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Jueves, 30 julio 2026 11:46

Mario de León, joven madrileño que ha participado este verano en un campo de trabajo en Palencia: «He aprendido a amar sin prejuicios y a mirar el corazón del otro»

Mario de León, joven madrileño que ha participado este verano en un campo de trabajo en Palencia: «He aprendido a amar sin prejuicios y a mirar el corazón del otro»

Treinta y dos jóvenes de la archidiócesis de Madrid y de la diócesis de Palencia han decidido vivir un verano diferente. Durante doce días han participado en un campo de trabajo en el que han podido acercarse a distintas realidades de vulnerabilidad y servicio: han acompañado a personas enfermas, con discapacidad o dependencias; han compartido tiempo con personas mayores, entre ellos sacerdotes jubilados; y han colaborado en diferentes tareas manuales (en el obrador de las dominicas de clausura, y reacondicionado la biblioteca del Seminario Mayor).

Uno de los grupos ha desarrollado su voluntariado en el Centro Asistencial San Juan de Dios de Palencia, perteneciente a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Allí ha participado Mario de León, joven de la parroquia San Miguel Arcángel de Carabanchel, para quien la experiencia ha sido «muy enriquecedora».

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Descubrir una forma nueva de amar

Mario llegaba al campo de trabajo después de haber participado durante tres semanas en campamentos. «Dios me ha estado enseñando a amar, y estos doce días han sido una continuación de ese aprendizaje», explica.

Precisamente, descubrir una nueva manera de amar es, para él, el principal regalo de estos días. «Hemos podido conocer distintas realidades del centro y, sobre todo, lo que me llevo es la alegría de poder amar», afirma.

 
 
 
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Dios mira a cada persona

El voluntariado también le ha ayudado a profundizar en la forma en que Dios mira a cada persona. «En mi vida experimento que Dios me ama. Soy pecador, cometo muchos errores y, muchas veces, me enfado o me molestan cosas de los demás», reconoce.

Sin embargo, durante estos días ha podido descubrir algo más sobre ese amor. «He aprendido, y sigo aprendiendo, cómo actúa Dios conmigo», señala. Porque, como explica, «a Él no le importa tanto lo que hay por fuera, sino lo que hay dentro, el corazón». Desde esa experiencia, Mario asegura haber aprendido «a amar sin prejuicios, a mirar el corazón del otro y a descubrir la bondad que hay en cada persona». El encuentro con las personas atendidas en el centro y las historias que ha podido escuchar le han permitido comprender también que «Dios nos ama con nuestra propia historia, con todo lo que somos y hemos vivido».

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«Dios nos ama con nuestra propia historia»

Una enseñanza que el joven madrileño quiere llevar ahora a su vida cotidiana. «Me ayudará a vivir mejor mi vida como cristiano, procurando no tener prejuicios con las personas que me encuentre», afirma. Una actitud que quiere aplicar tanto «en mi trabajo como profesor» como en «mis relaciones del día a día o como catequista en mi parroquia».

El campo de trabajo se ha convertido así, para estos jóvenes, en una oportunidad para poner en práctica la fe desde el servicio y el encuentro con el otro. Una experiencia en la que, como resume Mario, «lo que me llevo es la alegría de poder amar».