Una mirada a la historia

Jueves, 27 septiembre 2018 10:20

La Real Esclavitud y la devoción a la Virgen de la Almudena

La Real Esclavitud y la devoción a la Virgen de la Almudena

Cristina M. Tarrero Alcón, directora del Museo Catedral, en su libro La iglesia de Santa María de la Almudena y la Real Esclavitud, de 2015, ha estudiado en profundidad la historia más antigua de nuestra patrona, de su congregación y de la parroquia de Santa María. Sin duda, ofrece nutridos hechos (algunos de los cuales referimos a continuación) que nos ayudan a conocer más y mejor la historia de la catedral y de la devoción a María en Madrid.

Durante el Siglo de Oro español se desarrollaron con profusión congregaciones, hermandades y cofradías que servían para fomentar la piedad de los fieles y promover la fe. Las más conocidas eran las hermandades de penitencia dedicadas especialmente a los misterios de la Pasión del Señor. Organizaban fundamentalmente los ejercicios espirituales y actos penitenciales durante la cuaresma y participaban de un modo activo en todas las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa. Otras congregaciones estaban dedicadas a fomentar la devoción a la Virgen María bajo una advocación concreta, vinculada a la historia del lugar y normalmente ligada a una aparición milagrosa.

En Madrid comienzan su verdadero desarrollo con la llegada de la Corte. Al igual que favoreció la creación de fundaciones y conventos, la nobleza impulsó la creación de estas agrupaciones en las parroquias. Así, las congregaciones se convirtieron en un instrumento de poder. La situación de privilegio de los nobles en la Corte posicionaba a la cofradía en la ciudad.

En el año 1640 se creó la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena en la parroquia de Santa María, siendo sus primeras décadas los momentos de mayor desarrollo y esplendor. Asimismo, sin la España barroca, heredera de Trento y la Corte de los Austrias, no es posible comprender su trascendencia en la historia de la iglesia de Santa María y su devoción a la Virgen de la Almudena.

En el siglo XVII, la parroquia de la Almudena era la iglesia matriz de la Villa, pero no tenía ni el tamaño ni la «calidad» que debía tener para acoger a la monarquía. El ceremonial litúrgico impuesto tras el Concilio de Trento necesitaba de iglesias acordes con las nuevas exigencias. Las celebraciones eran un complejo entramado de elementos litúrgicos que requerían de un amplio espacio celebrativo. Por las noticias que nos han quedado, el edificio no tenía una gran consideración artística, pero sí de un gran valor en cuanto a su antigüedad y a la identidad del pueblo madrileño con sus orígenes cristianos.

Fueron los reyes, Felipe IV de Austria y su esposa Isabel de Borbón, los grandes benefactores de esta iglesia, y desde el comienzo de su reinado proyectaron la renovación del templo mayor de Madrid, para dar más realce a las celebraciones religiosas que se realizaban con asiduidad en la capital.

Sus impulsos de mejora no solo se limitaron a las reformas estructurales, sino también al encargo de nuevas piezas y a la creación de una congregación. Así pues, en 1638, debido a las malas condiciones, se decidió mejorar la antigua iglesia. Se reparó el edificio y se adecentó y enriqueció su interior. La obra se concluyó en 1649, aunque desde 1640 ya estaba la Virgen de la Almudena en su trono.

Por otro lado, el duque de Pastrana, Hermano Mayor de la Real Esclavitud y bien situado en la Corte, dio un fuerte incentivo a la iglesia y a la devoción a la Virgen de la Almudena. A través de la congregación, el templo recibió cuantiosas donaciones que mejoraron su imagen y la liturgia, asumiendo las celebraciones para darles mayor decoro y lucimiento.

Los fines principales de la Real Esclavitud eran, y continúan siendo, la devoción a la Virgen María bajo la advocación de la Almudena y la defensa «en público y en privado» de la Purísima Concepción de María.

