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Miércoles, 11 febrero 2026 16:16

El cuidado de los sacerdotes ha sido una de las claves de CONVIVIUM: «Yo pedí ayuda y se me ayudó, y nadie me ha tratado como un juguete roto»

El cuidado de los sacerdotes ha sido una de las claves de CONVIVIUM: «Yo pedí ayuda y se me ayudó, y nadie me ha tratado como un juguete roto»

«Hay muchos sacerdotes que necesitan escuchar que, si están mal, van a ser ayudados». Eugenio Pérez Turbidí ha puesto rostro y voz a una de las cuestiones que más ha salido en CONVIVIUM: el cuidado de los sacerdotes. (En la imagen principal, en la posición central de la segunda fila, durante CONVIVIUM).

Se vio durante la primera fase, en los trabajos de los más de 300 grupos entre consejos pastorales, congregaciones religiosas, realidades eclesiales… Volvió a salir en las preasambleas que mantuvieron los sacerdotes por franjas de edad de ordenación previas a la asamblea general. Y el martes 10 de febrero, justo antes de la lectura de las conclusiones y de la clausura, Pérez Turbidí lo contó en primera persona.

Un día después, tras muchos mensajes de sacerdotes dándole las gracias, piensa que «diciendo esto ayudo, y el Señor se hace presente». Eugenio es sacerdote de la diócesis de Madrid desde 2018. «Hace dos años y medio tuve que parar porque me sentí desbordado». Le causaba ansiedad el ministerio, y «también estaba triste».

«Me costó muchísimo decirlo, pero la necesidad se impuso». A quien primero se lo contó fue a su madre. Y después, a Jesús Vidal, entonces obispo auxiliar de Madrid. «Me permitieron parar». Y esto lo remarca, porque «a veces tenemos la sensación de que no podemos parar, y que si lo hacemos, vamos a decepcionar al mundo o las almas no se van a salvar…».

Eugenio pasó cinco meses en la casa que los sacerdotes operarios diocesanos tienen en Castellón. Tenía ilusión por volver, pero a la vez miedo. «Quién iba a contar conmigo, si hay sacerdotes que son geniales, que no se cansan, y luego estoy yo, que me he roto». Pero «fue lo contrario». Se tuvo que adaptar un poco a la vuelta, pero se empezó a dar cuenta de que muchas personas se le acercaban a él precisamente por lo que había pasado.

«La santidad pasa por la humanidad». Y piensa en Cristo. «Jesús no tiene miedo de exponer sus heridas; en la cruz está totalmente destrozado, y transmitió su salvación desde su carne destrozada». En un mundo donde «todo es apariencia y todo tiene que ser perfecto, Jesús quiere transmitir su salvación a través de sus heridas».

Convivium turbidi ordenacion

Sacerdotes humanos

«Necesitamos sacerdotes que sean humanos, que sientan que pueden ponerse malos o tener ansiedad o depresión; parece que si estás mal te tienes que esconder, que vas a ser peor sacerdote». Pero esto es algo «completamente estúpido» porque, reflexiona, «si nosotros, sacerdotes, vemos a alguien roto, lo cuidamos, pero a nosotros mismos no nos lo permitimos».

Habla de una cultura social, y también sacerdotal, de mucha autoexigencia. Que no exigencia. «Evidentemente, el mundo exige y juzga, pero el peso es la propia mirada». Observa que «sales del seminario con mucho fuego» pero «descubres que no eres el sacerdote que querías ser, y eso genera dolor».

«No soy el único de mi generación que siente cosas como las que yo he experimentado» y antes o después esto «repercute muy negativamente en ellos y en su ministerio». Es una autoexigencia que nace «de un deseo genuino de ser santos, pero mal conducido». «En mi caso, no me sentía capaz de amar más; sentía que mi amor era poco valioso y que no era suficiente para Dios».

«¡Pero no pasa nada por que te equivoques, por que no seas quien creías que ibas a ser!». Y no es un «no pasa nada» en el sentido de volverse mediocre o tibio, subraya, sino en que «nadie te va a juzgar». «Yo pedí ayuda y se me ayudó; y volví exactamente a donde estaba, nadie me ha tratado como un juguete roto». De hecho, volvió a sus tareas habituales, participa en el consejo para la Vicaría del Clero y recientemente ha sido nombrado viceconsiliario en Madrid del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

«La experiencia que he vivido ha sido de las más importantes de mi vida; me ha hecho tanto bien entender las cosas desde esta herida que lo volvería a pasar», concluye.