Madrid

Miércoles, 19 junio 2019 15:06

«Puente de Esperanza es un pulmón para Madrid»

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«El rostro de Cristo hay que verlo en los últimos. Hoy los últimos son estos inmigrantes que, cuando llega aquí, se ponen a llorar porque están desorientados. Y este lugar es un pulmón para Madrid». Es la emoción que deja entrever la mirada del padre Ángel Camino, OSA, vicario episcopal de la Vicaría VIII. Este miércoles, 19 de junio, el religioso ha visitado el centro Puente de Esperanza, junto al cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro.

«En los cuatro años que llevo como vicario, he visitado varias veces esta asociación. Y tenía muchas ganas de que D. Carlos viera físicamente el lugar, ya que no es lo mismo contárselo, que verlo». Hoy, por fin, «lo hemos conseguido», revela emocionado, «y ha podido visibilizar algo realmente extraordinario».

Con estas palabras, Camino destaca la labor de este hogar con sabor a Evangelio. «Todas las mañanas, de 8:30 a 13:30 horas, no te puedes hacer a la idea de la riada de inmigrantes que llega a este centro; incluso algunos lo hacen a las 24 horas de estar pisando Barajas…».

Un hogar de «acogida, escucha y servicio»

La asociación Puente de Esperanza surge de la iniciativa de un grupo de mujeres, de diferentes congregaciones religiosas, que residen en el distrito de Tetuán y que desean dar una respuesta a la realidad de precariedad con la que se encuentran personas de origen extranjero. El 13 de septiembre de 2005 tiene lugar la primera reunión, inaugurándose el 3 de noviembre del mismo año. En 2006 se inicia el proceso de constitución como asociación, que finalizará con su reconocimiento el 27 de febrero de 2007.

«La acogida de estas religiosas y laicos, que ya son más de 100 personas, es maravillosa», destaca el el padre Ángel Camino. «Lo que queda por encima de todo es la acogida, la escucha y el servicio». Son diferentes congregaciones que, con sus respectivos carismas, «dan vida a una realidad que es sangrante en España y, de manera particular, en Madrid».

El purpurado madrileño, que ha recorrido todas las habitaciones y ha saludado, una por una, a todas las personas que se encontraban en el lugar, «lo ha podido ver y ha quedado admirado y contentísimo». De hecho, al concluir la visita, «hemos estado hora y media escuchando a las religiosas y el sentido de este proyecto». Ha quedado «empapado por todas y cada una de las palabras de las religiosas y ha dado sus directrices concretas», asevera el vicario.

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«El rostro de Cristo se visibiliza en estas personas»

«Esto es un puente de esperanza y no un muro de esperanza», abunda. Son puentes, «formados por personas que sienten que el rostro de Cristo se visibiliza en estas personas», que la mayoría son jóvenes. «Qué bien que se pueda rescatar a estas jóvenes –continúa–, que son la mayoría, y se les pueda dar orientación, que también la necesitan».

El vicario conoce el evangelio de la ternura, y pone su corazón en estas realidades que, a tiempo y a destiempo, configuran el rostro de Cristo. «Yo estoy contentísimo de que en la Vicaría VIII esté este grupo que está dando respuesta inmediata, junto con Cáritas, Manos Unidas, CONFER y con cantidad de asociaciones, al hombre de hoy», sobre todo «al más necesitado». «Ver que las congregaciones religiosas se han unido, como les ha dicho D. Carlos, por motivo de los pobres y los últimos, es una satisfacción enorme», concluye.

«Vale la pena dedicarse a los pobres»

La presidenta de la asociación Puente de Esperanza, Mª Belén Miguel Frías, reconoce emocionada que «pudimos ver el rostro cercano del pastor, de alguien que se interesa por la labor y que la considera importante dentro del espacio de la Iglesia». Y hace hincapié en que lo hizo con paz, independientemente del tiempo y de las circunstancias que copan su agenda pastoral… «Es un aliento para seguir adelante con lo que hacemos»,  y «supone un interés grande del pastor hacia una labor muy sencilla pero muy importante –como él la valoró– de estar cerca de la gente más vulnerable». Por todo ello, «nos quedamos con el mensaje de ánimo, el de seguir adelante y el confirmarnos que vale la pena dedicarse a los pobres, trabajar el Evangelio y dar rostro a cada uno de los hermanos que aquí llegan».

La realidad que allí se vive huele a Evangelio, a caricias ofrendadas con sentido, a corazón abierto. «Es un proyecto abierto para acoger, orientar y ayudar a la integración socio laboral de las personas que se acercan al centro», reconoce la religiosa de la Asunción. Un lugar de «ayuda, acogida y esperanza» al que «llegan, muchas veces, desde su propio país con nuestra dirección», y «vienen buscando poder vivir». Potenciando la gratuidad como valor y «fomentando la justicia social como factor creador de un mundo más justo y más fraterno», la asociación, fiel a la Doctrina Social  de la Iglesia, «trabaja por la dignidad y el empoderamiento de la mujer».

Mediante la búsqueda de trabajo, destaca la hermana Mª Belén, «nuestra labor es orientarles y darles formación, con cursos e itinerarios laborales para poder llegar al puesto de trabajo; ya que la trayectoria es larga y deben prepararse para ello». Así, las religiosas que aúnan sus vidas y sus vocaciones «unidas por el trabajo por los pobres», valoran la inmensa labor de muchos laicos «que trabajan de manera gratuita con nosotros», subraya. «Cada uno aporta la parte que tiene mejor». Y, de esta manera, «ofrecemos lo que tenemos para que, entre todos, podamos hacer que los que viven un momento difícil, puedan verse aliviados», concluye.

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