España

Viernes, 10 octubre 2014 02:00

¡Admirables misioneros!

Este es el título que le ha puesto el Arzobispo de Tarragona, Mons. Jaume Pujol Balcells, a la carta que ha escrito a todos sus fieles diocesanos con motivo de la Jornada del DOMUND del próximo 19 de octubre. ¡Admirables misioneros!, por todo lo que hacen y son:

“En mayo del año pasado el papa Francisco recibió a los participantes en la Asamblea General de Obras Misionales Pontificias. Con el buen humor que caracteriza a su lenguaje, saludó al cardenal Filoni diciendo: «El cardenal tiene un trabajo más en este tiempo; es profesor. Viene a mí para ‘enseñarme la Iglesia’. Sí, viene y me dice: esa diócesis es así o asá… Conozco la Iglesia gracias a sus lecciones».

Pienso que también nosotros, los fieles de la archidiócesis de Tarragona, comenzando por su Arzobispo, recibimos lecciones de los misioneros. Ellos viajan hasta los confines de la tierra para extender el mensaje de Jesucristo.

A algunos les puede parecer que esto era más meritorio hace unos siglos, cuando no existía la aviación. Pero las distancias no sólo se miden en kilómetros. Dejan atrás una familia, un ambiente, una cultura y unas comodidades, para encontrar otra familia espiritual, otras civilizaciones, lenguas y costumbres; y, a menudo, penurias y peligros.

De vez en cuando la prensa nos trae noticias de martirios de sacerdotes y seglares en países para nosotros remotos, como Nigeria, en Siria, Burundi o Irak, donde tantos ataques se han producido a iglesias cristianas en las que acudir a misa representa un acto de heroísmo.

Me siento muy unido a los misioneros, muchos de ellos sacerdotes o religiosos, esparcidos por el mundo y leo cuando puedo relatos que nos envían, habitualmente aprovechando el permanente contacto que tienen con la Delegación Diocesana de Misiones, que tanto trabaja en colaboración con ellos.

También me emociona leer crónicas en revistas misionales. Como ejemplo cito uno de la emblemática publicación Mundo Negro de los misioneros combonianos. Se publicó en el número de abril. Juan José Aguirre es obispo de Bangassou (República Centroafricana). Cuando escribe acaba de vivir un golpe de Estado, un conflicto en el que cuenta que les destruyeron muchas instalaciones religiosas y les robaron los 29 vehículos que tenía la diócesis para atender un territorio muy amplio. Comenta: «Nos quedamos todos a pie. Y seguimos nuestro trabajo pastoral con alegría». Menciona aún que, en medio del rencor entre grupos religiosos y tribales que se instaló en el país, parecía un milagro que en su campo de fútbol siguieran jugando 22 jóvenes mezclados: musulmanes, católicos, protestantes, sin distinción de credos, razas ni tribus.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros admirables misioneros en su trabajo inagotable? Sin duda, con la oración y las aportaciones económicas. Ellos son nuestros brazos ya que formamos parte de un mismo cuerpo, que es el de Cristo”.
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