Una mirada a la historia

Jueves, 20 septiembre 2018 10:21

Procesión en 1638 con Santa María de la Almudena ante el deterioro del templo por una fuerte tormenta

Procesión en 1638 con Santa María de la Almudena ante el deterioro del templo por una fuerte tormenta

Tal y como nos recuerda la tradición, tras aparecer la imagen de la Virgen de la Almudena en la muralla en el año 1085, el rey Alfonso VI consagró la antigua mezquita como iglesia de Santa María y colocó la imagen en su interior. Desde entonces se la conoció como la Santa María la Mayor.

En el Fuero de Madrid de 1202 se hace una relación de las diez colaciones o parroquias que tenía Madrid, siendo la primera en antigüedad e importancia y categoría la de Santa María. Jerónimo de Quintana, cronista madrileño, ya en el siglo XVII nos recuerda que era: «la más antigua desta Villa, por ser la primera de todas, y en quien primero los primeros Christianos que huuo en esta Villa, adoraron a Dios y reverenciaron su santo nombre…».

Por los relatos que nos han quedado, en este siglo XVII se llevaron a cabo diversas reformas en el templo para recuperar el esplendor y lucimiento perdidos, debido a los diversos avatares sufridos a lo largo del tiempo. Desde el año 1638, el edificio se reparó y se adecentó y enriqueció su interior. La obra se concluyó en 1649, aunque desde 1640 ya estaba la Virgen en su trono. Sería un buen conjunto de decoración barroca, «no lo hay tan pulido y extraordinario en toda España», declara Juan de Vera Tassis (Historia del origen, invención y milagros de la sagrada imagen de nuestra señora de la Almudena: antigüedades y excelencias de Madrid...).

En las paredes de la Iglesia catedral de la Almudena cuelga parte de este legado pictórico, por ser heredera de la parroquia de Santa María. Así, están dos lienzos de autores desconocidos, la Intervención y milagros de Santa María de la Almudena, y La procesión de Santa María de la Almudena en 1638.

Tras el derribo de la iglesia en 1868, estos dos cuadros fueron trasladados, junto con el resto de bienes de la parroquia, al vecino convento de Sacramento de monjas Bernardas. Allí fueron descritos como «un lienzo muy viejo que representa la traslación de la Virgen de la Almudena y otro id. que representa el asalto de Madrid por los moros».

El texto de la cartela inferior hace referencia a diversas intercesiones de la Virgen de la Almudena en relación con tormentas e inundaciones acaecidas en los años 1636 y 1638.  En una primera parte podemos leer: «Año Dmmi 1636 Abiendo llovido 3 meses de dia e de noche de un modo general el Ayuntamiento de esta nobilísima Villa de Madrid acordó se sacara la Milagrosisima y antiquisima imagen de Nª Sª Maria de la Almudena patrona desta / Villa y mando facer rogativo sole(m)ne y cesaron las inundaciones que eran asta la Iglesia de Nª Sª llevando de Nª Bendita Sª la imajen a la iglesia de las Descalças donde se fizo fiesta solene y se secó la Iglesia de Nª Sª» (…)

Parece ser que en 1636 hubo grandes inundaciones en la Villa. Las lluvias torrenciales duraron varios meses y, debido a estos infortunios, hubo que hacer reformas en la iglesia. Además de quitarse determinadas pinturas del interior, que habían sufrido grave deterioro, se llevó a cabo una renovación de cubiertas y tejados. López de Hoyos aporta detalles diciendo que se realizaron obras también en el pórtico y en la escalinata de la iglesia. Y así figura en los Archivos de la Villa (refieren Sancho Roda y Bravo Navarro): el corregidor, conde de Revilla, al pasar por la iglesia de Santa María «había visto está apuntalando el pórtico de dicha iglesia y le parecía amenazaba gran ruina y que, por ser la iglesia de Madrid de donde salían sus procesiones y la del Santísimo, a la que asistían sus majestades y consejos, convendría se tratara de su reparo».

