Madrid

Viernes, 19 junio 2020 11:01

El padre Urbano y sus Eucaristías en un aeropuerto que va recuperando la actividad

El padre Urbano y sus Eucaristías en un aeropuerto que va recuperando la actividad

El padre Urbano Monedero, capellán del aeropuerto de Barajas, celebró la primera Misa del desconfinamiento en la capilla de la T4 el día de la Ascensión, 24 de mayo. «Ese domingo solo había programados diez o doce vuelos, a Mallorca, Fráncfort, Londres, Bilbao…», rememora, muy lejos de los más de 1.700 diarios que se registraron por esas mismas fechas el año pasado.

Unas semanas después va habiendo cada vez más actividad, «el miércoles vi que ya operaban con Aeroméxico», pero sigue siendo «impactante» llegar a un aeropuerto semivacío en el que las capillas han permanecido clausuradas todo este tiempo. Además, «ahora me tengo que identificar» para acceder, una de las medidas de la llamada nueva normalidad en las instalaciones.

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Como el resto de terminales siguen cerradas, el padre Urbano llegó al acuerdo con Aena de centralizar en la T4 todas las Misas. Así, si antes había Eucaristía por lo menos tres días, cada uno en una terminal, la idea era mantener esos tres días. Ahora mismo hay celebraciones los miércoles, jueves y viernes a las 11:00 horas, y los domingos a las 13:00 horas. Además, y aunque en un principio la propuesta era abrir solo el rato de la Misa, «he conseguido arañar» una hora antes y otra después.

En la capilla de la T4 el capellán se ha reencontrado con sus conocidos: «Un domingo vino un trabajador para celebrar el aniversario de la muerte de su padre; otro, un grupo de azafatas que habían estado en un ERTE, y una de ellas me contaba cómo había vivido las Eucaristías este tiempo de confinamiento a través de la televisión; también ha estado otro empleado que tiene una hija carmelita…». Con los pasajeros, el contacto de momento es escaso: «Ahora hay tantos controles, y también tantos miedos…». Así las cosas, hay días que celebra la Misa él solo.

«He rezado un montón de rosarios»

En este tiempo de confinamiento sin acudir a Barajas, el padre Urbano celebraba en su casa: «Me monté mi altar y decía Misa todos los días». Además, se unía a las tres de la madrugada a la vida contemplativa, «cartujos, benedictinos, cistercienses, para el oficio divino». «¡Y he rezado un montón de rosarios cada día, porque tengo una terracita con unas vistas muy bonitas…».

Aparte de la capellanía de Barajas, también atiende las parroquias de los pueblos de la Berzosa, Robledillo y Cervera. En este tiempo de pandemia «me llamaban para celebrar entierros, y eso me servía también de evasión». Y ha hablado mucho con don Giovanni Soccorsi, el capellán del aeropuerto italiano de Fuimicino, «nos contábamos las penas y nos poníamos al día». Precisamente con él se iba a ver, si no hubiera sido por la pandemia, en el encuentro de capellanes aeroportuarios de Europa que estaba previsto para finales de abril en Milán.

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La Virgen de Loreto, de vuelta a Roma

La capellanía de Fuimicino es la que custodia las tres imágenes de la Virgen de Loreto que viajan por el mundo. A comienzos de marzo, una de ellas llegó a Madrid para celebrar el Año Jubilar Lauretano con ocasión del centenario de la proclamación de Nuestra Señora de Loreto como patrona de la aeronáutica (en la imagen superior, Eucaristía de recibimiento el pasado 3 de marzo en la capilla de la T1, celebrada por el vicario para el Desarrollo Humano y la Innovación, José Luis Segovia).

Sin embargo, tuvo que regresar a casa antes de tiempo. En principio, iba a ser despedida con una solemne Eucaristía celebrada por el cardenal Carlos Osoro el día 25 de marzo. Pero el decreto del Estado de alarma hizo que se la incluyera, «por lo que pudiera pasar», en un vuelo de expatriados que salió de Madrid el 17 de marzo con destino a Roma.

Lo hizo con Alitalia como la viajera de honor que es. Porque, tal y como explica el padre Urbano, la compañía aérea italiana se había ofrecido en este año tan especial a llevar a la Virgen de manera gratuita y como pasajera (sin necesidad de acompañamiento) a las ciudades a las que vuela. Durante el viaje va en la zona de los enseres de las azafatas o bien en los compartimentos de cabina, dentro de una caja de cerca de un metro de alto.

En cualquier caso, el Año Lauretano continúa vigente hasta el 18 de diciembre, el día de su clausura. Y por eso, el capellán de Barajas (en la imagen inferior, con la Virgen de Loreto cuando llegó a Madrid en marzo) reza todos los días la oración del jubileo al concluir las Misas en la T4. «Es posible que volvamos a retomar los actos», concluye esperanzado .

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