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Lunes, 15 diciembre 2025 11:08

Los Severianos Prieto que ya no pondrán el belén parroquial pero que han encarnado la misión compartida: «Sin los laicos, no funcionaría una parroquia»

Los Severianos Prieto que ya no pondrán el belén parroquial pero que han encarnado la misión compartida: «Sin los laicos, no funcionaría una parroquia»

Los sótanos de la parroquia Santa María del Bosque eran el jueves por la mañana un hervidero. Cáritas parroquial (que recibió recientemente la visita del obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín) estaba en marcha, con sus talleres de cocina, de costura, de puericultura… Presidían, a la entrada, el árbol de Navidad y un Nacimiento. Del belén, pero del que se pone en el templo, íbamos precisamente a hablar porque este año, por primera vez en los cerca de 40 que lleva la parroquia funcionando como parroquia, falta Severiano Prieto, el hombre que siempre lo montaba.

Fallecido el pasado mes de agosto, ya mayor, enfermo desde hace tiempo, a él le dedicaron las voluntarias de Cáritas un In Memoriam en el Boletín del Voluntariado del pasado mes de octubre. Marimí y Encarnita —97 años magistralmente llevados porque nadie lo diría— son dos de ellas y están en Santa María del Bosque desde el comienzo. Desde aquel final de los 70 en que, siendo la iglesia de la Casa Provincial de los agustinos en Madrid, se erigió como parroquia y empezó a aglutinar a una comunidad de fieles de los que Severiano formó parte.

Hablamos con ellas y con el padre Tomás y el padre Pablo, agustinos (en la foto inferior, de izquierda a derecha, Tomás, Marimí, Encarinita y Pablo). El complejo parroquial ahora alberga el prenoviciado, el equipo de vocaciones y una comunidad de diez agustinos, entre ellos el obispo emérito de Iquitos (Perú), Julián García Centeno. Además, en el territorio de la parroquia hay 17 comunidades religiosas, una enorme «riqueza».

Severiano bosque despacho

«Era una institución, el guardián de la tradición»

Severiano estuvo ya en el primer consejo pastoral, y desde entonces hasta su muerte ha sido todo en la parroquia: sacristán, ministro extraordinario de la Comunión, «cantaba, leía», organizaba los turnos del rosario, montaba la estructura para el altar del Corpus y para el monumento del Jueves Santo, era adorador nocturno y ayudaba en todo lo necesario. «Severiano, mira a ver este tornillo», o «esta tabla», o «este armario…». Para todo tenía manos. «Estaba en todo». «Incluso en su banco tenía un cajetín para guardar los libros». Sí, Severiano tenía «su» banco. «Era una institución», resume el padre Tomás.

Además, destaca el agustino, «era como el guardián de la tradición». Fueron llegando nuevos párrocos, pero Severiano siempre estuvo. «Una autoridad moral en la parroquia», «un hombre afable, siempre disponible, amante de las costumbres aunque no inflexible». De carácter «muy guasón», señala Marimí —«con retranca», puntualiza Encarnita—, original de Salamanca, dedicado laboralmente a su imprenta, casado con Ester y padre de tres hijos (imagen inferior, foto de archivo).

Severiano bosque belen seve

A ella, a su esposa, dedican también palabras de reconocimiento. «Se acoplaba a todo lo que hacía él». «No como las mujeres de ahora», replica Encarnita, medio en broma medio en serio. «Hacía poco ruido —comenta el padre Pablo—, pero siempre venían juntos, eran un apoyo mutuo». «Él lo decía —apunta Encarnita—, “yo sin Ester…”».

Espiritualmente, comenta el padre Pablo, «tenía totalmente integrada en sí la fe», pero sin rarezas. «Lo vivía con toda normalidad; incluía a Dios en todo y confiaba plenamente en Él». Todo lo encajaba desde su fe. «Son personas que te dan ejemplo en todo momento».

Severiano bosque monja

Misión compartida

Severiano, y tantos otros Severianos que hay en Santa María del Bosque y en tantísimas parroquias de la diócesis, son testimonio de la llamada «misión compartida» que el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, destaca en su carta pastoral para este curso. En ella pone de relieve el papel de los laicos, en su vocación bautismal, en esta Iglesia que camina en Madrid.

Como dice el padre Pablo, «es lo suyo, esa misión compartida, que cada uno encuentre su sitio en esta familia, en esta comunidad, y lo lleve adelante como un servicio, en primer lugar, a la Iglesia, y a la parroquia». Y el padre Tomás añade que «sin los laicos, no funcionaría una parroquia; ahora se reconoce de manera más oficial, pero siempre ha sido así».

Nada que envidiar al belén de Severiano

Tomás, Pablo, Encarnita y Mariví están situados delante del belén y no dejan de comentarlo todo, de observar que los Reyes Magos va cada uno en un animal —camello, caballo y elefante—, y de admirarse por los elementos que se mueven: el molino, el herrero, los pollos que picotean... Reconocen que este no tiene «nada que envidiar al que ponía Severiano».

El montaje de este año ha corrido a cargo de algunos agustinos de la comunidad y de mujeres de la parroquia que recordaban cómo lo ponía Severiano porque lo llegaron a hacer con él en algún momento. Gran parte del diseño lo han mantenido, y también el armazón que utilizaba.

En los últimos años, cuando Severiano estaba ya más imposibilitado, ponía el belén más pequeño y en otro lugar del templo, y él ya solo hacía las tareas más bien directivas. Pero este Adviento ha recuperado su sitio y su esplendor original. «Bien puede ser este un homenaje para él», concluye Marimí.

Severiano bosque belen frente