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Jueves, 01 octubre 2026 15:25

San Damaso inicia un nuevo curso en busca de «una teología que transforme»

San Damaso inicia un nuevo curso en busca de «una teología que transforme»

La Universidad Eclesiástica San Damaso ha retomado su andadura. Lo ha hecho con una Eucaristía en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena y un acto académico en el salón de actos del Seminario Conciliar, ambos presididos por su gran canciller, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo.

Formar, investigar, dialogar y servir

Un acto que ha comenzado con la memoria del curso anterior por parte del secretario de la universidad, Raúl Orozco. Una oportunidad para mostrar gratitud y recordar los acontecimientos que han marcado la vida de la universidad en el curso 2025-2026. Un tiempo para formar, investigar, dialogar y servir.

En su intervención, el rector de la universidad, que ha cumplido 15 años y ya ha superado las 2.000 matrículas para el presente curso, Nicolás Álvarez de las Asturias, después de destacar la visita del papa León XIV y la asamblea presbiteral Convivium como lo que marcó el curso pasado, proyectó el que ahora se inicia centrado en la imagen del árbol, que la archidiócesis de Madrid ha asumido como camino de preparación para la Asamblea Diocesana. A partir de ahí, ha recordado que «la solidez y fortaleza de un árbol dependen de la profundidad de sus raíces», que en el entorno universitario se concreta «en un trabajo de investigación riguroso, paciente y apasionado».

Un estudio universitario que evita «ceder a la tentación de simplificar cuestiones complejas para evitar el esfuerzo que exige el pensamiento riguroso, con el consiguiente peligro de que también en la acción pastoral y en sus lenguajes se termine incurriendo en la superficialidad, la falta de rigor o la rigidez», recordando palabras del papa León XIV. De ahí el empeño de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de contribuir con «el estudio, la investigación y la docencia, siempre al servicio de la evangelización».

Formar hombres y mujeres de Iglesia

Con relación al tronco, «que sostiene y da consistencia a la estructura universitaria es la enseñanza», ve en los alumnos «nuestra razón de ser fundamental», buscando «formar hombres y mujeres de Iglesia capaces de dar razón de su esperanza en el mundo contemporáneo y de iluminar las realidades presentes con la luz siempre viva del Evangelio». Algo que «exige un permanente esfuerzo por actualizar y elevar la calidad pedagógica», todavía más en el tiempo de la Inteligencia Artificial.

«Las ramas expresan el dinamismo expansivo del árbol, la transferencia del conocimiento y la proyección hacia la sociedad civil y la cultura», afirmó Nicolás Álvarez de las Asturias. Algo que se concretará en un potenciar los espacios de encuentro e intercambio interdisciplinar, en continuar acercando el saber teológico y humanístico a un público más amplio y seguir colaborando en la formación de evangelizadores en la diócesis de Madrid.

Lección inaugural

Ante la comunidad educativa, el vicerrector de investigación y director de la Oficina de Investigación y Relaciones Internacionales, Andrés Sáez Gutiérrez, en la lección inaugural, ha disertado sobe «La Recepción de la Fe Apostólica en el siglo II: forma y contenido». Un momento histórico en el que nació la Iglesia católica, afirmó el profesor, que se concretó que la sucesión ministerial se asienta, se van formando los símbolos de fe y se sedimenta una conciencia canónica.

Una recepción de la fe de la que ha iniciado su abordaje sistemático a partir de la forma, de la recepción apostólica del Evangelio y de la fe de los apóstoles y la Iglesia del siglo II. Posteriormente, Andrés Sáez se ha centrado en el contenido de esa fe apostólica: el Misterio de Cristo, el ámbito antropológico, desde las figuras de Cristo y Adán. Una reflexión en la que ha hecho algunas aclaraciones, la primera entre el Espíritu y la carne, la segunda con relación al alma y la antropología asiática, y una tercera sobre la historicidad de la transmisión de la fe apostólica.

En conclusión, el profesor subrayó que la teología del siglo II es un ejemplo de «la unidad economía y unidad del misterio de Dios, unidad que no resulta uniforme, sino que participa de una riqueza inefable, la propia del Dios trinitario que ha brillado en la humanidad del Señor y que vincula todos sus elementos». Igualmente defendió una teología sinfónica, dado que «no se estudia por partes», centrada en el Cuerpo de Cristo, que «tiene una dimensión cósmica que afecta a toda la creación».

