Anton Coşa: «Mucha gente ve la guerra rusa en Ucrania como algo normal» - Alfa y Omega

Anton Coşa: «Mucha gente ve la guerra rusa en Ucrania como algo normal»

Las explosiones en la región moldava y prorrusa de Transnistria han elevado el temor a una intervención de las tropas rusas en Moldavia. Hablamos de ello con el obispo de Chisináu

Victoria Isabel Cardiel C.
El obispo de Chisináu en las dependencias del obispado. Foto cedida por Anton Coşa.

¿La expansión hacia el sur de los rusos en Ucrania es para llegar a Transnistria?
No creo que nadie sepa exactamente cuáles son los planes del Ejército ruso y menos yo, que vivo en un mundo más bien eclesiástico. Hace tiempo que escucho que Rusia quiere llegar a Transnistria, incluso penetrar en Moldavia, pero trato de no caer en especulaciones.

¿Le preocupa esta posible ampliación del conflicto?
Independientemente de Transnistria, es preocupante que la guerra se extienda no solo hacia Moldavia, sino también hacia otros países vecinos. Es necesario, como dicen también las autoridades estatales, actuar con cautela y confirmar la neutralidad del país, tal y como establece la Constitución.

Pero se ha constatado un aumento de la presencia militar en la frontera.
No tengo conocimiento de lo que ocurre en el Ejército moldavo. Pero que la guerra está cada vez más cerca lo demuestra el hecho de que las acciones militares están en el sur de Ucrania, cerca del territorio de la región de Transnistria. También se han bombardeado los puentes de la carretera de Odesa hacia la frontera con Moldavia.

¿Cómo lo está viviendo la población?
La sociedad moldava ha pasado momentos duros por la pandemia y la crisis energética derivada del encarecimiento del gas. La guerra en Ucrania ha tenido consecuencias económicas y sociales. Hasta ahora, los alimentos y otros suministros procedían de Rusia y Ucrania, pero ya no es así. Tenemos que obtener nuestras importaciones de los países europeos a unos costes completamente diferentes.

¿Hay muchos prorrusos en Moldavia?
Moldavia es un país en el que han coexistido pacíficamente sentimientos proeuropeos y prorrusos. Se habla rumano, que es la lengua estatal, y el ruso. La mayor parte de la emigración por motivos de trabajo se dirige a Rusia y a Europa. En la política, propiamente dicha, hay dos grandes partidos que compiten, pero siempre ha habido una coexistencia de las dos almas culturales. La mayoría de los católicos también son de habla rusa. Debo admitir que hay mucha gente que ve la guerra rusa en Ucrania como algo normal, incluso necesario, para reconstruir el gran país del pasado.

¿Quiénes son los prorrusos?
Los prorrusos son, en su mayoría, ciudadanos moldavos vinculados por la cultura, la tradición y el origen familiar a la historia de Rusia, pero que siguen arraigados. También son los que han trabajado en Rusia y ahora reciben pensiones.

¿Podemos decir que la región de Transnistria es como el Dombás?
Son dos historias diferentes, aunque ambos territorios ven la presencia rusa como dominante en la zona. El territorio de Transnistria existe desde hace 30 años, pero la presencia rusa no es una ocupación, como en el caso de Dombás. Las Fuerzas Armadas rusas en este territorio son anteriores a la caída del Muro de Berlín. El Dombás es escenario de enfrentamientos armados con los ucranianos. Son historias diferentes, ciertamente delicadas, cuyo equilibrio político es muy frágil.

Después de Ucrania y Georgia, Moldavia también ha solicitado entrar en la Unión Europea.
Hace años que se habla de la adhesión a Europa, pero no hay una decisión política clara. Ahora hay una realidad política diferente, muy favorable a la integración europea, y la situación en Ucrania podría acelerar el proceso. Se ha entregado la solicitud, pero hay cuestiones pendientes, como resolver el problema de Transnistria y abordar el impacto económico de la entrada de Moldavia en Europa, cuyo precio podrían pagar los sectores más débiles de la sociedad.

¿Qué es lo que más le preocupa en este momento?
Soy obispo y me preocupa la vida de mi comunidad pastoral. Intento, en la medida de lo posible, estar cerca de sus problemas, que, en realidad, son los problemas de la gente corriente. Mi mirada también va más allá de los límites de la realidad católica, por lo que pienso en los pobres, en los pensionistas cuyo dinero no alcanza para salir adelante, en los niños cuyos padres han emigrado, en las familias que a menudo están divididas. La guerra se suma a una situación ya difícil.

Moldavia es uno de los países más pobres de Europa, pero es el vecino de Ucrania que más refugiados está recibiendo con relación a su población –cuatro por cada 100 habitantes–.
La Iglesia hace lo que puede por acogerlos. Hay historias terribles. Hemos creado programas para atender a las mujeres embarazadas y a los menores no acompañados. Otro problema son las mujeres que llegan sin recursos y corren el riesgo de caer en las redes mafiosas de la trata.

Bio

Nacido en Valea Mare (Rumanía) proviene de una familia csángó, etnia minoritaria de húngaros. Fue ordenado sacerdote con 28 años. En 1993 fue nombrado administrador apostólico de Moldavia. Ocho años después fue nombrado el primer obispo de Chisináu. Esta diócesis –erigida en 2001 por Juan Pablo II– comprende toda Moldavia, incluyendo el Estado autoproclamado independiente de Transnistria. Tiene 20.000 bautizados en un territorio con una población de 3,5 millones de personas.