Madrid

Miércoles, 07 octubre 2020 12:49

Mariano Vélez se despide de Nuestra Señora de las Victorias con una solemne Eucaristía

Mariano Vélez se despide de Nuestra Señora de las Victorias con una solemne Eucaristía

Era un 10 de junio de 2007 cuando Mariano Vélez tomaba posesión como párroco de Nuestra Señora de las Victorias (Azucenas, 43), en el barrio de Tetuán. Ahora, 13 años después, y tras 47 de sacerdocio, ha llegado el momento de la jubilación.

El domingo 18 de octubre, a las 19:00 horas, presidirá una solemne Eucaristía con la que se despedirá de la comunidad parroquial. En la Misa, que se desarrollará siguiendo las normas para ello establecidas por las autoridades sanitarias, concelebrará el padre Ángel Camino, osa, vicario episcopal de la VIII.

«Me toca jubilarme. Y me jubilo. Lo de párroco pasa a la historia. Además, lo deseaba», confiesa este sacerdote que fue ordenado en la época de monseñor Alberto Iniesta, un 20 de mayo de 1973. «Pedí ir a un pueblo. Y desde entonces siempre he tenido responsabilidades: como párroco, como arcipreste…». Ahora vuelve a Vallecas. «Los primeros años de mi sacerdocio estuve en la zona rural. Y después, durante 26 años, en Vallecas. Ahora regreso. Viviré con mi hermano, que está soltero. Y me pondré a disposición de las parroquias de la zona».

En su maleta, muchos recuerdos. «Tantos, que no puedo destacar ninguno. Yo he sido feliz siempre: en mi sacerdocio, en mi vocación, en mi vida… Aunque haya pasado apuros… Por eso, doy muchas gracias a Dios».

Entre los más recientes, los sacerdotes del arciprestazgo de Nuestra Señora de las Victorias, «que además lleva el nombre de la parroquia, porque es la más antigua. Todos los miembros del equipo arciprestal son maravillosos. Siempre nos hemos entendido muy bien, siguiendo una línea pastoral muy parecida, ya que los problemas que tenemos son comunes. Y es que hay mucha pobreza e inmigración en el barrio», constata.

También la comunidad parroquial que ahora deja ocupa un lugar en su corazón. «Cuando yo llegué me encontré con una feligresía muy cuidada por mis antecesores. Eso se nota en la religiosidad de la gente. Y es que la parroquia ha trabajado mucho con los laicos. Se les ha dado mucha participación. La gente estaba muy implicada en todo», evoca. Una feligresía que con el tiempo se ha convertido en mayor. «Hoy, muchos de ellos están en sus casas, o en residencias», confiesa.

«Cuando yo llegué, en la zona había 6 comunidades religiosas femeninas. Y eso ha sido muy interesante en la parroquia. Siempre hemos tenido misas por la mañana y por la tarde, aunque muchos solo podían asistir a la Eucaristía dominical. Por eso, hemos cuidado mucho las eucaristías».

«Gente muy buena y acogedora«, insiste. Aunque poco a poco el perfil del barrio va cambiando. «La parroquia atiende ahora mismo a una población de unos 16.000 habitantes. Y muchos de ellos son inmigrantes. De todas partes. Los niños y jóvenes que vienen a la catequesis, por ejemplo, son hijos de inmigrantes», asegura. Con todos ellos han trabajado, de manera especial durante esta pandemia del COVID. «Hemos celebrado las misas y las hemos emitido por YouTube. Nos seguía mucha gente: de la parroquia, y de otros templos en los que he estado. También hemos estado pendientes de las personas mayores, o con mayor riesgo. Y se ha desarrollado una acción social muy intensa, en coordinación con la Cáritas arciprestal. Tenemos un trabajador social que se encarga de atender a las personas que acuden en demanda de ayuda». De hecho, asegura, «nuestra parroquia es la que más apoyo recibe de Cáritas Vicaría, porque está ubicada en la zona más pobre del barrio de Tetuán».

Otra de las grandes preocupaciones de Mariano Vélez a lo largo de su ejercicio ministerial ha sido la conservación de los templos que le han sido encomendados. «Este templo de Nuestra Señora de las Victorias, por ejemplo, parece una catedral. Es muy grande. Pero hemos tenido que hacer muchas obras. Como el barrio es muy pobre, las obras me han llevado de cabeza siempre, por el tema económico». Su confianza en la Divina Providencia se ha visto confirmada con datos. «Cuando más necesidad tienes, surge un donativo para aliviar la presión», afirma. Eso le ha permitido ejecutar, en 13 años, la cubierta del tejado o la pintura de los paños de la estructura exterior de Nuestra Señora de las Victorias. «Pero aún se necesitan algunas cosillas», sonríe.

Y, en medio de todo, la Virgen. «En cada sitio donde he estado, bajo una advocación. Por ejemplo, en mi primer pueblo era la Virgen del Rosario». En otro, la Virgen de la Oliva. En Villaconejos, donde también fue párroco, era el Cristo. Y en la parroquia de San Buenaventura, el santo. «Por cierto, que eso me permitió descubrir más sobre san Buenaventura, por ejemplo un relato precioso de la aparición de Jesús a su Madre, que no aparece en los evangelios. Me agradó ese gesto y ese detalle que se da por sentado».

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