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Martes, 12 mayo 2026 08:00

«Santidad, cuente conmigo»: Fray Juan, el franciscano que pasó de traducir en Asís a concelebrar con el Papa en San Pedro

«Santidad, cuente conmigo»: Fray Juan, el franciscano que pasó de traducir en Asís a concelebrar con el Papa en San Pedro

Fray Juan no pensaba ser franciscano. Estudió en un colegio de franciscanos de pequeño, pero la idea de entrar en la orden nunca le pasó por la cabeza. Lo que le cambió la vida fue un Erasmus en Milán, una JMJ franciscana en Asís llamada ‘Giovani verso Assisi y una mirada. Los frailes le pidieron echar una mano con las traducciones porque hablaba italiano, y aquella semana en Asís se enamoró de San Francisco. Un hombre que tenía todo y lo dejó todo por el Señor. «¿Por qué yo no?», se preguntó. Y al final del encuentro, como San Francisco fue a Roma a encontrarse con el Papa, los jóvenes también fueron. El Papa era Juan Pablo II. Fray Juan fue elegido representante de los traductores para saludarle personalmente en el Palacio Apostólico.

Ese encuentro duró cinco segundos. Pero esos cinco segundos, dice, se le hicieron eternos. «Se me quedó clavada esa mirada, unos ojos azules increíbles». Bajó el Palacio Apostólico como volando, con el rosario en la mano que le habían regalado y que después le daría a su madre, preguntándose qué había pasado. Aquella mirada, y el encuentro previo con la figura de San Francisco, fueron el principio de todo. Dos años después entró en el postulantado. Lleva 25 años en la orden y repetiría sin dudarlo.

Lo que hace especialmente singular el testimonio de Fray Juan es lo que ocurrió el año pasado en Roma. Los franciscanos conventuales son los confesores de la Penitenciaría Apostólica, es decir, confiesan en la Basílica de San Pedro. Cuando el año del Jubileo de la Esperanza los hermanos se vieron desbordados, pidieron ayuda a las distintas provincias del mundo. Fray Juan se ofreció para confesiones en español y pasó todo el mes de junio en San Pedro. El Papa León XIV llevaba apenas tres semanas elegido. Fray Juan pudo participar en varias misas con él: la Ascensión, Pentecostés. Y entonces llegó el momento del Jubileo de la Santa Sede, al que él no estaba invitado.

Salió de su turno de confesiones y vio una puerta abierta en el Aula Pablo VI. «Yo aquí me meto», pensó. Nadie le dijo nada. Escuchó la charla. Y cuando el Papa tomó la Cruz del Peregrino para encabezar la procesión hacia la Puerta Santa, Fray Juan fue detrás con todos los demás. Al llegar a la capilla para la misa, encontró una casulla en su silla. Se la puso para pasar desapercibido. En el momento del ofertorio, los ceremonieros se acercaron a los de la última fila, donde él estaba, y les pidieron que se pusieran delante del baldaquino con el pan y el vino. «Ya me echan seguro», pensó. No le echaron. Concelebró la misa con el Papa León XIV a un metro de distancia, debajo del baldaquino de Bernini. «Fue un regalo de la Providencia tremendo», dice. Y cita el Evangelio con humor: «Los últimos serán los primeros. No sé si hay que colarse para que esto se cumpla».

El episodio tiene también uno de los momentos más sorprendentes del videopodcast: la conversación sobre la confesión del Papa. Fray Juan explica que el Papa Francisco se confesó públicamente, de rodillas, cara a cara con su confesor, el padre Rocco, un franciscano conventual. «Una imagen vale más que mil palabras», dice. «Si el Papa se confiesa, cómo yo no me voy a confesar». Y reconoce que si el Papa León le pidiera confesión cuando viene a Madrid, lo haría con mucho miedo y mucho reparo, pero también con mucho cariño. «Lo que hemos recibido gratis, que es la misericordia de Dios, tenemos que transmitirla gratis».

Sobre la visita de León XIV, Fray Juan tiene expectativas concretas y bien definidas. Espera mucho de la vigilia con los jóvenes, de la procesión del Corpus en Cibeles. Y espera mucho del discurso ante las Cortes, aunque reconoce que es arriesgado. «Me gusta el Papa León porque es un tío valiente», dice. Su deseo es que hable de unidad, de bien común, de tender puentes, en una sociedad española que nunca ha estado tan polarizada. «Basta ya de crispación. Nos diferencian muchas cosas, pero mucho más lo que nos une». Y añade una advertencia que pocos se atreven a hacer en voz alta: que nadie se apropie de sus palabras ni las convierta en arma arrojadiza.

En el ascensor imaginario, Fray Juan le daría las gracias al Papa por su sí. Por no haber escurrido el bulto cuando la responsabilidad era enorme. Y luego, con una referencia que él mismo reconoce que no es muy franciscana pero que le sale del alma, le diría: «Cuenta conmigo, cuenta con los franciscanos, estamos a tu disposición».

El episodio cierra con una oración en la que Fray Juan da gracias por el Papa León como señal del amor de Dios: «Señor Jesús, te damos gracias por el regalo que hiciste a tu Iglesia en la figura del Papa León. En él descubrimos una señal de tu amor y tu misericordia hacia nosotros. Sostenle en sus dificultades, alienta su fe. Llénalo de tu alegría. Te damos gracias también por el deseo que has puesto en su corazón de visitar nuestra diócesis de Madrid. Prepara nuestros corazones. Que se alce nuestra mirada para que podamos descubrir la presencia de un Dios que se preocupa de nosotros, que nos ama incondicionalmente y que podamos descubrir que todos los que tenemos a nuestro lado son nuestros hermanos. A ti el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amen».

Escucha aquí todos los episodios del videopodcast 'Una Iglesia, mil Voces'