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Miércoles, 29 abril 2026 08:28

«El papa me agranda el corazón»: Arsenio, el sacerdote que espera que León XIV nos haga alzar la mirada

«El papa me agranda el corazón»: Arsenio, el sacerdote que espera que León XIV nos haga alzar la mirada

Arsenio tenía 13 años cuando Juan Pablo II vino a Madrid en su último viaje a España, en mayo de 2003. La vigilia de Cuatro Vientos la vio por televisión, en casa. Pero al día siguiente estuvo con su familia en la plaza de Colón para la misa de canonización de cinco santos españoles: Pedro Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres, Maravillas de Jesús y Ángela de la Cruz. Los fue repasando tantas veces que al final se los aprendió todos. Lo que más le impactó de aquel día no fue el espectáculo sino algo más difícil de describir: ver a un hombre que temblaba, que le costaba hablar, transmitir con una fuerza impresionante la ilusión por seguir a Cristo. «Una aparente vejez exterior y una juventud de alma increíble», dice. Con 13 años, captó eso. Y le dejó un poso.

Ese poso, dice, forma parte de la historia de su vocación al sacerdocio. No como causa única sino como una de las muchas pequeñas experiencias que fueron dejando sedimento hasta que el Señor le llamó. «La historia de la vocación es una historia de muchas pequeñas experiencias que han dejado un poso», explica. Lleva cinco años ordenado sacerdote y ejerce como vicario parroquial en San Lesmes Abad, en Alcobendas. Y entre las coincidencias que le acercan humanamente al papa León XIV hay varias que él guarda con cariño: la fumata blanca salió el 8 de mayo, el mismo día de su aniversario de ordenación; el papa tiene la edad de su padre; su cumpleaños coincide con el día de la boda de sus padres. Pequeñas fechas que crean una sintonía afectiva con alguien a quien todavía no conoce, pero por quien reza cada día.

Hay un episodio que el propio Arsenio llama providencial. El curso pasado, la parroquia tenía organizada una peregrinación a Roma que coincidió con el período entre la muerte del Papa Francisco y el cónclave. Estuvieron en la Basílica de San Pedro en uno de los novendiales, las misas ofrecidas por el papa fallecido. Entraron los cardenales en procesión y una señora de la parroquia dijo: «Ahí está el papa». Todos se quedaron un momento parados. Y luego cayeron en la cuenta: era literalmente verdad. Uno de esos cardenales sería elegido papa. Cuando días después salió la fumata blanca y volvieron a ver el vídeo, el papa León XIV aparecía de los últimos en la procesión. Arsenio lo había tenido a pocos metros de distancia sin saberlo.

Lo que el papa le genera por dentro, dice, es que le agranda el corazón. En un mundo que tiende a empequeñecer la mirada y a encerrarla en los problemas cotidianos, la figura de alguien que vela por el mundo entero para que conozca a Cristo le abre algo por dentro. «Yo tengo un deseo muy grande de que la visita haga crecer, que dilate ese corazón de todos los que vamos a participar de una u otra forma». Y conecta eso con el lema de la visita, ‘Alzad la mirada’: una invitación a salir de la mirada a ras de tierra y recuperar la perspectiva sobrenatural sobre lo que sucede. Cita la carta del cardenal José Cobo para la preparación de la visita, que recoge el pasaje del Evangelio de Juan en que el Resucitado pregunta a Pedro si le ama. «Una vuelta a lo esencial», dice Arsenio.

Lo que le gustaría que el papa dejara en España es doble: primero, una renovación en santidad de quienes le rodeen, un deseo de tomarse en serio la vida cristiana y de saber que estar cerca de Cristo es lo más importante. Y segundo, un impulso apostólico real, el fuego que se pega a los que están cerca, aunque no crean, aunque se hayan alejado, aunque tengan dificultades con la Iglesia. Sobre el posible discurso ante los políticos, imagina al papa como una voz de unidad en medio de una política muy dividida y con lenguajes muy violentos. «El ver cómo el papa puede aparecer y dar un discurso de unidad en lo esencial, o por lo menos de paz, a mí me ayuda», dice.

A la pregunta del ascensor, Arsenio responde que primero tendría que confirmar que es el Papa de verdad antes de meterse, porque los ascensores le dan miedo. Y luego dice algo que sorprende: se quedaría callado. «Le miraría con un inmenso respeto y esperaría a ver qué me va a decir él, porque creo que sería mucho más interesante que cualquier cosa que yo le pudiera preguntar.» Y si hubiera tiempo, le diría gracias. Gracias por estar ahí, gracias por ser un punto de referencia, gracias por trabajar por la Iglesia sin que muchos se den cuenta. «En esta sociedad de tanta división, hace que haya un punto de luz que mantiene la esperanza de que Cristo está en medio de nosotros».

El episodio cierra con una oración de Arsenio en la que pide que la visita sea un impulso para la evangelización, un momento de comunión en la Iglesia de Madrid, y una renovación del deseo de santidad y apostolado: «Señor Jesús, te pedimos por los frutos del próximo viaje apostólico del Papa León XIV a España y particularmente a Madrid. Que sea un momento de impulso de la labor evangelizadora de la Iglesia. Que sea momento de comunión, de unidad en esta Iglesia diocesana y que sea un momento en el que también nosotros renovemos ese deseo de santidad y de apostolado para pegar a muchas personas el fuego de Cristo que llevamos en el corazón. Amén».