Estudiar es dejaros conducir por Dios

Una universidad en la que no se quiere solo enseñar y aprender, sino buscar, aceptando que no lo sabemos todo, en palabras del arzobispo de Madrid. Se trata de recibir una verdad, que tiene su rostro en Jesucristo, y ponerla al servicio de la Iglesia y de la sociedad. En ese sentido, estudiar consiste en «dejarnos conducir por Dios», y no en «apropiarnos del misterio de Dios», afirmó el cardenal Cobo. Su gran canciller ve en San Dámaso, «una casa donde se pueda pensar con libertad y rigor, donde se pueda preguntar sin miedo y creer sin dejar de pensar», abogando por «una teología que sea crítica y que sea profética».

En sus palabras, llamó a no separar inteligencia teológica y vida espiritual, dado que «la teología cristiana nace de una relación viva con el Dios que se revela», lo que hace que estudiar y rezar para el cristiano no sean cosas distintas. «No queremos una teología que simplemente informe. Queremos una teología que transforme, que haga más profunda la fe, más inteligente la esperanza y, cómo no, más concreta la caridad», subrayó el arzobispo.

Una teología que, recordando a Juan Martín Velasco, es «fruto de la paciencia intelectual en la impaciencia del amor», que hace que su tarea sea «presentar una Iglesia intelectualmente habitable, que ofrezca su verdad a los demás y se deje iluminar por los destellos de verdad que haya en otras creencias o sistemas». En esa perspectiva, «el estudio, la teología y la santidad no pueden caminar por caminos paralelos», una idea defendida por el papa Francisco.

Capacitarse para servir

El cardenal Cobo invitó a preguntarse «en qué personas nos estamos convirtiendo mientras estudiamos» y «cómo estamos capacitando a quienes van a servir al pueblo de Dios en Madrid con el bagaje teológico y pastoral adecuado a los desafíos que se van a enfrentar». Por ello, la teología, además de aumentar nuestros conocimientos tiene que ensanchar nuestro corazón. Una teología que lleve, siguiendo el magisterio del papa León XIV, a «descender a las profundidades del Misterio de Dios y, al mismo tiempo, salir hacia nuevos horizontes, buscando formas y lenguajes capaces de anunciar el Evangelio en las distintas situaciones de la historia».

Una teología capaz de entrar en dialogo con otras ciencias, capaz de escuchar los grandes cambios en la sociedad: la Inteligencia Artificial, las nuevas formas de pobreza, las migraciones, las crisis del trabajo y de la vivienda, la soledad, la incertidumbre de tantos jóvenes y la búsqueda de sentido. Se trata de enfrentarse a una pregunta: ¿Qué significa ser humano? Y desde ahí surge la pregunta por Dios.

El arzobispo, siguiendo el pedido del papa León XIV, invitó a profundizar en la Evangelii Gaudium, para que sea «una llamada a una conversión misionera de toda la Iglesia, también dentro de las instituciones académicas». Una teología en salida, en diálogo, que escuche, presente en las periferias y en quien busca orientación y profundizar en la fe y vida cristiana. Una teología basada en la sinodalidad, con espíritu de comunión y de discernimiento comunitario.

Una universidad al servicio de la misión evangelizadora

Eso en una universidad al servicio de la misión evangelizadora, donde una sólida formación intelectual y una profunda experiencia de fe ayuden a leer evangélicamente la realidad. Una universidad que anime el proceso de conversión pastoral de la Iglesia de Madrid y tenga una decidida voluntad de colaboración con las demás instituciones docentes y teológicas. También capaz de tender puentes entre disciplinas, instituciones y generaciones, entre universidad y diócesis, entre la teología y la pastoral, entre la iglesia y la sociedad.

Todo ello desde un asumir que «no estudiamos teología para saber más de Dios, sino para experimentar más a Dios y servir mejor a su Iglesia», recalcó el cardenal Cobo. Se trata de «descubrir que todo lo que estudiamos se convierte en inteligencia al servicio de la fe, al servicio de la misión y la misión al servicio de la esperanza para nuestra gente», concluyó.