El aspecto más relevante y que diferenciaba a la congregación de otras similares era la celebración de «las nueve festividades de nuestra Señora», tal y como refieren en sus Constituciones: «Purificación, Encarnación, Visitación, Asunción, Natividad, Presentación, Concepción (que por la mañana celebra la Villa de Madrid y por la tarde por cuenta de la Real Esclavitud), los Desposorios de Nuestra Señora y la Expectación, con la misma solemnidad y disposición permitido por los fondos de la Real Esclavitud».

Sin duda, a esta profunda devoción mariana se debió el encargo de realizar un conjunto pictórico sobre la vida de la Virgen María, que hoy se puede contemplar en el interior de la catedral, junto al altar de la patrona de Madrid. Según las fuentes escritas que se conservan de la Real Esclavitud, se pintó para aderezar las paredes de lo que llamaban «la bóveda» que correspondería a la cripta de la parroquia de Santa María. Este lugar era usado para actos de piedad de la congregación.

El grupo se compone de ocho cuadros, aunque según los documentos que se conservan  el conjunto original estaría formado por seis lienzos, añadiéndose posteriormente otros dos. Están datados entre finales del siglo XVII y quizás algunos ya de principios del siglo siguiente. Todos ellos corresponden a un mismo momento histórico y estilístico, pero realizados por manos diferentes. Se desconocen los nombres de los posibles autores. Los ciclos pictóricos sobre la vida de la Virgen fueron muy frecuentes en la pintura española del XVII, y especialmente en la escuela madrileña.

Las piezas aparecen citadas en el inventario de Lino Gómez, que se realizó tras el derribo del templo de Santa María en el año 1868. Tras la demolición de la parroquia, se les sitúa en el Palacio Arzobispal, y más tarde se colgaron en las paredes de la antigua sede de los Tribunales eclesiásticos de la Diócesis de Madrid.

Finalmente, antes de ser depositados en la Iglesia catedral, fueron restaurados por el Estudio taller de Restauración del Arzobispado de Madrid. En el informe de restauración realizado por Mercedes García González en febrero de 2001, expone que los lienzos son demasiado sobrios para la época, pues los data en el siglo XVII, resaltando la ausencia de los rompimientos de gloria, ángeles o elementos sobrenaturales que creen planos diversos. Además, según dicho informe, pudiera ser que estuviesen ordenados alrededor de una Dolorosa, pues el conjunto recuerda al realizado por Alonso Cano en la catedral de Granada (siendo en este caso una Inmaculada).

Los ocho lienzos están concebidos con una indudable intencionalidad, condicionada por el punto de vista del espectador, que hace que las figuras ofrezcan un canon apropiado y que las arquitecturas actúen de escenario envolvente y decorativo.

El pintor compone los escenarios con arquitecturas de formas clásicas y figuras humanas a contraluz que acentúan el interés de las historias principales. Siempre con personajes centrales más luminosos y coloristas, especialmente cuando se trata de la figura de la Virgen.

La realización técnica muestra un esmerado dibujo y una ejecución rápida con pigmentos muy diluidos y pinceladas alargadas.

En la pared de la izquierda se exponen los siguientes pasajes de la vida de la Virgen (seguimos orden de ascendente a descendente):

  • a. La Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel.
  • b. La Anunciación del Arcángel Gabriel a la Virgen María.
  • c. Los Desposorios de San José y la Virgen María.
  • d. La Presentación de la Virgen María en el Templo.

En la pared de la derecha se encuentra:

  • e. La Asunción de la Virgen María.
  • f. La Virgen Dolorosa.
  • g. La Purificación de la Virgen María (La Presentación del Niño en el Templo).
  • h. El Nacimiento de la Virgen María.

Hablar de la devoción a la Virgen de la Almudena es hacerlo de la congregación de la Real Esclavitud, y a su vez, de la parroquia de Santa María, pues es imposible separarlas.

Puede consultar la serie completa de Una mirada a la historia en la web del Año Jubilar Mariano.

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