La catedral de Nuestra Señora de la Almudena acoge este sábado, 20 de junio, a las 19:00 horas, la celebración de las ordenaciones de diáconos permanentes para la archidiócesis de Madrid. La Eucaristía estará presidida por el cardenal José Cobo.
A pocos días de su ordenación diaconal, Tomás Avilero Molina afirma que se siente profundamente «ilusionado y agradecido». Han sido cinco años en los que la diócesis de Madrid le ha permitido descubrir un «ministerio precioso» que, aunque sigue siendo poco conocido para muchas personas, «considero muy necesario tanto para la vida de la Iglesia como para la sociedad actual», explica.
También señala que en una sociedad en la que prima «el individualismo y la búsqueda del beneficio propio», Tomás destaca «el valor del diaconado» como «una vocación de servicio». Servicio a la Iglesia, a la Palabra de Dios, al altar y a los más necesitados. «Creo que tiene mucho que decir y mucho ejemplo que dar sobre cómo vivir una vida verdaderamente feliz y centrada en lo esencial».
Durante estos años de formación, el futuro diácono permanente subraya el apoyo recibido de sus compañeros diáconos y de toda la familia diaconal de la diócesis. «La fraternidad, la cercanía y el cariño que he encontrado no tienen precio» porque han supuesto «un cambio muy importante en mi vida y en la de mi familia», recuerda.

Agradecimientos
Casado con Marta Santamaría Díaz, es padre de Clara y Tomás, reconoce que este camino ha sido posible gracias a ellos. «Mi mujer ha asumido muchas responsabilidades familiares para que yo pudiera asistir a clase y completar esta formación». Por eso, «mi gratitud hacia ella y hacia mis hijos es inmensa».
También agradece el acompañamiento recibido en su entorno laboral y pastoral. Destaca el apoyo constante de los Agustinos, con quienes trabaja, y que le acompañarán el día de la ordenación, así como de la parroquia del Espíritu Santo de Nuestra Señora de la Araucana, «con el padre Nacho Loriga a la cabeza», que «nos recibió a mi familia y a mí como uno más, y donde he encontrado orientación y acogida durante todo el proceso».

Alegría y nerviosismo
Junto a la alegría que siente a dos días de la ordenación, confiesa también cierto nerviosismo. «Es una responsabilidad muy grande representar a la Iglesia en tantos ámbitos y ser signo de Cristo servidor en el mundo». En este sentido, recuerda una reflexión que le ha acompañado durante su formación. «Lo importante es que se te reconozca como diácono incluso sin cleriman», es decir, que «seas capaz de representar a Cristo siervo sin necesidad de ninguna etiqueta».
Finalmente, Tomás encomienda su ministerio a Dios y pide la ayuda del Espíritu Santo para vivir con fidelidad esta nueva etapa. «Somos siervos inútiles, como dice el Evangelio, pero confiamos en que el Señor derrame su gracia sobre nosotros para poder servir en su nombre allí donde nos llame».

Biografía
Tomás Avilero Molina (Madrid, 1987) es maestro desde 2010 en el colegio San Agustín de Madrid. Casado con Marta Santamaría Díaz, es padre de Clara y Tomás. Coordina la catequesis de poscomunión en el colegio y colabora pastoralmente en la parroquia del Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana, en la Vicaría I.