Frente al Papa León XIV y junto a 12.000 jóvenes como ellos reunidos en el Pabellón 3 del IFEMA de Madrid antes de que volara a Barcelona, dos voluntarios de la archidiócesis de Madrid han compartido sus testimonios. La primera ha sido Mercedes Rodríguez Loeb, quien «no me lo enfocaba como hacer algo para el Papa, sino que siempre era la Iglesia la que estaba en el corazón». Pues esa misma Iglesia «ha estado sosteniéndome en mis peores momentos» y «se ha alegrado en los mejores». Y en esa Iglesia «he descubierto la Vida» y «se me ha regalado Cristo».
Con sencillez, ha reconocido que «mentiría si dijese que todo ha sido sencillo» porque «preparar un momento así implica muchas reuniones y conversaciones con personas que piensan diferente a ti». Pero ha reivindicado que «siempre ha habido bondad».
Esta voluntaria ha confesado que «estos meses han sido una escuela de humildad» en los que se repetía a sí misma una oración: «Lo que doy a la Iglesia no es más que una ínfima restitución del don que se me ha dado: Cristo». Por tanto, se ha mostrado muy «agradecida porque en todo momento me he sabido muy acompañada por Dios, tanto directamente como a través de las personas que me ha puesto a mi lado». Y ha revelado que, «cuando empecé en esto una persona me dijo que, si esto no nos hacía más santos y nos acercaba más a Dios, que lo dejásemos». Ella cree que lo ha conseguido y ha celebrado «qué gusto poder llegar a este momento con la tranquilidad de que en todo ha estado Dios acompañando y sosteniendo».

Foto Archimadrid
Lo mejor no se gasta
El segundo testimonio ha sido del padre de familia Nuño Adam Castrillo. Se ha preguntado «por qué somos voluntarios» y ha reconocido que «llevo días dándole vueltas y no encuentro una respuesta del todo racional». Pero sí que tienen «una certeza callada: la de saber que estás haciendo lo correcto», que ha definido como «una llamada que se escucha en el corazón, y a la que, simplemente, dices que sí».
Castrillo ha narrado que «como cristiano, aprendes a no apagar esa voz» y que «la entrega no se justifica: se vive». Con su mujer y sus ocho hijos, «intentamos vivir la entrega a los demás, aprendiendo cada día». Por tanto, «cuando asumí la responsabilidad de desarrollar la plataforma de voluntarios, lo viví como mucho más que un proyecto técnico». Ha celebrado que «buscábamos 10.000 personas y se han apuntado más de 17.000».
Este padre de ocho ha animado a entregarse «no con lo que nos sobra —un rato libre, algo de dinero— sino con lo mejor de nosotros». Ha presumido de que «aquí tenemos voluntarios con muchísima experiencia: en seguridad, en protocolo, en logística, en sanidad, en mil oficios», pero lo más relevante es que «han venido a poner su tiempo bueno y su talento al servicio de esto». Ha reivindicado que «cuando das lo mejor que tienes, cuando te das tú, el que recibe lo nota; y tú también, porque descubres que lo mejor de ti no se gasta al darlo: crece».

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Madrid, más cerca del Reino de Dios
Cuando ha llegado el turno del Papa, él ha confesado que «este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi viaje apostólico y me alegra mucho que sea con vosotros». Se ha dirigido a los voluntarios de la archidiócesis y a los de «tantas partes de España». Les ha dedicado un «gracias muy especial porque habéis ofrecido vuestra presencia y vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa».
León XIV ha reconocido también a «los dos portavoces que nos han brindado sus testimonios y a quienes han realizado el vídeo y la actuación musical», pues la rapera Aisha ha interpretado un interludio en el que cantaba «No hay nadie como mi Jesús».
El Papa les ha agradecido también que «vuestra respuesta a la convocatoria ha sido entusiasta» porque «en pocos días habéis superado las cifras solicitadas». Para lograrlo, «os habéis tomado días libres en el trabajo» y otros «os habéis dedicado a tiempo completo durante meses». Pero en cualquier caso «cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas». «¡Que Dios os recompense como sólo Él sabe hacerlo!», les ha deseado.
#VIDEO | El #SantoPadre ya está en @IFEMA para reunirse con los miles de voluntarios que han hecho posible este visita
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) June 9, 2026
Un 'ejercito silencioso' que no ha parado de trabajar.#ConElPapaMadrid pic.twitter.com/XtnOfeKAtR
Después les ha propuesto la parábola de la levadura de San Mateo según la cual «el Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Según el Papa, «los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad». Es una experiencia de la que ha reconocido ser testigo «en el Jubileo del año pasado».
El Pontífice ha destacado que «en un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera, la de un crecimiento humano integral». Siguiendo con la metáfora, el Papa les ha asegurado que «Jesucristo vino a traer al mundo la levadura del Reino de los cielos; la mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma para sanarla desde dentro».
Ha reivindicado que un «rasgo esencial» del Evangelio es «la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid». Y les ha asegurado que, aunque «las estadísticas no lo registren, esta ciudad está más cerca del Reino de Dios». Pero, ante quien pudiera dormirse en los laureles le ha advertido: «¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al Señor». Y les ha despedido con una promesa: «¡Nos vemos en Roma!

Foto Marcos Nogales
«La Iglesia vive cuando sirve»
Tras la intervención del Papa, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, le ha dicho: «Gracias es la mejor palabra y la oración con la que le despedimos, Santo Padre». Y ha añadido que «al concluir estos días intensos llenos de encuentros y de intensidad, venimos aquí para elevar una acción de gracias con muchos de los voluntarios y voluntarias que han hecho posible cada momento».
El purpurado ha valorado que durante estos días «hemos podido vivir realmente una experiencia de Iglesia misionera y en comunión». En ellos «hemos visto rostros emocionados, jóvenes buscando sentido, familias rezando juntas, sacerdotes entregados, voluntarios felices desde primera hora hasta el final de cada jornada». Y, de acuerdo con el arzobispo de Madrid, «hemos alcanzado a ver algo muy importante: que la Iglesia vive cuando sirve, cuando se entrega y cuando lo hace unida mirando juntos al mismo horizonte misionero».

Foto Gabriel Gonzalez-Andrío
El arzobispo de Madrid también les ha reconocido que «gracias a vosotros proclamamos la grandeza del Señor y sus maravillas porque Dios mira lo pequeño y lo oculto». Y ha asegurado que «lo más evangélico de esta visita no ha sido lo que apareció en las pantallas, sino la cantidad de amor escondido que la sostuvo por medio de vosotros, voluntarios». A su juicio, «hemos tenido la gracia de contemplar el rostro más hermoso de la Iglesia: el de unas manos que sirven con alegría». Ha dado las gracias al Papa «por ayudarnos a levantar la mirada y ver la grandeza del Señor». Y también «por recordarnos que el Evangelio sigue teniendo fuerza para tocar el corazón de nuestras ciudades y abrir caminos de fraternidad en medio de un mundo cansado de divisiones y ruido».
Por último, antes de que el Papa se marchara, le ha pedido bendecir las primeras piedras de 18 iglesias que se construirán próximamente en la Provincia Eclesiástica de Madrid. Y, después de que León XIV les regalara un cáliz como símbolo de la Comunión universal, los asistentes les han despedido tras la invitación del vicario Ángel Camino cantando ‘Alma misionera’.