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Jueves, 25 septiembre 2025 14:59

Semana de la Palabra: la importancia de formarse como lector de la Palabra para «ayudar a los hermanos a entender qué es lo que dice Dios»

Semana de la Palabra: la importancia de formarse como lector de la Palabra para «ayudar a los hermanos a entender qué es lo que dice Dios»

La diócesis de Madrid sigue celebrando la Semana de la Palabra, una invitación que la Iglesia ha hecho a través del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, para comenzar el curso «guiados por el Señor, a la escucha de la Palabra y movidos por su gracia».

Lugar privilegiado de escucha de la Palabra es la Misa, que «en el fondo es un diálogo», tal y como señala Jaime Noguera, diácono permanente de la diócesis de Madrid ordenado en 2016, que ha impartido cursos para lectores de la Palabra. «En la primera parte Dios habla a su pueblo a través de la Palabra, y en la segunda, el pueblo se dirige a Él en oración».

Explica Jaime la estructura de la liturgia, con una primera lectura del Antiguo Testamento; un salmo responsorial, que se denomina así no porque el pueblo responde, sino porque en sí mismo responde y da coherencia a la primera lectura, y una segunda lectura que suele explicar la relación entre la primera y el Evangelio.

A la hora de hacer las lecturas, lo más importante, explica, es entender esta consecución y, también, entender las lecturas. «Para proclamar la Palabra hay que estar preparado», habiendo leído las lecturas durante los días previos para irlas comprendiendo —«y si no, que pregunten al párroco o al diácono»—, porque el objetivo es que «la gente entienda de qué va la Palabra». «Una lectura será tan buena como la preparación que hayas hecho de la misma».

Es decir, no se trata tanto de una buena dicción o de que no se trabuque, que también —«escuché una vez confundir a Aarón con Aragorn, de El Señor de los Anillos»—, como de transmitir lo que realmente dice la Palabra. Por ejemplo, Jaime subraya las dificultades de la segunda lectura en general —más que la primera—, y sobre todo las cartas de san Pablo, «porque subordina y subordina».

Semana Palabra lectores jaime

Colocación, respiración y pausas

De ahí la importancia de que los párrocos ofrezcan formación a los lectores, a aquellos que quizá ya tengan un recorrido y saben que leen bien —que generalmente son más los mayores que los jóvenes— para convocarlos a un cursillo. En ellos, como los que ha impartido el diácono, aprenden fundamentalmente habilidades.

Una de ellas es saberse colocar en el ambón, sin apoyar los brazos, con las manos a los lados del libro porque esto ayuda a colocar los hombros paralelos. Cuenta como anécdota que los mayores, sobre todo en el caso de las mujeres, sitúan las manos a su espalda «porque así es como se lo enseñaron las monjas de pequeñas».

Pronunciar adecuadamente es otra de las habilidades, sí como entonar correctamente tal y como lo indica el idioma y saber algo de gramática, porque «una subordinada no se lee igual que una frase yuxtapuesta». Aquí entra en juego el dominar la relación de los sonidos y de los silencios, «qué pausa se hace en la coma, en el punto y coma y en el punto». Y, por supuesto, se habrá de controlar la respiración.

Un punto muy importante es que el lector de Misa «no es un locutor del telediario». «Una cosa es entonar, que lo puedes hacer muy bien», y otra mirar al pueblo. Esto solo estará indicado si uno se sabe la lectura de memoria, porque si no se corre el riesgo de «salirse de lo que pone en el texto» o de perderse. «Ante la duda, mira el libro». Y si es necesario, «sigue la línea con el dedo».

Además, «no proclamas la lectura para gustarte, sino para ayudar a los hermanos a entender qué es lo que dice Dios, qué catequesis hay en ella». Por eso, en el fondo todo es una cuestión de humildad. «Es el resumen del resumen del resumen: acércate a la lectura con humildad, porque es Palabra de Dios, es lugar sagrado; descálzate».