Madrid

Lunes, 11 febrero 2019 13:22

«Jesucristo nos llama a ser protagonistas en el servicio a todos los hombres, manteniendo nuestra identidad cristiana siempre»

«Jesucristo nos llama a ser protagonistas en el servicio a todos los hombres, manteniendo nuestra identidad cristiana siempre»

La parroquia Santa María del Pilar, de los padres marianistas, acogió el pasado domingo, 10 de febrero, la Misa de la jornada nacional de Manos Unidas, en el marco de la LX campaña contra el hambre, que tiene como lema Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas.

En su homilía, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, recordó «con inmensa gratitud el esfuerzo realizado por tantas personas, mujeres y hombres, para que los derechos humanos se hagan realidad, especialmente en los lugares donde la pobreza y la vulnerabilidad es evidente». «Conscientes cada día más de que los discursos sobre los derechos humanos no se corresponden con la realidad de millones de personas que, considerados “sujetos de derechos”, sin embargo no pueden acceder a ellos, incluso a los más elementales, como es el derecho a la alimentación», Manos Unidas «sitúa este LX aniversario en el marco de un trienio, Promoviendo los derechos con hechos, abordando lo escrito en los textos legales con hechos».

«Las cifras de pobreza que tenemos son escandalosas: 1.300 millones de seres humanos, según la ONU. Los rostros humanos de quienes padecen esta situación son: niños y niñas, jóvenes desempleados, indígenas y campesinos expulsados de sus territorios, trabajadores mal retribuidos, marginados y hacinados urbanos, ancianos excluidos, rostros de mujeres». Ante esta situación, exhortó a ser «protagonistas en servir a los hombres», porque «ante realidades que contemplamos, como es hoy el hambre en el mundo, viendo y escuchando cómo Dios quiere que estemos presentes en ellas de un modo pro-activo, es decir, interviniendo para que cambien, protagonizando, percibimos cómo el Señor desea contar con nosotros». «Manteniendo nuestra identidad siempre», ya que «el amor cristiano, nuestra identidad, es escuela de solidaridad, es cadena que nos une a los unos con los otros, cuando hay amor». Y, todo ello, «siendo servidores de la alegría del Evangelio». «En este mundo global, vemos cómo la Iglesia  brilla como signo de unidad de la humanidad en el mundo, al servicio de la fraternidad de todos los pueblos y de todos los hombres».E

El purpurado concluyó afirmando que Jesucristo «se hace realmente presente en el misterio de la Eucaristía: contemplémoslo, acojámoslo en nuestra vida y vivamos de Él, con Él y por Él, construyendo nuestra casa común. Hoy, ayudando a Manos Unidas a realizar sus proyectos con los más pobres de la tierra».

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