sabiduría y la libertad, y también a la invitación del Evangelio a «no ser ambiguos». Se refirió igualmente a la cultura de la fraternidad, de la que habla el Papa Francisco, y a la amistad social, que «tiene que ser una preocupación en nuestra vida». Porque «la vocación nuestra es a la armonía, a la fraternidad y a ser hermanos».

En este mundo, con guerras y enfrentamientos «por todos los lados», en el que se vive una falta de amistad, «una tercera guerra mundial a trocitos» como ha señalado el Papa recientemente, hay que tener un «corazón tan grande que pueda descubrir que el otro puede decirme algo, y algo importante para mi vida». De ahí la escucha, que es «esencial», huyendo de ideologías y pasiones que «van contra esta amistad social» para no vivir en esa ambigüedad contra la que alertaba la Palabra proclamada.

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Valientes y creativos

«La glesia y la Universidad –recordó el gran canciller– tienen la misión de preparar» a las personas «para entrar a todos los caminos por donde transitan los hombres», no solo a los que gustan o con los que uno se identifica, sino a todos. «Y esto nos invita a hacer de nuestra vida un servicio; incluso […] un sacrificio». Supone también «que enseñemos a caminar, a pensar, a vivir, desde esa sabiduría que por pura gracia nosotros hemos recibido y tenemos que entregar […] a quienes vienen a nuestras aulas».

Todo, siguiendo la invitación del Señor a «tener nobleza de corazón, a ser fuertes», acogiendo «la propia historia» y todo «lo que nos presenta la vida», y también a los demás «sin exclusiones de ningún tipo». Y como aquellos camilleros que llevaron a su amigo paralítico ante Jesús y ante la imposibilidad de entrar por la puerta lo descolgaron por el techo, el arzobispo de Madrid animó a los presentes a ser también «creativos» en estos momentos de la historia.

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