Dentro de los aspectos más notables que tenía la iglesia de Santa María en cuanto a su categoría en la vida madrileña, apunta Áurea de la Morena, fue el de ser lugar donde salían las procesiones generales (siendo la más importante la del Corpus Christi, que empezó en el año 1481). En el siglo XVII cobraron gran pompa y esplendor, poniéndose en juego todos los recursos para exaltar la grandeza de la monarquía y de la Villa: «Ha sido siempre esta iglesia de mucha estima y veneración a los fieles, así por estar en ella la santa imagen de nuestra Señora del Almudena…… De aquí salen todas las procesiones generales, asistiendo en muchas dellas Reyes y toda su Corte. A este santo templo, como a santuario, vienen procesiones particulares con rogativas de otras partes, pidiendo consuelo en sus aflicciones, socorro en sus necesidades, y remedio en sus trabajos». (Jerónimo de Quintana)

Pero como las desgracias no vienen solas, dos años después la iglesia sufrió otro grave deterioro debido a una horrible tormenta, que afectó severamente al edificio. Así se puede leer en la cartela: «En el año de 1638 habiendo una famosa tempestad de rayos e truenos se ubieron de desprender las placas de plomo de la i(g)lesia de Nª Sª de la Almudena e se mandaron a nuestro exercito que era en Fuenterrabia que tenían los Fran(ces)es/ e triunfaron nuestras armas e aunque llobio muchos días no se inundó la I(g)lesia de Nª dra bendita – Por todo esto se fizo procesión llenísima de toda la clerecía e ordenes religiosas con / sus cruces y llevando la Sta. Imagen de Nª Sª Bendita de la Almudena y el Smo. Lignum Crucis por las calles de la Villa – presidió el Ayuntamiento e Alcaldes e se pintó este quadro en / el año 1640. Ad gratiarum accionen».

La fuerte tormenta tuvo lugar el 26 de junio de 1638 y, unida a un fuerte vendaval, consiguió arrancar unas planchas de plomo que cubrían el chapitel de la torre, cayendo sobre la plazuela del duque de Pastrana. Vera Tassis nos ofrece más detalles al respecto: «Repentinamente sobrevino a las tres de la tarde un tempestuoso nublado, que descargó gran cantidad de piedra, truenos y centellas (…) los matritenses (…) amedrentados del horror, bolvieron a recurrir a la Milagros imagen (de la Almudena), la cual… (..) repitió el interceder con su Sagrado Hijo (y ceso la tormenta)… Irritado (el diablo), arrancó impetuosamente un gran pedazo de plomo, que cubría el capitel de la Torre, el cual, aviendo de caer naturalmente sobre la iglesia, y hundir  en gran parte, por ser más de die y ocho arrobas de peso, y su caída de más de quarenta estados de alto, milagrosamente el ayre le hizo perder su curso, retrocediendo contra el ímpetu del viento, que era de Poniente, y cayó sin hazer daño alguno, en la plazuela (..) del Duque de Pastrana».

Ante tales destrozos, se vieron obligados a trasladar la imagen de la Virgen de la Almudena al vecino templo de San Miguel de los Octoes y se determinó ofrecer limosnas para una pronta restauración. La fecha concreta en que esta última procesión tuvo lugar fue el 6 de julio del mismo año (1638) es decir, al mes siguiente de los temporales, pues durante éstos no permitió el rey Felipe IV que la imagen saliera del templo, colocándose en el cuerpo de la Iglesia en un rico altar, en donde se le rindió culto por espacio de 23 días desde el 14 de junio, según relata Vera Tassis.

Una vez terminadas las obras de restauración, el regreso de la imagen de la Virgen (el 26 de agosto de 1640) desde San Miguel de los Octoes, se realizó con toda pompa, señal inequívoca del patronazgo de la Almudena sobre la ciudad. La procesión fue presidida por el rey y con acompañamiento del clero y órdenes religiosas, así como los Regidores de la Villa, y el pueblo fiel.

Como se observa en el cuadro, la imagen de la Virgen aparece vestida, tal y como entonces se la veneraba. Fue la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, la primera que donó un vestido para el adorno de la imagen. Esta tradición se mantuvo hasta el año 1890, cuando el entonces obispo de Madrid, don Ciriaco Sancha, mandó retirar las vestimentas y que la escultura luciera tal y como era. En el Museo de la Catedral de la Almudena se pueden ver los vestidos que se han conservado hasta nuestros días y una réplica de la Virgen de la Almudena vestida.

En los momentos más difíciles el pueblo confía en su patrona

Bajo tu manto, virgen sencilla,
Buscan tus hijos la protección,
Tú eres Patrona de nuestra Villa,
Madre amorosa, Templo de Dios.

Puede consultar la serie completa de Una mirada a la historia en la web del Año Jubilar Mariano.

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