Madrid

Lunes, 10 junio 2019 13:00

Vigilia de jóvenes: «El Espíritu del Señor viene en ayuda de vuestra debilidad, como vino a los apóstoles en el inicio de la Iglesia»

El pasado viernes, 7 de junio, con la ciudad de Madrid contemplando los últimos instantes del tiempo pascual, la catedral de la Almudena acogió una nueva vigilia Adoremus. Presidida por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, volvió a congregar a un gran número de jóvenes que, deseosos de encontrarse con el Padre, no despegaron sus miradas de la del pastor de la Iglesia que camina en Madrid.

«Hay tres palabras que, depende cómo se combinen, dan un resultado u otro a la historia personal de cada uno, y a la historia colectiva: oscuridad, luz, misión». Por medio de estas tres claves, el purpurado remarcó el sentido de cada una de las teselas que pisar para alcanzar la gloria de Pentecostés. «Si combinas la oscuridad con la misión, y realizas la misión desde la oscuridad, el resultado siempre es negativo; porque la oscuridad, en general, trae consecuencias como cerrar puertas y miedo». Mientras que si combinas la palabra luz y misión, destacó, «las puertas se abren, y entran la paz, la alegría y el sentirse enviado en nombre de alguien».

«La oscuridad es tremenda para el ser humano»

Tras el eco leve y sereno de las plegarias, la catedral desprendía una paz que sosegaba el corazón de los fieles allí reunidos. «Cuando viene Jesús y envía el Espíritu a la Iglesia, nosotros sabemos quién es Dios y quienes somos nosotros». Y, por eso, «caminamos con la cabeza alta, mirando a los hombres y sintiéndonos con la capacidad de decirles, como Jesús a los primeros discípulos, “ven y verás”», subrayó.

«La oscuridad es tremenda para el ser humano, y hace que este mundo no sea como tiene que ser». En este sentido, nos encontramos con «un mundo de golpes y contragolpes, de división y de ruptura». La oscuridad «nos hace vivir la experiencia de las puertas cerradas», donde «uno se encierra en sí mismo, en sus teorías, en su poder, en sus capacidades, en sus miramientos… Y así vienen las luchas y las guerras». Sin embargo, confesó, «podemos vivir en la luz. O de la luz. Y la luz, para nosotros, tiene un nombre: Jesucristo».

La experiencia de vivir con alegría

Y cuando llega la luz, «cambia todo» y «hay experiencia de la alegría». A pesar de las dificultades, continuó, «es la alegría de sentirme querido por un Dios que se me ha revelado, que me ha dicho que soy hijo de Dios y hermano de los hombres, y que tengo que salir a este mundo a anunciar esta buena noticia a todos».

No es posible «que nos estemos matando los hombres, los unos a los otros». No es posible, aseveró, «porque este Dios nos ha revelado que somos hijos de Dios y de hermanos». Una condición mediante la cual «tenemos que intentar buscar con luz, con su alegría y con su amor la fraternidad en este mundo». Y Jesús «nos dice que vive, que nos ama, que nos quiere y que cuenta con nosotros para que entreguemos esta luz». Y nos invita, tal y como recordó, a entregar su paz: «La paz que se construye cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos, hasta dar la vida por Nuestro Señor».

«Podemos ser Jesús en medio de esta historia»

Finalmente, el cardenal Osoro insistió en que para hacer esto «hemos de acogerle a Él». Llevar a cabo esta misión «es acoger su alegría, su paz, su amor y su esperanza».

Y con la mirada puesta en acoger a un Dios «que nos quiere dar un abrazo y quiere que seamos Él en medio de los hombres», añadió que «todos los que estamos aquí, podemos ser Jesús en medio de esta historia». No estáis solos, insistió, para posar en sus manos la confianza del que murió y resucitó tan solo por amor: «El Espíritu del Señor viene en ayuda de vuestra debilidad, como vino a los apóstoles en el inicio de la Iglesia».

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